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miércoles, 2 de octubre de 2013

Los espejos deformantes de Gotye


El disco que descubrió a Gotye al gran público demuestra algo que suele ser bastante habitual en la música, y es que menos es más. El estilo del cantante se caracteriza por acumular efectos de sonido y experimentar, buscando resultados originales. Sin embargo, cuanto más simple se muestra en su propuesta, cuanto más desnuda su sonido, es cuando más da en el clavo.

Curiosamente los cinco primeros temas de Making mirrors (2011) van in crescendo en su duración, de uno a cinco minutos, y también en calidad. El primer tema, precisamente el que da título al disco, es un mero prólogo experimental de un minuto, con más música que otra cosa. En el segundo se multiplican los efectos y los experimentos, pero sin lograr nada. Solo en el tercero despega el disco, encadenando dos joyas. Primero Eyes wide open, más espectacular y épico, y después esa impresionante balada que es Somebody that I used to know, con la impagable colaboración de la neozelandesa Kimbra, por mucho que finalmente reconociese haber copiado el tema.




Tras estos dos temazos, en los que Gotye recuerda, y mucho, al mejor Peter Gabriel, vuelve a naufragar en Smoke and mirrors, el tema más extenso del álbum, donde de nuevo acumula constantes efectos que se quedan en pura pirotecnia.

Nada que ver con I feel better, cambio total de registro para mostrarse más, digamos, crooner años 50 recurriendo a instrumentación de viento, y volviendo a acertar de pleno. Un estado de gracia que se prolonga brevemente con In your light, igualmente luminosa, antes de que Gotye vuelva a la experimentación y con ello el disco baje notablemente. Primero con State of the art, más de cinco minutos con distorsiones vocales, creando cierta atmósfera divertida, pero sin ser nada del otro mundo, y luego con la mucho más floja Don’t worry we’ll be watching you, prácticamente tres minutos de música que no hay por donde coger.

Y para cerrar Making Mirrors, Gotye vuelve a la sencillez. Giving me a chance es la otra balada del disco, aunque sin llegar al nivel de Somebody…, mientras que Save me cierra el disco en lo que parece una continuación del otro gran tema de este trabajo, Eyes wide open, de nuevo con protagonismo absoluto para la percusión.

En resumen, Gotye muestra hasta cuatro caras bien distintas en un trabajo más que irregular, en el que no esperéis encontrar nada que se asemeje a Somebody…: baladas desnudas (Somebody… y Giving…), épica espectacular (Eyes wide open y Save me), pop rock clásico desenfadado (I feel better e In your light) y experimentación sin rumbo, donde apenas se salva State of the art, el tema más trabajado.


domingo, 12 de agosto de 2012

Duffy no es Adele, ni falta que le hace



Antes de que apareciera Adele, Duffy fue la única capaz de plantarle cara a AmyWinehouse y discutirle su reinado, sobre todo a raíz de lograr un hitazo como Mercy. Hay que reconocer que su debut, Rockferry, es una delicia, aunque no llega a las cotas de magia pura de sus dos rivales, y es que, por decirlo de algún modo, en comparación con ellas, Duffy es más una estrella de andar por casa, sin que ello suponga restarle ningún mérito.

Duffy no tiene el chorro de voz de Adele ni aborda unas canciones tan poderosas, pero os encantará si adoráis el soul norteamericano de los 50, al que remite cada uno de sus temas, con un sonido propio muy definido, marcado por su voz de caramelo.

En Rockferry sobresale Mercy, el tema más potente del disco, muy movido para lo que es habitual en la cantante, que muestra aquí un carácter que cuesta más encontrar en otros temas más suaves. Carácter que también encontramos en la soberbia Stepping Stone o en esa preciosa balada que es I’m scared.


Tampoco hay que perder de vista el tema que da título al disco, Rockferry, nostálgico y evocador, o el impecable cierre del mismo, la espectacular Distant dreamer. Sin olvidar canciones como Warwick Avenue o la juguetona Serious, en todos los cuales se luce la galesa.

Rockferry también tuvo su versión deluxe, con nada menos que siete temas más. Aquí encontramos a una Duffy más bailable, como en la soberbia Rain on your parade o Stop, pero también a su versión más dulce, con la breve pero preciosa Oh boy y una de sus mejores canciones, Breaking my own heart.

Puede que Duffy haya quedado a la sombra de Amy Winehouse y Adele, que, realmente, parecen jugar en otra liga. Pero pasando de comparaciones, la galesa es una de las últimas joyas de la música inglesa y su disco debut se disfruta en cada escucha.

domingo, 15 de abril de 2012

Coldplay tira con salvas de fogueo


Mal van las cosas cuando el mejor tema del último disco de Coldplay lo es gracias a Rihanna. El grupo de Chris Martin continúa en caída libre (y ahora sin frenos) en 'Mylo Xyloto', su quinto álbum de estudio, en el que acentúan el bajón que ya supuso el anterior 'Viva la vida' tras el que para mí es su auténtica obra maestra y el más redondo de sus discos, 'X e Y', sencillamente impecable.

