Dominio avasallador del cine galo, con hasta cuatro propuestas bien distintas, empezando por la comedia No te queda otra, en la que una mujer desbordante de energía conoce a su gran ídolo de la canción francesa, que ya anciano se ha propuesto suicidarse, y siguiendo por el thriller La hija pequeña, en el que un policía se infiltra en una red criminal. También tenemos El arquitecto, que parece querer aprovechar el éxito de The Brutalist, aquí con la historia real del arquitecto que diseñó el Arco de la Defensa de París tras ganar el concurso convocado por Mitterrand, y por último Águilas de El Cairo, otro ejercicio de cine dentro del cine en el que el actor de mayor éxito en Egipto es presionado para rodar una película a instancias de las altas esferas e inicia un romance con la esposa del general que supervisa el film.
Y acabamos en casa, donde tenemos Las locas del obelisco, otra película religiosa centrada en la creadora de la orden de las Trinitarias, que a finales del siglo XIX buscaba dar otra opción a las mujeres que se veían obligadas a prostituirse al llegar a Madrid, y efectivamente, Torrente presidente, con la que Santiago Segura vuelve a la saga que le hizo famoso con hasta cinco entregas entre 1998 y 2014,y que luego aparcó para convertirse en el rey de la comedia familiar con Padre no hay más que uno, que también sumó cinco películas entre 2019 y 2025. Ya con 60 años retoma su personaje más emblemático, pero claro, si esta vez ha demostrado a la perfección que en ocasiones la mejor promoción es precisamente la nula promoción, pues tampoco vamos a hablar de un film que no hace más que estirar una saga que tampoco me interesó nunca lo más mínimo... a excepción de que sirviese para recuperar a lo grande al, mítico con mayúsculas, Tony Leblanc.
Me quedo finalmente con La vida és Verdi, documental sobre cine en estado puro, en concreto la sala en activo más antigua de Barcelona, que este año cumple un siglo.

