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sábado, 2 de diciembre de 2023

La más grande


Iba a repasar los estrenos del fin de semana, pero la actualidad manda, tristemente. No por esperado resulta menos doloroso el fallecimiento este sábado, a sus 84 años, de Concha Velasco, la mejor actriz española de todos los tiempos. Al menos para quien escribe estas líneas, y que venga quien quiera a rebatirlo.

No pudo ser más oportuna À Punt, que precisamente este viernes programó un especial dedicado a repasar la figura de Conchita Velasco, con entrevista a la propia cómica incluida. Durante la misma, en una declaración de humildad, medio bromeaba con que ella no era la más grande, sino Rocío Jurado. Pero sí, centrándonos en la interpretación, la Velasco ha sido la más grande.

Fue una auténtica todoterreno, que como tantas estrellas de su generación, empezó con papeles muy comerciales que la mostraban simplemente como una chica mona en películas como Las chicas de la Cruz Roja (1958) o El día de los enamorados (1959), y por si en La verbena de la paloma (1963), la mejor adaptación de la popular zarzuela, no había quedado claro que cantaba y bailaba tan bien como interpretaba, en Historias de la televisión (1965) cantó una canción que no ha perdido un ápice de popularidad en seis décadas, La chica ye-ye. En la citada entrevista para À Punt Concha reconocía que durante un tiempo renegó de aquella imagen para acabar reivindicando su éxito imperecedero. Y es que la actriz será para siempre esa chica ye-ye...

...pero también mucho más. Porque, ya lo decíamos, como tantos de su generación, tras los 60 llegó la Transición y la oportunidad de triunfar como actriz seria, en films como La colmena (1982), Esquilache (1989), Más allá del jardín (1996) o Yo  me bajo en la próxima, ¿y usted? (1992), en la que asumía el mismo rol que ya había interpretado en la versión teatral de esta obra de Adolfo Marsillach.

Y es que el teatro fue donde quizás la Velasco brilló todavía más, demostrando esa capacidad para dar el máximo en cada papel, ya fuese en clásicos como el Tenorio o Filomena Marturano, en musicales como el celebérrimo Mamá, quiero ser artista, e incluso adaptaciones como el Hello, Dolly! que protagonizara en su momento Barbra Streisand.

Capítulo aparte merece su andadura televisiva, en la que destaca por encima de todo Teresa de Jesús (1984), en la que ofrece el que, tal vez, es su mejor trabajo. En los últimos tiempos la veríamos  en producciones de lujo como Herederos, Gran Hotel o Velvet, sin olvidar aquella versión española de Las chicas de oro junto a nada menos que Lola Herrera, Carmen Maura y Alicia Hermida. O, en su faceta de presentadora, pilotando una de las etapas de Cine de barrio, con lo que cerraba el círculo.

Siempre impecable, y sobre el escenario hasta que la salud se lo permitió, tenía clase hasta cuando hacía anuncios de compresas para pérdidas de orina sin que se le cayeran los anillos. En resumen, una señora con mayúsculas, y una actriz sin la que no se puede entender el cine español, ni nuestro teatro ni nuestra televisión.

La echaremos mucho de menos.

PD: À Punt programó este viernes París-Tombuctú (1999), la última película de Luis García Berlanga, con el que finalmente pudo trabajar Concha Velasco. En un film tan coral como la mayoría del director valenciano, la actriz tenía uno de los papeles principales, donde a sus 60 años interpretaba a una mujer que buscaba de manera desinhibida su propio placer --ganándose el apelativo putón por parte de varios de los personajes masculinos--, protagonizando varias escenas de desnudos con un descaro y naturalidad desbordante, comiéndose la pantalla como siempre. E incluso lucía vestimenta de capitana mora en una filà. Lo dicho. Genio y figura.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Adiós a Lauren Bacall, la gran dama de Hollywood


No hay manera de que los astros de Hollywood abandonen este mundo de uno en uno. Apenas habíamos empezado a llorar a Robin Williams y hoy nos deja Lauren Bacall, la última gran dama del séptimo arte. Con ella se apaga un poco más la luz del Hollywood más brillante y glamuroso, y es que la Bacall era uno de esos mitos que el cine da muy de vez en cuando, o que tal vez solo dio en su época dorada. Aunque para mí, lo mejor es cómo supo sobrevivir a su propia leyenda.

Proveniente del mundo de la moda como tantas otras actrices, su debut en la gran pantalla es de los que quedan para siempre. Rondaba los 20 y se convirtió en la protagonista de Tener y no tener (1944), aquella especie de copia de Casablanca (1942) basada en un relato de Hemingway donde no solo deslumbró al director, Howard Hawks, ganándose un protagonismo que no existía en el guión original, y al público, sino a su compañero de reparto, Humphrey Bogart, rendido ante el irresistible encanto de aquella chiquilla que le enseñó a silbar.

Sus inicios cinematográficos estarían muy ligados a quien se convertiría en su marido, y que luego la dejaría como la gran viuda de Hollywood, suficiente para permanecer en la historia del séptimo arte, y eso que durante una década estaría casada con el también actor Jason Robards. A aquel primer film, mítico pero irregular, le sucederían dos obras maestras, El sueño eterno (1946) y Cayo Largo (1948), y la menos lograda La senda tenebrosa (1947), donde ambos intérpretes darían muestra de su extraordinaria química en pantalla.