No sé si la culpa de todo esto es de Brian Eno, pero lo cierto es que el ex Roxy Music ya logró que el último disco de U2, 'No line on the horizon' fuese es el más anodino de los irlandeses, y al parecer también contribuyó a que 'Viva la vida' no estuviese a la altura de lo esperado, aunque tenía bastantes temas notables. Sin embargo, también empezaron algunas constantes como esos temas instrumentales de medio minuto que no dejan de ser breves introducciones a otros temas, de manera que, por lo que respecta a 'Mylo Xyloto', no tenemos 14 sino 11 canciones.

En su último trabajo, Coldplay da rienda suelta a su grandilocuencia y barroquismo, con momentos espectaculares en cuanto a sonido, que sin embargo no ocultan en absoluto la vacuidad de su nueva propuesta: no hay nada bajo la fanfarria. Y encima se les ve demasiado el plumero, lo artificial de esas canciones, con estructuras construidas como un mecano mal ensamblado: unos coros por aquí, unos teclados por allá, algunos efectos, el ya manido recurso de un fragmento de balada suave para luego acometer una estrofa de sonido atronador... todo ya demasiado rutinario, por mucho que ellos crean que son originales (Pink Floyd y Genesis deben estar descojonándose...), y carente de armonía y equilibrio, imprescindibles en una buena canción.



Volviendo al principio, 'Princess of China' es de lo poco realmente (o casi) logrado, gracias especialmente a Rihanna, que algún día encontrará un estilista al que no se le haya ido la cabeza, pero desde luego canta bastante mejor que Chris Martin, a quien aún le falta bastante para llegar al nivel de Bono o Michael Stipe. Por lo visto la cancioncita de marras fue compuesta por Martin para Rihanna, pero al final prefirió quedársela, invitando a la de Barbados a colaborar en el disco.

Los otros grandes temas, aunque desde luego sin llegar a un 'Yellow', 'Clocks' o 'The scientist', son 'Every teardrop is a waterfall', sobre todo 'Paradise' (sí, al menos han estado bastante acertados en la elección de sencillos), y si me apuran, 'Up with the birds'. El resto, fanfarria intrascendente, excepto las tres baladas: 'Us against the world' es el ya clásico tema de fogata de boyscouts, 'UFO' está bastante más lograda, y 'Up in flames' es la mejor, aunque aquí se echa en falta mayor extensión y variedad.

O Coldplay se deja de tonterías y recupera el excelente pulso y creatividad de 'X e Y', o lo de que aspiran a ocupar el lugar de U2 y los ya retirados REM como gran banda planetaria... está bastante verde.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Adele, voz de diamante


Calidad. A menudo, sobre todo cuanto uno ha visto ya tantas películas, escuchado tantos discos o leído tantos libros (y aún así apenas ha llegado a una minúscula parte de todo lo filmado, cantado o publicado), uno se pregunta qué es realmente bueno, qué tiene calidad en mayúsculas. Uno se cuestiona, y más en tiempos de mediocridad generalizada, si lo que le parece bueno lo es de verdad, o si dentro de un par de años le seguirá pareciendo que vale la pena dedicarle unas horas.

Pero entonces llega esa película, ese libro, ese disco tan especial, y de pronto, sin sombra de duda, sabes que es bueno, sin matices, con total seguridad, de manera incuestionable: es bueno, y punto. Y eso es lo que pasa con el segundo trabajo de Adele, '21' (2011). Ya se sabe que, 'muerto el rey, viva el rey', así que no ha estado vacante demasiado tiempo el trono dejado por la malograda Amy Winehouse. Adele es otra blanca con voz de negra, que domina el soul y el blues como nadie. Ya empezó a darse a conocer en 2008 con su primer álbum, '19', pero ha sido el siguiente el que la ha convertido en toda una estrella.

Y no es para menos. Como dije al principio, '21' es lo que se dice, sin peros, una obra maestra. Del principio al final, Adele encadena una joya tras otra, temazo tras temazo (y además siendo coautora de la mayoría de ellos), de manera que se hace muy difícil elegir unos temas por encima de otros. La inglesa conquista al oyente por completo con una voz y un sonido que te hacen viajar al pasado, a las salas de fiesta de los 50, a una película de gangsters de Scorsese, a la época en la que importaba más la pureza de la música que el look del artista.



En mi caso, creo que prefiero a Adele en su versión más espectacular, cuando se suelta la melena y lanza todo su chorro de voz, en las celebérrimas 'Rolling in the deep' o 'Someone like you', imprescindibles (vamos, como el resto del disco) pero sobre todo 'Set fire to the rain', con ese estribillo que es una tremenda explosión de energía.

La cantante no se queda atrás cuando toca ser romántica. Ahí es capaz de entonar maravillas como 'Turning tables', 'He won't go' o 'Lovesong' (versión de The Cure), que te conmueven al tiempo que te dejan sin adjetivos a la hora de aplaudir el arte de esta mujer. '21' es igual a 11 piezas inolvidables, a las que en la versión extendida se le suman dos deliciosas miniaturas, entre las que sobresale especialmente la primera, 'If it hadn't been for love', desenchufada, casi a capella, y con Adele sonando más negra que nunca, puro blues.

Y encima, Adele parece una mujer de lo más normal, sin divismos ni excentricidades. Ojalá podamos seguir disfrutándola muchos años más.

miércoles, 15 de febrero de 2012

El último regalo de REM



Por desgracia, el último disco de REM es el último de verdad, ya que la banda de Michael Stipe anunció el 21 de septiembre del pasado año su disolución. Acaba, al menos por el momento, la historia del mejor grupo de rock de las últimas tres décadas (vale, U2 tiene ‘The Joshua Tree’, pero el resto de su producción no llega al nivel de los de Athens).

Al menos los norteamericanos se han despedido a lo grande, ya que su último trabajo, ‘Collapse into now’, es uno de los mejores de toda su carrera. Reconozco que apenas presté atención al anterior, ‘Accelerate’, ya que, al igual que en ‘Monster’, sacaban su vena más guitarrera, que es la que menos me interesa. Pero en ‘Collapse into now’ todo funciona, desde los temas más cañeros a los más suaves, combinando el folk con el rock más potente e incluso algo de experimentación y alguna que otra colaboración. Pero ante todo, son REM, su personal estilo es más reconocible que nunca y tema tras tema mantienen un nivel envidiable, hasta el punto de que se hace difícil destacar unos temas más que otros.

El disco se abre con dos trallazos, imagino que muy en la línea de ‘Accelerate’, y en este caso hasta me gustan, y mucho. ‘Discoverer’ ya deja claro que van a por todas (y es perfecto para abrir conciertos a lo grande) y ‘All the best’ no le va a la zaga.



El arranque es potente, pero lo que viene después es aún mejor. ‘Uberlin’, mucho más complejo que los anteriores, empieza a suavizar la apuesta musical y es un tema redondo en el más puro estilo REM. En ‘Oh my heart’ retoman sus raíces folks con acierto y luego viene el bombazo de ‘It happened today’, del que no extraña que fuera elegido como avance del álbum dado que es la mejor canción del mismo.

‘Every day is yours’ marca el momento más relajado del disco, la balada más suave, sin que decaiga la calidad, que vuelve a dispararse con el potente ‘Mine smell like honey’, otro de los mejores cortes. En ‘Walk it back’ recuperan su sonido más íntimo, esas canciones hechas de susurros que tan bien se le dan a Stipe, para acometer dos nuevos trallazos, dos temas de sonido vertiginoso y breve duración, el primero con el curioso título ‘Alligator, aviator, autopilot, antimatter’, y el segundo, ‘That someone is you’, que no llega a los dos minutos.

Y para rematar dos joyas. Primero la preciosa ‘Me, Marlon Brando, Marlon Brando and I’, que nos recuerda por qué Michael Stipe es el alma de esta banda, y después la formidable ‘Blue’, que cierra de manera magistral el último disco de REM: Stipe coge el megáfono a lo Neil Young en ‘Greendale’ y cede el protagonismo a la gran Patti Smith, para que después de 4 minutos suenen las guitarras y unos segundos después Stipe grite el arranque de ‘Discoverer’, con lo que el álbum vuelve al inicio de forma circular.

Gracias por tantos años de buena música, REM. Y a ver si os lo pensáis mejor, porque está bien retirarse en lo más alto, pero creo que aún os queda cuerda para rato y grandes canciones por cantar. 

jueves, 5 de enero de 2012

Diva no hay más que una (y se llama Kylie)



Noche de Reyes, y mi regalo es una recomendación, uno de los discos que más me han gustado en los últimos tiempos, ‘Aphrodite’ de Kylie Minogue. Sí, de Serrat a Kylie, es lo que hay.

En su último trabajo la australiana logra lo más difícil, superar su ‘Fever’ (2001), hasta ahora mi disco favorito de su discografía (el único, de hecho, que me ha gustado de verdad). La cantante sigue en la línea pop-dance que inauguró dicho trabajo y alcanza cotas impresionantes.

Pero donde luce de verdad es en el directo. Si podéis no os perdáis el dvd de su última gira, ‘Aphrodite. Les Folies’, que recoge el concierto que ofreció en junio del pasado año en Londres. Más sensual y diva que nunca, el recital la pone en un pedestal inalcanzable ahora mismo para otras aspirantes como la mismísima Madonna, o Rihanna y su nefasto estilista.

Mezcla de espectáculo a lo Folies Bergere y con reminiscencias de la antigua Grecia, Kylie deslumbra en todo momento y en todos los aspectos, como clave de bóveda de un montaje apabullante (y gay, pero que muy gay), en el que no deja de sorprender al espectador. Incluso se permite el lujo de volar a lomos de un ángel, ahí es nada.

Un concierto (vale, pelín hortera en la puesta en escena, pero a esta mujer se le acaba perdonando todo) en el que canta la práctica totalidad de temas de su último trabajo y solo se sale en dos ocasiones del material de los últimos cuatro, que le han valido sus mayores cotas de popularidad desde que fusionase pop y dance. Esas dos piezas son el mítico ‘Better the devil you know’, muy versioneado para los nuevos tiempos, y una versión del ‘There must be an angel (playing with my heart)’ de Eurythmics.