Bacall daría el salto al color con la comedia Cómo casarse con un millonario (1953), y como los grandes se mantendría en la brecha hasta el final, dando paso a una segunda etapa, en la que sin su juvenil belleza, supo mantener una extraordinaria elegancia y llevar los años como pocas estrellas de su categoría lo han hecho, mostrándose siempre como la gran dama que fue.

Así aparecía ya en El último pistolero (1976), la gran despedida de John Wayne, aunque tendría que esperar a 1996 para recibir su única nominación a los Oscar, siempre tan ciegos, a la mejor actriz secundaria por el film de Barbra Streisand El amor tiene dos caras. Por supuesto no se lo dieron, ultraje que no repararían hasta 2009, cuando le dieron un Oscar honorífico. Antes ya había recibido el premio Donostia en San Sebastián.

En los últimos tiempos tuvo pequeñas apariciones que la seguían mostrando en plena forma a todos los niveles, en películas como Pret a porter (1994), El celo (1999) o Dogville (2003) de Lars von Trier y su secuela Manderlay (2005).

Adiós a la gran dama.


martes, 12 de agosto de 2014

Adiós, Robin Williams; adiós, mi capitán


Hollywood sigue ahondando su leyenda negra. Hace unos pocos años nos dejaba Heath Ledger, hace unos meses Philip Seymour Hoffman y ahora se nos va Robin Williams. Tres actores dotados de un talento inmenso, pero al parecer mejor preparados para dar vida a los personajes más extraordinarios que para lidiar con la vida real.

Un oscar y cinco globos de oro, ahí es nada, avalan la trayectoria de un actor que pudo haber triunfado mucho antes de lo que lo hizo. A punto de cumplir los 30 le llegó su primera gran oportunidad de la mano de uno de los mejores directores norteamericanos, Robert Altman, dando vida nada menos que a Popeye (1980). Pero la cinta fue un fracaso, así que el debut de Williams en la gran pantalla no tuvo el eco esperado. 

Ello no impidió que un par de años después protagonizase La vida según Garp, adaptación de la novela de John Irving, de nuevo a cargo de otro maestro, George Roy Hill, director de Dos y hombres un destino o El golpe. Esta vez, sin embargo, fueron sus compañeros de reparto John Lithgow y Glenn Close quienes se llevaron la nominación a los Oscar como mejores secundarios.

El actor tendría que aguardar cinco años más para alcanzar el estrellato, gracias a su espectacular actuación en Good morning Vietnam (1987), esta vez a las órdenes de Barry Levinson, y que le proporcionaría su primera nominación al Oscar al mejor actor. Tal vez sea el papel más completo de cuantos interpretase a lo largo de su carrera, y la perfecta muestra de lo que Williams era capaz de dar. Y es que el personaje de un locutor de radio durante la guerra de Vietnam era perfecto para que el intérprete exhibiese sus dotes dramáticas, pero sobre todo el bagaje logrado como monologuista y tanto su extraordinaria vis cómica como su capacidad para imitar al todo Hollywood, que también aprovechó cuando le tocó presentar los Oscar.

Ya convertido en actor de éxito, Williams formaría parte de ese reducido grupo de actores encabezado por Tom Hanks, capaces de desenvolverse tan bien en el drama como en la comedia. En este último apartado protagonizaría taquillazos de lo más sonado como Mrs. Doubtfire (1993), Jumanji (1995), Una jaula de grillos (1996), Flubber (1997) o Patch Adams (1998), otra de esas interpretaciones para las que resultaba el actor ideal.

Si la comedia le convirtió en uno de los preferidos del público, el drama le dio el prestigio, empezando por su siguiente gran bombazo tras Good morning Vietnam y uno de sus papeles más recordados, El club de los poetas muertos (1989), a las órdenes de Peter Weir y junto a unos jovencísimos Ethan Hawke y Robert Sean Leonard. Luego sería capaz de codearse con Robert de Niro en la conmovedora Despertares (1990) y seguir cosechando nominaciones con El rey pescador (1991) de Terry Gilliam o El indomable Will Hunting de Gus Van Sant, que en 1997, casi una década después de Good morning Vietnam, le proporcionaba el Oscar al mejor actor secundario.

Ese año también trabajaría a las órdenes de Woody Allen en Deconstruyendo a Harry, y hasta cierto punto cerraría su etapa más gloriosa, en la que también puso voz al Genio del Aladin (1992) de Disney, dio vida a un maduro Peter Pan en el Hook (1991) de Spielberg, a un niño atrapado en el cuerpo de un hombre en Jack (1996) de Coppola y tuvo uno de sus escasos fracasos en taquilla en la delirante Toys (1992), que volvía a reunirle con Barry Levinson. Capaz de dar vida a los personajes más inverosímiles, cerraría los 90 con films como Más allá de los sueños (1998), Jacob el mentiroso (1999) o El hombre bicentenario (1999).

Pero si en los 90 Williams fue uno de los mayores astros del séptimo arte, su estrella se apagó con el cambio de milenio, lo que le obligó a buscar otros papeles para recuperar el éxito perdido, reinventándose sin resultado como psicópata asesino en films como Retratos de una obsesión (2002) o Insomnia (2002), en la que se enfrentaría al detective encarnado por Pacino en la películas más olvidada de Christopher Nolan, justo entre Memento (2000) y su primer Batman.

En los últimos tiempos apenas destacó por sus breves apariciones en la saga Noche en el museo o poniendo voz en films de animación como Robots (2005) o Happy Feet (2006), volviendo el pasado año a la televisión, el medio donde dio sus primeros pasos, con la serie The crazy ones, comedia en la que junto a Sarah Michelle Gellar interpretaban a un padre y una hija que trabajan en el mundo de la publicidad. La serie fue cancelada el pasado mayo, con lo que el actor sufría un nuevo revés.