Por lo que respecta al disco, apenas hay temas de relleno, y una tras otra se suceden piezas vertiginosas. La apertura no puede ser mejor, con una balada tan espectacular como ‘All the lovers’ seguida de la extraordinaria ‘Get outta my way’, mi tema favorito del disco y el que me lo descubrió, con un derroche de energía extraordinario y esa letra en la que Kylie le dice a su chico que espabile o le va a perder.

No hay bajón. Lo siguiente es ‘Put your hands up (if you feel love)’, con un estribillo demoledor que deviene himno en directo, y ‘Closer’, que queda como pieza menor pero solo comparada con las tres precedentes y las dos que le siguen: ‘Everything is beautiful’, otro precioso medio tiempo con la voz de Kylie más suave que nunca, y el demoledor ‘Aphrodite’, pensado para servir de apertura a la gira, el tema más teatral, más propio de un musical, que es lo que a ratos parece su concierto.

‘Illusion’, ‘Better than today’ y ‘Too much’ representan el momento más flojo del disco, pero más por comparación con el resto que porque no sean buenos temas. Y la recta final se abre con ‘Cupid boy’, otro temazo hiper bailable con Kylie en plan diva total, al que le sigue ‘Looking for an angel’, otro baladón de musical. Y cerramos con ‘Can’t beat the feeling’, un espectacular increscendo por todo lo alto, capaz de dinamitar las pistas de baile, y que en el concierto lo fusionan con gran habilidad con ‘Love at first time’, tal vez el mejor tema de ‘Fever’.

Ahora mismo, es el mejor disco que se me ocurre para levantar los ánimos, olvidar la crisis y tener un subidón de energía. Y si sois fans de Kylie, vais a ir directos al séptimo cielo.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Serrat canta a Mô




Publicado en 2006, ‘Mô’ es hasta la fecha el último disco de Joan Manuel Serrat cantado en catalán, y compuesto por temas propios, a excepción de ‘Mala mar’ (letra de Joan Margarit) y ‘El mal de la tarongina’ (letra coescrita por Serrat y Manuel Vicent). El álbum, ya desde el tema de apertura que le da título, es un canto de amor a Mô (Mahón), isla en la que el cantante parece haber pasado muy buenos momentos.

Encontramos en este disco al Serrat más poético y arraigado a su tierra, que convierte el álbum en una auténtica joya, llegando al corazón del oyente en cada tema. Hasta el punto de que se hace difícil destacar una canción sobre otra, aunque ‘Mô’ es la cumbre.

Le siguen la bella ‘El teu àngel de la guarda’, y ‘Perdut en la ciutat’, donde narra el desconcierto de un hombre del campo que viaja a la ciudad en busca de la mujer que lo ha abandonado. ‘Cremant núvols’ es otra cumbre del disco, para seguir con ‘Mala mar’, un canto a las prostitutas, y ‘Plou al cor’, una dulce y preciosa canción de desamor.



‘El mal de la tarongina’, no podía ser de otra manera tratándose de Manuel Vicent, te envuelve con el olor del azahar, y ‘Capgròs’ es al tiempo divertida y triste. ‘Fugir de tu’ nos recuerda que lo más difícil es aceptarse a uno mismo, la única persona de la que no podemos huir, y ‘Ja tens l’amor’ habla de las maravillas y el infierno de estar enamorado.

‘Si hagués nascut dona’, otra de las mejores canciones de ‘Mô’, dedicada a la madre de Serrat, evoca lo que hubiera sido la vida del cantante de haber nacido mujer en pleno franquismo, antes de cerrar el álbum con ‘Res al ras’, en la que lo importante es el ritmo y la rima.

Dejando de lado su adaptación de los poemas de Miguel Hernández, ‘Mô’ nos devuelve al Serrat trovador, el que canta las historias de sus gentes con una capacidad inigualable para conmover a quien le escucha. Un disco inolvidable, su última obra maestra.

PD: Tuve la suerte de asistir a un concierto de la gira de este disco, en el Auditori de Castellón, en plan íntimo, donde Serrat demostró que, aunque los años no pasan en balde, sigue siendo el número 1. Impecable.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Michael no lo hubiera publicado


Lo peor del último disco de Michael Jackson es eso, que es el último, que el mayor artista pop se nos ha ido para siempre, y encima no como nos hubiera gustado. Quitando eso, lo malo de ‘Michael’ es que el propio cantante nunca lo hubiera publicado tal como se ha hecho, porque en cada corte resulta evidente que eran canciones a medio hacer. Pero ya se sabe cómo son las discográficas a la hora de sacar pasta. Y lo más irónico es que, seguramente, si Michael hubiera tenido tiempo para acabarlo, este disco habría sido mejor pero también habría vendido menos, el ser humano es así.

El primer aspecto negativo de ‘Michael’, ya musicalmente hablando, es que solo contiene 10 temas, entre los que hay muy pocos que sobresalgan. No extraña que ‘Hold my hand’, el que abre el álbum, fuera el primer single. Es de lo mejorcito, más que una balada, un canto al optimismo que recuerda a temas estilo ‘Heal the world’ con sus coros. La jugada se repite casi de inmediato, en la tercera canción, ‘Keep the head up’, también llena de optimismo (se nota que estamos en tiempos de crisis), que empieza con Michael en plan balada tierna (recordándonos lo bien que se le daban) y acaba con una fanfarria de coros. Posiblemente se pasan con la producción y los efectos sonoros, pero también tenemos al mejor Jackson.


En cambio, el segundo corte, ‘Hollywood tonight’, nos muestra su versión más sincopada y tartamudeante, pero más en la línea de ‘History’ o ‘Dangerous’ (de hecho recuerda poderosamente al tema que daba título a dicho álbum) que de los buenos tiempos de ‘Thriller’ o ‘Bad’. Y con demasiado relleno, algo habitual en la mayoría de canciones de este ‘Michael’, que dejan ver que el cantante ya no estaba para rematarlas.

‘(I like) the way you love me’, como no podía ser de otra manera con ese título, es la primera balada romántica, y da en el clavo, con un tono nada meloso pero sí juguetón, como una lluvia de abril (perdón por la cursilada, pero es lo que uno siente al escucharla).

Cambio de tercio para ‘Monster’, un auténtico bombazo, el tema más espectacular y bailable del disco, al que solo le sobra la intervención de 50 Cent, totalmente fuera de lugar. Una canción con fuerza y garra, la del mejor Jackson… o al menos se le acerca bastante.

‘Best of joy’ vuelve a intentar la jugada del primer romántico, pero aunque los primeros acordes no suenan mal, tras el primer minuto se desinfla y se queda en nada, un mero apunte. Le sigue ‘Breaking news’, el ya habitual tema en los últimos discos de Jackson destinado a reivindicar su figura y criticar a los medios. En cuanto al apartado musical, se queda a medio camino de todo, en la línea de los temas que han marcado su declive en los últimos años. Y ya ‘(I can’t make it) Another day’ es un despropósito sin pies ni cabeza, que no salva ni Lenny Kravitz.

Para despedir el último disco de Jackson, primero ‘Behind the mask’, donde se autoplagia emulando los tiempos de los Jackson Five (hablamos de ‘Can you feel it?’), y rematamos con ‘Much too son’, breve balada tristona, pero sin la perfección alcanzada en ‘History’.

Volviendo al inicio del post: lo peor, que solo hemos podido escuchar la maqueta (muy cuidada, eso sí) del disco que pudo haber sido; lo mejor, que aún lejos de su época dorada, Michael Jackson seguía muy por encima de todos los que han intentado ocupar su lugar, incluidos algunos que aparecen en este disco. En fin, siempre nos quedará ‘Billie Jean’.


miércoles, 5 de octubre de 2011

Peter Gabriel nos duerme con sus versiones


A menudo una fina línea separa lo sublime de lo instrascendente. Y por desgracia para Peter Gabriel, que desde luego ha conocido tiempos mejores, su último trabajo abunda más en lo segundo que en lo primero. La apuesta de ‘Scratch muy back’ es de esas que sugieren un agotamiento de ideas: vamos a versionear mis temas preferidos. Claro que Gabriel, como tantos otros mitos, puede permitírselo, para eso está su fabulosa trayectoria en Genesis y en solitario.

La otra apuesta, contar con una orquesta para que las nuevas versiones sean sinfónicas, y además conferirles un nuevo estilo uniforme a todas ellas. Y no parece que el disco empiece con mal pie. Todo lo contrario. La primera pieza elegida es el ‘Heroes’ de Bowie, y aunque confieso que no conozco el original, imagino que debe ser fantástico a tenor de la conmovedora versión que se saca Gabriel, sin duda lo mejor de ‘Scratch my back’.

No es el único acierto. También logra darle un aire muy particular a otro soberbio tema mucho más moderno, el ‘My body is a cage’ de Arcade Fire, aquí aún más sombrío e intimista, realmente desolador, en una versión que sirvió para darle un magnífico fondo sonoro a la mejor/peor secuencia de la séptima temporada de ‘House’ (spoiler: cuando un aparente intento de suicidio se torna en… balconing).

Y en medio del tono monocorde y suave del disco, sobresalen ‘Mirrorball’ y sobre todo ‘Listening in the wind’ de Talking Heads, con Gabriel más intenso y llegando de verdad al oyente.


El resto, empezando por ‘The boy in the bubble’ o ‘The book of love’, son temas calcados en los que Gabriel y su orquestación logran aburrir a las ovejas, canciones que no acaban de despegar y que se pierden en una monotonía que las desproviste de carácter. Si acaso podemos salvar ‘The power of the heart’, en la que el cantante parece esforzarse más por conmover.

Lo más curioso, que en algunas canciones Gabriel recuerda mucho al peor Phil Collins, el de las baladas perfectas pero carentes de emoción, el que muestra su faceta más conformista y de ‘piloto automático’, tan criticado precisamente por Gabriel, que reivindicaba mayor audacia y riesgo musical. Algo que apenas encontramos en este trabajo.