Tras su muerte, queda el formidable legado de un actor que sobre todo nos hizo emocionarnos, y del que cualquiera que fuese espectador de cine en los 90 guarda un emotivo recuerdo de alguna de sus caracterizaciones, ya fuese como locutor de radio, profesor, científico chiflado, Peter Pan entrado en años o Genio de la lámpara. Se va un actor irrepetible.


miércoles, 25 de junio de 2014

Eli Wallach: Mucho más que 'el feo'


Sinceramente, pensaba que este día nunca llegaría, que Eli Wallach nos iba a enterrar a todos, pero está visto que nada es eterno.

La foto superior está ahí porque se puede coger de la wikipedia, pero también para dejar claro que Eli Wallach no solo era 'el feo'. Y es que, tanto para los buenos aficionados al séptimo arte como para las generaciones más jóvenes, el papel que le inmortalizó será siempre el del forajido Tuco en la magistral El bueno, el feo y el malo (1966), la culminación de la trilogía de Sergio Leone. Por cierto, en el título original no se decía nada de 'feo', sino que se empleaba el término 'brutto'.

Wallach ya estaba acostumbrado por entonces a ser el malo de la función, sobre todo si se trataba de un western, y ya tenía en su currículum joyas del nivel de Los 7 magníficos (1960) -que evidentemente requerían un adversario a su altura-, Vidas rebeldes (1961) o Lord Jim (1965). Pero Tuco, desde luego mucho más que 'el feo', es uno de esos personajes absolutos que permiten a un actor lucirse a fondo, y eso es lo que hizo Wallach. 

Sin embargo, para mí Wallach siempre será uno de los mafiosos de la tercera entrega de El Padrino (1990), rodada hace casi un cuarto de siglo, y en la que el actor ya aparecía como más que un veterano, en una serie de escenas con Talia Balsam donde ya daba la impresión de que, como decía al principio, nos iba a enterrar a todos.

Y casi lo consigue. Wallach, casi centenario -habría cumplido los 100 en diciembre del próximo año-, se ha mantenido en la brecha hasta el final, encadenando pequeños papeles secundarios, pero siempre dejando muestras de su marcada personalidad. Ahí estuvo en el Two much (1995) de Trueba o el Mystic River (2003) de Eastwood, y ya en los últimos tiempos, reapareciendo una vez más cuando todos le dábamos... por muerto, al menos artísticamente hablando, en El escritor (2010) de Polanski, y muy especialmente en la secuela de Wall Street, con un vigor inusitado a su edad, en otro papel de señor más que maduro... dispuesto a enterrarnos a todos.

En fin, y como no hay manera de que los panteones se abran de uno en uno, nos acabamos de quedar también sin una de las mejores escritoras españolas de todos los tiempos, así con mayúsculas, y desde luego mi preferida, por su obra y su personalidad, Ana María Matute. Decir que es la autora del Señor de los anillos español, Olvidado rey Gudú, es simplificar mucho, pero entre sus páginas seguirá viviendo eternamente esta señora, con todas las letras.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Lawrence, hacia el último horizonte


Día triste, muy triste, el de hoy, en el que nos deja una de las grandes leyendas del séptimo arte, Peter O'Toole, a quien su gran amigo Richard Burton debe estar guardándole ya un sitio en el Olimpo. Grandes camaradas de juerga, y grandes actores los dos, a O'Toole siempre le recordaremos por su interpretación de Lawrence de Arabia en la mítica película de David Lean, una de las cumbres absolutas del cine.

Pero el actor irlandés nos dejó mucho más, aunque ninguna de sus, creo, ocho nominaciones a los Oscar le valiese la estatuilla. En su época dorada nos dejó otras maravillas como Lord Jim (1965) o El león en invierno (1968), soberbio duelo actoral con la más grande -con permiso de Meryl Streep-, es decir, Katharine Hepburn. Ya en los 80 sería recuperado fugazmente por Bertolucci para El último emperador (1987), y a raíz de su pequeño papel en Troya (2004), donde se merendaba con patatas a Brad Pitt, Hollywood volvió a reclamarle para minúsculas intervenciones, como en Stardust (2007), o recitales como el que le valió su última nominación al Oscar al mejor actor por Venus (2006). Tampoco se lo dieron.

Tal vez Paul Newman tuviera los ojos más azules del celuloide, pero nunca brillaron tanto como los de Peter O'Toole en Lawrence de Arabia (1962), donde vivirá para siempre.


Y como las desgracias nunca vienen solas, al irlandés le acompaña hacia el último crepúsculo Joan Fontaine, que, francamente, nunca dejó de ser una actriz de segunda fila. Hollywood nunca ha estado demasiado fino, y no le dio el Oscar por Rebeca (1940), sino por su vulgar e inmediato remake, Sospecha (1941), de nuevo a las órdenes de Hitchcock. Para que luego se critique la actual fiebre de los remakes y segundas partes...

Para rematar, también nos deja Lolita Sevilla. Reconozco que apenas sé nada sobre ella, pero como a todos, nunca se me olvidarán sus escenas en Bienvenido Mr. Marshall (1952), tal vez la mejor película del cine español. Así que todos a cantar: Americanos...

viernes, 8 de noviembre de 2013

La gran dama valenciana del cine español



Como las desgracias nunca vienen solas, la misma semana en la que los valencianos estamos sufriendo el terremoto provocado por el cierre (o en ello está el PPCV) de Canal 9 (y no comento más porque esta señora me merece un respeto enorme), nos llega la triste noticia del fallecimiento la pasada noche de Amparo Rivelles, muy posiblemente la mejor actriz valenciana de todos los tiempos, y una de las grandes damas de la escena española.