Eso sí, al menos se agradece que haya elegido ‘Philadelphia’ de Neil Young, y no la canción de la banda sonora de la película del mismo título que le valió el Oscar a Bruce Springsteen, infinitamente inferior a la de Young. Canción que, por cierto, Gabriel versionea aceptablemente, sin cambiar apenas nada del original. Y es que si una canción es perfecta, mejor no tocarla.

PD: Creo que la idea de Gabriel era que 'Scratch my back' sirviera para una gira de conciertos con orquesta. A diferencia de la última gira de Arcade Fire, igual sería buena idea acudir con un almohadón. O tal vez en directo cambia la cosa...


domingo, 2 de octubre de 2011

Russian Red destapa su lado ye-ye


Lourdes Hernández supera el reto del segundo disco, ese que suele marcar la consolidación o el olvido, fiel a la propuesta musical de su primer trabajo, 'I love your glasses', pero escapando de la alargada sombra de Marlango y casi dejando atrás ese falsete demasiado omnipresente en su debut. Quién iba a decir que el referente sonoro de 'Fuerteventura' sería Conchita Velasco...

...y es que, sobre todo en el arranque del disco, Russian Red se desmarca de los temas íntimos y melancólicos a los que nos tenía acostumbrados y se muestra más juguetona y resplandeciente, facturando temas pop de gran frescura, que no hubieran desentonado en absoluto en aquellas películas de los 60 que tanto han repuesto en 'Cine de barrio'. Es el caso, principalmente, de 'The sun, the trees' (esos coros...) y 'Fuerteventura', pero también de 'I hate you but I love you'.

Tras ese arranque de desbordante optimismo vuelve la Russian Red más delicada con sus baladas a prueba de bomba, aunque la paleta sonora continúa devolviéndonos varias décadas atrás, en este caso a los 70. Así ocurre en ese magnífico medio tiempo con el que se abre el disco, 'Everyday everynight', y luego en temas como 'Braver soldier', 'The memory is cruel', 'Nick Drake' o 'A hat'. En el primero y el último de ellos, especialmente, recuerda a Karen Carpenter y aquellas baladas impecables que facturó con su hermano.

Pero el tercer y último referente es más curioso y más cercano, la Julee Cruise que nos hechizó con la banda sonora de 'Twin Peaks', y de la que hallamos un poderoso eco en 'My love es gone' y 'Tarantino', sin duda el gran tema del disco (y eso que no es precisamente mi director de cine favorito, más bien el mayor caso de talento desperdiciado del Hollywood actual...).



'Fuerteventura' muestra, pues, más y variadas caras de Lourdes Hernández, en un trabajo más versátil y maduro que su debut, más redondo, aunque posiblemente menos conmovedor. Respecto a lo que puede deparar el futuro, tal vez haya una pista en el cierre del álbum, 'Mi canción 7', uno de los más impactantes, donde la voz de Russian Red, con una dureza poco habitual, navega sobre una potente percusión, a la que luego se añaden la guitarra eléctrica y el teclado para conformar un sobrecogedor fondo sonoro que se apodera del oyente.

PD: Si en 'I love your glasses' Russian Red incluyó una versión del 'Girls just wanna have fun' de Cindy Lauper, aquí hubiera quedado perfecta la 'Chica ye-ye'.

lunes, 26 de septiembre de 2011

'The suburbs': la apoteosis de Arcade Fire


Uno de los discos imprescindibles del último año es sin duda ‘The suburbs’, la tercera entrega de Arcade Fire, donde la banda canadiense ha tocado su techo hasta el momento. Personalmente me convence mucho más que su anterior trabajo, ‘Neon bible’, en el que encuentro por igual aciertos y piezas menos logradas. Aquí han apostado por un disco conceptual, al estilo del ‘Greendale’ de Neil Young, por citar un precedente más o menos reciente, y han logrado una obra redonda y absolutamente espectacular.

Arcade Fire se ha convertido ya en la banda del momento, con su grandilocuente y barroca mezcla de folk y rock, a ratos íntima y a ratos épica. Y si ya avisa el primer tema del álbum, precisamente ‘The suburbs’, con un magnífico videoclip de Spike Jonze (de hecho, parte del corto 'Life in the suburbs' del mismo director), el segundo corte, ‘Ready to start’, es el auténtico bombazo del disco, un tema cargado de energía, para mí el mejor que han facturado hasta ahora, que en directo debe convertirse (mira que no haber estado en su concierto en el FIB…) en una explosión de adrenalina. Soberbio también el videoclip, con toda la banda actuando en directo y en glorioso blanco y negro.

No les anda a la zaga ‘Modern man’, muy en la misma línea siguiendo el concepto global del disco, en el que apenas hay temas irregulares, si acaso ‘Rococo’. Pero tras este último irrumpen las voces femeninas en ‘Empty Room’, para reaparecer tras ‘City with no children’ (de nuevo, puro Arcade Fire) en la primera parte de ‘Half Light’, una pieza delicada antes del continuo in crescendo de la segunda parte.