De Amparito Rivelles a doña Amparo Rivelles, su extensa carrera empezó convirtiéndose pronto en la estrella de Cifesa, aquella productora valenciana de la posguerra que imitó el modelo de producción hollywoodiense, para la que protagonizó multitud de películas como Eloísa está debajo de un almendro, Malvaloca o, sobre todo, El clavo, mostrando una arrebatadora belleza juvenil.

No abandonó el teatro, y tras filmar en España Mr. Arkadin (1955), a las órdenes de Orson Welles, se embarca para México, donde sería una de las reinas del culebrón durante 20 años. Su siguiente etapa volvería a traerla a nuestro país, para seguir alternando cine y teatro, convertida ahora en una madura intérprete cuyo talento se encontraba en plenitud. 

Así le llegaría en 1986 el Goya a la mejor actriz por Hay que deshacer la casa, y también dejaría huella en la televisión, primero con su participación en Los gozos y las sombras (1982), pero sobre todo por su extraordinario papel en La Regenta (1995), donde mostró todas las tablas aprendidas durante una vida entera dedicada a la actuación.

Perteneciente a una gran saga familiar de actores, hija de Rafael Rivelles y María Fernanda Ladrón de Guevara, y hermana de Carlos Larrañaga, supo además preservar su vida privada, y no exhibirla a los cuatro vientos como han acabado haciendo muchas compañeras de profesión de su generación.

Para mí siempre será, obviamente, la jovencita de El clavo, y la señora de La Regenta.

jueves, 9 de mayo de 2013

Alfredo Landa: Se va mucho más que el landismo


Desde su debut cinematográfico en Atraco a las 3 (1962) hasta sus últimas colaboraciones con José Luis Garci, como Luz de domingo (2007), Alfredo Landa supo labrarse a lo largo de más de un centenar de películas una de las carreras actorales más sólidas y versátiles de nuestro país. 

Tras unos inicios vinculados a la comedia, el cine del destape de los 70 le haría tan popular que acabaría acuñándose el término landismo para referirse a aquellas películas repletas de extranjeras en bikini, y que sirven para hacer una radiografía de cómo era o quería ser la España de la época.

A diferencia de otros compañeros de profesión, Landa logró superar aquella imagen y ganar prestigio con trabajos más 'serios' en los 80, aunque nunca se quitaría por completo la sombra del landismo, que él llevaba a mucha honra.

También prolongaría su éxito en la pequeña pantalla, con series como Lleno, por favor, concebidas para su lucimiento, o breves apariciones, como las que protagonizó en Los Serrano.


Su mejor interpretación será siempre, para todos, Los santos inocentes (1984), junto a su inseparable Paco Rabal, en un papel tan alejado como pueda imaginarse del landismo. Aunque para mí siempre será el bandido Fendetestas de El bosque animado (1987), uno de esos papeles que permiten el lucimiento total de quien, como el norteamericano Jack Lemmon, por bien que pueda actuar cuando se pone 'serio', siempre llega más al corazón cuando saca el comediante que lleva dentro.

Y no me olvido de Tristeza de amor (1986), extraordinaria serie de tv, en la que interpretaba a un locutor de radio, eterno perdedor, de la que guardo un recuerdo imborrable. Toda una lección.

Descanse en paz.

lunes, 4 de marzo de 2013

Pepe Sancho, un estudiante en el Crematorio

Este domingo nos dejaba Pepe Sancho, uno de los mejores actores españoles, y en este caso, auténtico símbolo de la profesión en la Comunitat Valenciana. Ganador de un Goya al mejor actor secundario por Carne trémula (1997) de Almodóvar, no fue precisamente el cine donde mostró de una manera habitual su extraordinaria capacidad interpretativa, ya que son contados sus papeles en la gran pantalla.

En cambio, la televisión le dio la popularidad, convirtiéndolo en una cara familiar para todo el país. A ella se asomó en sus primeros tiempos como el Estudiante de Curro Jiménez (1977-78), que le convirtió en uno de los galanes del momento. Más famoso durante años por su matrimonio con la cantante María Jiménez, y por su fuerte personalidad, poco amigo de las medias tintas, Almodóvar le recuperaría para el gran público, aunque fue de nuevo en televisión donde más trabajó, dando vida a personajes tan memorables como el Don Pablo de Cuéntame cómo pasó (2001-08), las biografías de Sorolla o el cardenal Tarancón, y su último gran papel, el del constructor Rubén Bertomeu en Crematorio (2011), una auténtica lección interpretativa.

Sin embargo, el mejor Pepe Sancho hubo que buscarlo en los teatros, donde realmente se apreciaba que era un actor de raza, de los que lo dan todo por su personaje, desbordando carisma en cada actuación. Memorias de Adriano, Los intereses creados o Los cuernos de don Friolera, son solo algunas de las obras donde dejó su huella más memorable.

La escena española, y sobre todo valenciana, queda hoy un poco más vacía.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Tony Leblanc, adiós al galán que siempre hacía reír


En los últimos años he observado que parece haber una especie de ley no escrita, según la cual, cuando muere un cantante, actor o artista famoso, por desgracia le siguen varios compañeros. Y fatídicamente esta semana hemos tenido una nueva muestra de ello. El viernes fallecía el director de cine español José Luis Borau, y al otro lado del charco tocaba despedir al mítico J. R. de Dallas, Larry Hagman. Y sin capacidad de reacción, esta tarde nos ha dejado Tony Leblanc, y eso son palabras mayores.

Porque hablamos de alguien que ha sido auténtica historia del cine y del teatro español, galán con una vis cómica que le hizo ganarse el cariño de todos, y al que solo un accidente de tráfico pudo apartar de los escenarios. Por fortuna en los últimos años vino a rescatarle Santiago Segura, al que siempre habrá que agradecerle que le convirtiese en el padre de Torrente, luego en su tío, en su abuela... y así hasta hacerle imprescindible en la saga, donde aportó todo su desparpajo, y de paso pudo llevarse a casa el Goya que se había ganado hace décadas, cuando estos premios ni siquiera existían.



El cine español pierde a uno de sus nombres míticos y el firmamento gana una estrella.

PD: Y como véis aquí abajo, genio y figura hasta el final. Este es su último trabajo, con 90 años cumplidos. Un anuncio que se emitió hace poco, y en el que volvía a hacer gala de su talento y humanidad.

viernes, 31 de agosto de 2012

Carlos Larrañaga, nos deja el gran galán

No sé si a su pesar o no, probablemente lo último, Carlos Larrañaga siempre tuvo que llevar el sanbenito de galán del cine español. Lo cierto es que el actor, que nos dejaba ayer tras una larga enfermedad, es indudablemente historia viva de dicha profesión. Miembro de una histórica saga de actores (Amparo Rivelles, Amparo Larrañaga...), debutó en la gran pantalla siendo un niño, aunque fue la televisión la que acabó convirtiéndolo en un rostro conocido para todos, primero con su papel de joven cacique en Los ozos y las sombras, y después con el de golfo de buen corazón de Farmacia de guardia, tal vez su mejor papel, y desde luego el más popular.

Más noticia en los últimos años en la prensa del corazón que en las informaciones sobre cine, aún le tuvimos en buena forma en películas como Luz de domingo, de Garci, bordando de nuevo el papel de cacique con esa chulería que al parecer también se gastaba en la vida real, o en la tardía secuela de Farmacia de guardia que volvió a reunir a la mayor parte del reparto original no hace mucho. Descanse en paz.

Y doble post el de hoy, con los estrenos, de medio pelo de esta semana, con americanadas como Abraham Lincoln, cazador de vampiros (me abstengo de cualquier comentario porque no quiero desbarrar...), o Desmadre de padre, la última mamarrachada de Adam Sandler, cuyo éxito nunca he entendido.

Así que el estreno de la semana no es otro que Tadeo Jones (qué floja está la cosa), cinta de animación española que sigue tratando de explotar el filón del famoso aventurero en clave de comedia, y con Michelle Jenner doblando a la protagonista femenina.


lunes, 20 de agosto de 2012

Adiós al menor de los Scott


Lo que son las cosas. Tenía previsto hablar hoy de la última película de Ridley Scott, y en lugar de ello tenemos que lamentar el fallecimiento de su hermano, el también cineasta Tony Scott, que nos ha cogido a todos por sorpresa. Y es que  al parecer el menor de los Scott se ha suicidado tirándose desde un puente, sin que hasta ahora hayan trascendido los posibles motivos.

Tony siempre estuvo a la sombra de su hermano, quien, con etapas más o menos fructíferas, puede presumir de haber dirigido unos cuantos títulos mayores, como las míticas Alien y Blade Runner, o las más recientes Gladiator y El Reino de los Cielos, sin olvidarnos de Thelma y Louise. Ridley siempre gustó más a los críticos, que le achacaban a Tony, con bastante razón por otra parte, su tendencia al montaje videoclipero, consecuencia de sus inicios cinematográficos.

Tras la cinta de culto El ansia, supongo que para muchos su mejor film, Top Gun fue su primer taquillazo, al que siguieron la segunda entrega de Superdetective en Hollywood o Días del trueno, de nuevo con Cruise. Marea roja supondría su primer trabajo con Denzel Washington, con el que repitió en Man on fire, posiblemente su mejor trabajo conjunto, y en las tres últimas cintas de Scott, incluyendo el mediocre remake de Pelham 1,2,3. 

En mi caso, creo que me quedo con la sólida Spy game, un duelo de titanes entre Robert Redford y Brad Pitt, en la que el primero se comía al segundo con patatas mientras se sucedían las misiones de espionaje en todo el mundo, en una eficaz muestra del mejor cine de acción, con ciertas dosis de drama.

Descanse en paz.

lunes, 9 de julio de 2012

Adiós al bueno de Marty, adiós a Ernest Borgnine


El firmamento de la era dorada de Hollywood se va quedando cada vez más vacío. Nos acabamos de quedar sin otra de las grandes estrellas de todos los tiempos. Tal vez no fuese un galán, el hombre más apuesto de la pantalla, pero Ernest Borgnine supo ganarse el corazón del espectador, y eso que lo más habitual era verle en papeles de tipo duro, pero siempre con un punto irónico y bonachón.

Tocó el cielo en 1955, con el Oscar al mejor actor por 'Marty', film que reconozco no haber visto todavía, pero que es un perfecto símbolo de su época, de aquellas pequeñas películas en blanco y negro realizadas con maestría por artesano procedentes de la televisión, donde el propio Borgnine supo seguir llegando al espectador tras haber dejado huella imborrable en títulos como 'De aquí a la eternidad', 'Los vikingos' o 'Conspiración de silencio'. Eso sí, en 'Marty' encontramos su versión más tierna y humana.