Y sin descanso, el disco alcanza otro momento álgido en la sobrecogedora ‘Suburban War’, para luego ofrecer el más puro rock and roll en ‘Month of may’ y recordar justamente al Young más suave en ‘Wasted hours’. ‘Deep blue’, que evoca a la perfección lo que significa su título (‘Profunda tristeza’) con una tonada delicada y al mismo tiempo cargada de energía, profundamente épica, abre la portentosa recta final del disco, que sigue con otro de los mejores temas, ‘We used to wait’, y las dos partes de ‘Sprawl’, donde se intercambian los papeles: primero el vocalista, Win Butler, se luce en el tema mas íntimo del disco, antes de que las chicas ataquen otra explosión musical, tan idónea para cerrar un concierto como lo es ‘Ready to start’ para abrirlo. Y aún queda, de propina, la pequeña coda del tema inicial, para redondear un trabajo imprescindible que supone la definitiva consagración de Arcade Fire… aunque también les pone el listón muy alto. Por ahora, disfrutémoslo, y si puede ser en directo, mucho mejor, porque cada recital de esta banda debe ser apoteósico.


miércoles, 11 de mayo de 2011

El violín de los Corrs vuela en solitario


Nueva actualización musical, esta vez un poco menos rarita que la anterior. El debut en solitario de Sharon Corr, la mayor de las tres hermanas (la que toca el violín, vamos), responde a lo esperado y gustará a los fans del grupo irlandés, ya que se mueve en unas coordenadas muy similares.

Es de agradecer que Sharon haya incluido tres piezas instrumentales entre las 12 que componen este ‘Dream of you’. La primera, ‘Our wedding day’, sirve de breve introducción al disco, en tanto que ‘Mna na heireann’ supone una espectacular versión de este tema gaélico, que arranca de manera tradicional para ganar luego en complejidad con la participación de numerosos instrumentos. Pero es el último instrumental, ‘Cooley's reel’, el mejor de los tres, puro reel celta.




En el resto del disco (donde lo mejor sigue siendo su habilidad con el violín), Sharon Corr demuestra que no tiene nada que envidiarle a la voz de su hermana Andrea (la primera en probar la aventura en solitario), salvo la experiencia, ya que en ocasiones se le nota cierta falta de seguridad, la que dan los años sobre el escenario. No arranca mal ‘Dream of you’ con una versión del ‘Everybodys got to learn sometime’ de Korgis y ‘It’s not a dream’, demasiado almibarado, al igual que ocurre más adelante con ‘Butterflies’.

No es hasta la tercera canción, ‘Buenos aires’, cuando el disco empieza a cobrar fuerza, primero en este tema a dúo con nuestro Álex Ubago, y después en ‘So long ago’, que al igual que el tema que da título al disco son los dos temas más al estilo ‘The Corrs’. El debut de Sharon se cierra con una preciosa balada, ‘Real world’, donde deja ver hasta dónde puede llegar su potencial como cantante, y un logrado tema de reminiscencias countries, ‘Love me better’.

El tema: La mayor de los Corr se atreve con una versión de ‘Smalltown boy’, la canción con la que se dieron a conocer hace ya un cuarto de siglo (definitivamente, me hago mayor) los Bronski Beat, el grupo de Jimmy Somerville antes de la aventura de Communards.


domingo, 8 de mayo de 2011

Sting en el laberinto


Llámenme rarito si quieren, pero ‘Songs from the labyrinth’ es de lejos el disco de Sting que más me ha interesado desde los tiempos de ‘Ten summoner’s tales’. Y es que este trabajo inauguró su colaboración con el prestigioso sello de música clásica Deutsche Grammophon con un proyecto tan original como curioso, y sobre todo apartado de la trayectoria musical que había seguido el cantante hasta el momento: interpretar las melodías compuestas por John Dowland, músico inglés que vivió entre los siglos XVI y XVII.

La especialidad de Dowland eran las canciones melancólicas que componía musicando poemas anónimos. A la tarea de reinterpretarlas en pleno siglo XXI se aplica Sting con la complicidad del laudista bosnio Edin Karamazov, y ambos salen más que airosos. El disco alterna pasajes musicales con las canciones más reconocidas de Dowland e incluso la sobria voz de Sting dando lectura a pasajes de una carta del compositor inglés.

Reconvertido en trovador desde la inicial ‘Can she excuse my wrongs’, Sting se adapta a la perfección a lo que requieren las composiciones de Dowland. Los temas musicales hacen que viajemos al medievo con solo cerrar los ojos, meciéndonos en las cuerdas del laúd hasta sentir que nos hallamos en un palacio o catedral escuchando a los músicos de la corte.




Pero donde el disco alcanza sus momentos de mayor emotividad es en las canciones de Dowland, llenas de melancolía, desde el impresionante ‘Flow my tears (Lachrimae)’ hasta la sobrecogedora ‘In darkness let me dwell’ que cierra este trabajo, pasando por ‘Weep you no more, sad fountains’. En todas ellas se deja ver la capacidad de Dowland para tejer tristes melodías románticas, aunque también encontramos en ‘Songs from the labyrinth’ composiciones más luminosas e incluso humorísticas, como ‘Fine knacs for ladies’ o ‘Clear o cloudy’, donde Sting se permite soltarse un poco más, especialmente en ‘Come again’.