Por supuesto, me quedo con su interpretación inolvidable en la soberbia 'Grupo Salvaje' de Peckinpah, una de mis películas favoritas de todos los tiempos. Brutal.



Por cierto, no solo apareció en 'Los Simpson', sino que en los últimos tiempos prestó voz a un montón de dibujo animados, incluyendo al personaje Tritón de 'Bob Esponja'. Quien lo hubiera dicho de un tipo duro como él...

domingo, 24 de junio de 2012

Se nos fue 'El Chepa'


Día triste el pasado viernes para el cine español. Nos ha dejado Juan Luis Galiardo, que, tal como le ocurriera al gran Paco Rabal, empezó de galán y acabó como actor de carácter, aunque a Galiardo le costara un poco más culminar ese proceso y ganarse el reconocimiento del público.

De su trayectoria cinematográfica me quedo con su papel secundario en la asombrosa 'Madregilda' (1993), donde participaba en unas partidas de cartas surrealistas con el Generalísimo, encarnado por un extraordinario Juan Echanove. En el teatro, siempre le recordaré como el quinquillero 'y a mucha honra' de 'La taberna fantástica', mano a mano con 'El Brujo', en una obra irrepetible.

Pero para mí, Galiardo siempre será 'El Chepa', ese abogado ya de vuelta de todo, o no tanto, que protagonizó la mítica serie 'Turno de oficio' (1986), de cuando solo estaba TVE, y que sirvió para descubrir el talento de un joven Echanove. Ambos, junto a Carmen Elías, formaron un trío de togados que siempre quedará en nuestra memoria, como la sonrisa medio pícara, medio descreída, de Galiardo.



PD: No iría mal una versión actualizada de 'Turno de oficio', ambientada en esta España de la corrupción, seguro que a los guionistas no les faltaban ideas...

domingo, 11 de marzo de 2012

Adiós al padre de Blueberry y John Difool


Nos dejaba ayer el francés Jean Giraud, más conocido como Moebius, uno de los mejores autores de historieta europeos, un auténtico gigante cuya influencia en el cómic es incalculable. Su extraordinaria carrera se dividió en dos líneas bien definidas: firmaba con su propio nombre (o el más breve Gir) los álbumes en los que, ya fuese como dibujante o artista completo, abordaba historias de corte realista, como el interminable y magnífico western protagonizado por Blueberry, que empezó a dibujar con guiones de Jean-Michel Charlier, y en la que tras el fallecimiento de este último acabaría asumiendo el guión. Y cuando, habitualmente como autor completo, creaba espectaculares fantasías de ciencia ficción, como la mítica 'El incal', firmaba como Moebius.

Tanto las aventuras del vaquero como las andanzas galácticas de John Difool (aquí con guión de Jodorowsky) han sido disfrutadas por miles de lectores en todo el mundo y han influido a incontables autores, por lo que el noveno arte queda huérfano de uno de sus artistas más portentosos, cuyo arte también se transmitió al celuloide, no en vano 'El incal' influyó notablemente en 'El quinto elemento' y los diseños de Giraud fueron utilizados en films como 'Alien', 'Abyss', el primer 'Tron' o la saga 'Star Wars'.

Reconozco que apenas he leído su obra, de la que solo he disfrutado los tres primeros álbumes de 'Blueberry', en los que su arte aún estaba lejos de su mejor época, pero junto a Charlier ofrecía ya un perfecto manual de lo que debe ser un western. Y algunos de los últimos álbumes de la serie, como 'Gerónimo el apache' o 'OK Corral', tienen una pinta sencillamente apabullante. El mejor homenaje que podéis hacerle es leerlo.

miércoles, 3 de agosto de 2011

José Sanchis deja huérfano a Pumby

Los fans de los cómics, o mejor, los tebeos, estamos hoy un poco tristes. Nos ha dejado alguien a quien debemos muchas sonrisas y carcajadas, José Sanchis Grau, conocido sobre todo por su creación más emblemática, el gato Pumby.

Este personaje surgió en aquella época en la que en España aún no se había introducido el cómic norteamericano, y mucho menos el manga japonés, y Edival, o Editorial Valenciana, competía con Bruguera a la hora de poblar los sueños de los niños de la época con todo tipo de personajes entrañables.

Pumby, nacido en 1954 en las páginas de la mítica 'Jaimito', contaría de inmediato con serie propia y mil reediciones (incluso protagonizó en 1993 una historia de la Comunidad Valenciana). Era un gato de trazo limpio, con enormes ojos y cascabel, que vivía mil y una aventuras. Podríamos citar la influencia de Flash Gordon, no en vano le solían acompañar en sus aventuras Blanquita y el profesor Chivete (una cabra), que recordaban poderosamente a Dale Arden y el profesor Zarkov. También compartía con el Capitán Trueno las ganas de vivir aventuras, acabar con los tiranos y defender al débil, aunque sus andanzas tenían un toque más fantástico. En ellas viajaba a mundos imposibles, países mágicos en los que podía pasar cualquier cosa, a menudo con tintes surrealistas, y con frecuencia homenajeaba las grandes obras de la literatura, digamos juvenil, y en especial a Julio Verne. Sanchis hasta se dio cuenta de lo que se avecinaba y a veces convertía al simpático gatito en Superpumby con un simple zumo de naranja.

Pumby supuso todo un soplo de aire fresco para la época, con su inocencia y fantasía, y fue uno de los primeros personajes que me hicieron amar los tebeos. De hecho, el de la portada de arriba igual lo tengo todavía por ahí metido en una caja. Voy a ver si lo encuentro...

PD: José Sanchis también fue un pionero a la hora de reclamar los derechos por los personajes de su creación, a menudo retenidos por las grandes editoriales. En su caso fue en 1998, a raíz de la adaptación cinematográfica de Pumby, cuando litigó por sus derechos hasta que le dieron la razón. Se nos ha ido un maestro del cómic valenciano.

PD2: Ahora que caigo, hay otro personaje de Sanchis del que también leí unos cuantos números de pequeño, su versión de Mazinger-Z, que en cierto modo le convirtió también en pionero del manga a la española.

domingo, 26 de junio de 2011

Y la señora Colombo enviudó

Los malos lo están celebrando. Desde hace un par de días las fuerzas del orden cuentan con un agente menos, el detective Colombo. Pero Peter Falk fue mucho más que ese inolvidable detective, una de las estrellas televisivas en una época en la que en España solo teníamos un canal, y el UHF, claro.

Porque Peter Falk llegó a estar nominado dos veces al Oscar al Mejor Actor secundario, la primera (como una premonición de su futuro televisivo), por 'El sindicato del crimen' (1960), y la segunda, al año siguiente, por su inolvidable papel en 'Un gángster para un milagro' (1961) de Capra.

También fue el fiel escudero de Jack Lemmon en aquella loca 'La carrera del siglo' (1965) de Blake Edwards, y uno de los detectives (no recuerdo bien si interpretando a Colombo o un personaje similar) de la divertidísima 'Un cadáver a los postres' (1975), esta vez en pleno éxito de 'Colombo', que le reportó cuatro Emmys al mejor actor.

Los más jóvenes (bueno, ya no tanto), lo recordarán como el abuelo que le cuenta a su nieto el cuento 'La princesa prometida' (1987), y uno de sus últimos papeles memorables fue en 'The Sunshine Boys' (1995) (odio el título español, 'La pareja chiflada'), una magnífica adaptación de otra comedia de Neil Simon (sí, el de 'La extraña pareja'), en un fantástico duelo interpretativo con Woody Allen.

Adiós a un entrañable actor que, sobre todo, nos hizo pasar muy buenos momentos, ya fuese riéndonos o tratando de descubrir quién era el asesino.

Ah, y este domingo hay maratón de 'Colombo' en Nitro a partir de las 15:15 horas. Un buen homenaje.


domingo, 10 de abril de 2011

Cae el telón del Hollywood más judicial


Abrir una filmografía con 'Doce hombres sin piedad' y cerrarla con 'Antes que el diablo sepa que has muerto' medio siglo después está al alcance de muy pocos. Este sábado recibíamos una pésima noticia: no habrá más películas de Sidney Lumet, uno de los mejores directores de la historia del cine, que además ha estado al pie del cañón hasta el último momento, despidiéndose con una obra maestra. Tal como empezó.

Lumet es uno de esos directores que desembarcaron en Hollywood entre los 50 y 60 procedentes de la televisión. Su debut no pudo ser más prometedor: en 'Doce hombres sin piedad' (1957), un perfecto ejemplo de teatro en el cine, dirigía a uno de los mejores repartos que se hayan visto en la gran pantalla, encabezado por Henry Fonda, y demostraba un formidable pulso narrativo. Cayeron entonces las primeras nominaciones a los Oscar, pero no sería hasta principios de los 70 cuando arrancaría su mejor época.

Un periodo en el que formaría un magnífico tándem con Al Pacino, proporcionándole dos de sus mejores papeles en 'Serpico' (1973) y 'Tarde de perros' (1975). Al igual que su exitoso debut, Lumet volvería a tocar en estas películas sus temas predilectos, la policía y la justicia, que volverían a estar presentes en otras de sus mejores obras de las décadas siguientes. Así, entraría en los 80 con el thriller 'El príncipe de la ciudad' (1981), otro formidable policiaco, y 'Veredicto final' (1982), otro magnífico ejemplo de cine judicial con Paul Newman en estado de gracia.

Tras patinar con la comedia de ladrones 'Negocios de familia' (1989) (que reunía a Sean Connery, Dustin Hoffman y Matthew Broderick), encadenaría dos obras menores con protagonista femenina y sus temas habituales, 'Una extraña entre nosotros' (1992) (una suerte de 'Único testigo' con Melanie Griffith) y 'El abogado del diablo' (1993), con Rebecca de Mornay, menos inspiradas que la anterior 'A la mañana siguiente' (1986), con gran papel para Jane Fonda.

Su recuperación llegaría con 'La noche cae sobre Manhattan' (1997), otro espectacular thriller policiaco-judicial con Andy García en plena forma, para entregar sus dos últimos filmes en los años 2006 y 2007. Primero fue 'Declaradme culpable', otra de juicios con grandes dosis de comedia en la que fue capaz de convertir en actor a Vin Diesel, y por último 'Antes que el diablo sepa que has muerto', en la que dirigió a Albert Finney, Ethan Hawke y Philip Seymour Hoffman dando muestras de no haber perdido ni un ápice de su maestría.

Lumet también tocó otros temas con gran acierto, sobre todo en los 70, su década prodigiosa, en la que convirtió a Finney en Poirot en 'Asesinato en el Orient Express' (2974), y dirigió otras obras de primer nivel como 'Network' (1976) sobre la televisión, o la adaptación de la obra teatral 'Equus' (1977) con Richard Burton.

Como tantos otros, recibió el reconocimiento de Hollywood de manera tardía, con un Oscar Honorífico en 2004 después de haber sido nominado en cinco ocasiones al Mejor Director. A diferencia de tantos otros, sus últimos filmes no desmerecían de su mejor época, por eso es más triste saber que no volveremos a ver ningún trailer de una nueva película dirigida por Sidney Lumet. Aquí tenéis el de la última.



miércoles, 23 de marzo de 2011

Ya no hay ninguna gata sobre el tejado de zinc

El Hollywood dorado sigue desvaneciéndose, apagándose estrella a estrella. Hoy nos ha dejado Elizabeth Taylor, uno de los mayores astros que quedaban en el firmamento femenino, una de las últimas grandes de verdad. Puede que hace ya años, tal vez demasiados, que no era lo que llegó a ser, pero siempre la recordaremos como una de las mayores bellezas de Hollywood, uno de esos ejemplos que demuestran que la hermosura no está reñida con la capacidad de actuar. Inolvidable en ‘Cleopatra’, pero también en ‘¿Quién teme a Virginia Woolf?’, ‘Un lugar en el sol’ y tantas otras.

Tal vez uno de los motivos de la extraordinaria popularidad de Elizabeth Taylor es que el público asistió a toda su carrera desde que no era más que una niña. La Taylor fue uno de los pocos casos en los que una niña prodigio crece para convertirse en actriz de talla. Desde aquellas películas de ‘Lassie’ con su inseparable Roddy Mcdowall, con quien también coincidiría en el esplendor de ‘Cleopatra’, a aquellas actuaciones juveniles en la saga ‘El padre de la novia’.

Y supongo que para mí siempre será Maggie, la Gata sobre un tejado de zinc caliente, peleando con todas sus armas por el amor de Brick. Un papel en el que todas sus dotes interpretativas brillaron como nunca, como si fuera un personaje creado para ella.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Ya no desayunaremos en Tiffany's

No sé si ya lo he dicho alguna vez, pero es lo que tienen los fallecimientos de famosos, que no suelen venir de uno en uno. Aún tenemos en la memoria a Berlanga y a Leslie Nielsen, y ahora se nos va otro de los grandes, otro que también nos ha hecho reír durante años, Blake Edwards.

Hablamos de uno de los grandes de la comedia norteamericana, aunque también tiene en su haber algún que otro drama de primer orden como ‘Días de vino y rosas’, con uno de sus actores talismán, Jack Lemmon. Y entre ambos géneros, combinando drama y comedia sofisticada como sólo él podía hacerlo, esa maravillosa joya que es ‘Desayuno con diamantes’, su primera gran obra. Luego vendrían otros divertimentos colosales, como ‘La gran carrera del siglo’ y ‘El guateque’ (con su actor fetiche por excelencia, Peter Sellers), aunque todos acabaremos recordándolo por la saga de ‘La pantera rosa’.

El musical ‘Victor o Victoria’, protagonizado por su mujer, Julie Andrews, sería una de sus últimas cumbres, junto con el descubrimiento de Dudley Moore en ‘10, la mujer perfecta’ (sí, vale, también descubrió a Bo Derek) y ‘Micki y Maude’. Todo eso fue antes de que, como tantos otros genios, languideciese en su última etapa, en la que, por citar algo, dirigió a Bruce Willis en las comedias ‘Cita a ciegas’, junto a Kim Basinger y ‘Asesinato en Beverly Hills’, además de estirar demasiado el filón del inspector Clouseau. Por cierto, también como a tantos otros genios, los Oscar sólo lo reconocieron con un galardón honorífico en 2004.

En fin, nunca olvidaremos que dirigió esta maravilla:


lunes, 29 de noviembre de 2010

Hollywood pierde su sonrisa

Por desgracia la sección 'in memoriam' está creciendo demasiado deprisa. Este domingo se apagó una de las mejores sonrisas de Hollywood, la del cómico Leslie Nielsen. La carrera cinematográfica de este actor canadiense es una buena muestra de las vueltas que da la vida. Galán en sus inicios (ahí está esa pequeña joya de la ciencia ficción que es 'Planeta prohibido' (1956)), ya casi nadie se acordaba de él cuando interpretó a aquel inolvidable doctor en la imprescindible 'Aterriza como puedas' (1980), que inauguró junto con 'Top secret' un nuevo género de comedias, en el que Leslie Nielsen se convirtió en rey.

La trilogía 'Agárralo como puedas' quedará como su mayor legado, y aunque es cierto que los títulos siguientes en los que apareció Nielsen fueron bastante flojos -por decir algo-, su profesionalidad y simpatía siempre quedaron patentes. Porque, a ver, ¿quién no se ha reído alguna vez viendo a este hombre en la pantalla? Y no hay que olvidar que una de sus últimas participaciones tuvo lugar en la española 'Spanish movie', donde lo mejor fue su encuentro con nuestro Chiquito de la Calzada... impagable.

Sin Nielsen, el cine se queda un poco más triste, y como las desgracias nunca vienen solas, este lunes también nos quedamos sin Irvin Kershner, director que nos dejó varias secuelas como 'El regreso de un hombre llamado Caballo' o 'Robocop 2', pero sobre todo la segunda parte de la saga cósmica más famosa de todos los tiempos, 'El imperio contraataca'.