El ex de Police supera el reto con nota y logra que este disco suponga un viaje musical repleto de matices, en el que podemos descubrir unas composiciones de gran belleza. Siempre que uno tenga claro qué es lo que va a escuchar, claro.


jueves, 3 de febrero de 2011

Échate un cantecito, Kiko

Kiko Veneno siempre me ha caído bien. No sé, igual tiene algo que ver con que la primera imagen que tengo de él es la de un señor vestido de Frankenstein con enormes zapatones (cosas de ‘La bola de cristal’, los niños de ahora no sabéis lo que os perdisteis: mucho mejor que ‘Bob Esponja’).

Luego, pues uno fue descubriendo quien era este señor, que a él le debemos cosillas como el ‘Volando voy’ de Camarón (y buena parte del imprescindible ‘La leyenda del tiempo'), y que, por fortuna, siempre ha ido un poco a su aire, con esa manera tan personal de entender el flamenco, el pop… vamos, la música y el arte.

Este verano acabó la espera, cinco años después de ‘El hombre invisible’ nos regaló su último trabajo, ‘Dice la gente’, donde encontramos al mejor Kiko Veneno, no en vano sea tal vez su disco más inspirado, acercándose a ‘Échate un cantecito’ y ‘Está muy bien eso del cariño’, con los que nos deslumbró a principios de los 90.

En esta nueva entrega aparece su vena más bailable y alegre, en temas como el primer sencillo, ‘La rama de Barcelona’, o la estupenda ‘La chispa’ que abre el disco, por no hablar de canciones tan divertidas como su propio título: ‘El mosquito suicida’.

Pero también hallamos al Kiko Veneno más poético y melancólico, que brilla de una manera sencilla en joyas como ‘Dice la gente’ o esa declaración de amor a su tierra que es ‘Andalucía’, canciones que se disfrutan una y otra vez escuchándolas con todos los sentidos.

En este disco incluso hay tiempo para el Kiko Veneno más reivindicativo, con esa ‘Rumba de la crisis’ (‘las sardinas van cayendo pero el banco se salvó’) o ‘Cadena de oro’ (‘si tú me haces a mí lo que tu padre te hizo a ti, si yo le hago a mi hijo lo que tú me hiciste a mí, si mi hijo sólo aprende a seguir, a seguir y a seguir, dime: ¿quién va a romper la cadena?’). Pero siempre con salero y una sonrisa, claro, repartiendo optimismo a manos llenas en una época difícil como la que vivimos.

Ojalá no tarde cinco años más en echarse otro cantecito.

Ah, y no olvidéis echarle un vistazo a su blog, no tiene desperdicio.


jueves, 25 de noviembre de 2010

La ¿perfecta? simetría de Keane


Continúo poniéndome al día en cuestiones musicales. Y sí, tanto he tardado en escuchar el tercer disco de Keane, que ya tienen otro en el mercado. También es cierto que no me he dado mucha prisa por darle una oportunidad a ‘Perfect simmetry’ (2008) puesto que tras la obra maestra que fue el debut del trío, ‘Hopes and fears’ (2004), su siguiente ‘Under the iron sea’ (2006) fue un tanto plomizo y se quedó muy lejos de la calidad que habían demostrado en un primer momento.

¿Y qué encontramos en este tercer disco? Pues en primer lugar, la inclusión de guitarras, lo que rompe con una de las señas de identidad de la banda de Tom Chaplin, cuyo sonido se basaba exclusivamente en batería y teclados. Eso, y que el trío pasa a cuarteto con la llegada del bajista y percusionista Jesse Quinn. Todos ellos meten la directa desde los primeros compases de ‘Spiralling’, que abre espectacularmente el disco, y salvo ‘You don’t see me’, la primera balada de este trabajo, nos ofrecen su versión más rockera y épica, alejada del estilo más romántico y elegante de ‘Hopes and fears’, hasta que empiezan a sonar los primeros compases de 'Playing along'.

Y hasta ahí vamos bien, porque en los últimos cuatro temas reaparece la versión más meliflua y aburrida de Keane, con una sucesión de tiempos lentos entre los que sólo se salva ‘Black burning heart’. Posiblemente el tema más equilibrado, en el que encontramos todas las virtudes del grupo, sea el que le da título al álbum, y en cuanto a los más movidos, destacar los potentes ‘You haven’t told me anything’ y ‘Again and again’, sin olvidarnos de ‘Better tan this’.

Resumiendo, esta vez la banda brilla cuando se pone cañera y palidece cuando le da por las baladas. Keane apunta una clara recuperación tras ‘Under the iron sea’, pero aún le falta un poco para firmar una obra tan redonda como lo fue su debut. Veremos qué nos depara ‘Night train’.

Y para que veáis cómo suena 'Spiralling' en directo, os dejo con una actuación en Murcia de 2009 recogida por el programa de La 2 'No disparen al pianista'.


domingo, 21 de noviembre de 2010

Vamos a jugar a la casa del árbol

Vamos hoy con una de mis debilidades musicales, Marlango, más conocido como el grupo en el que canta la actriz Leonor Watling, esa chica que todo lo hace bien. En su último disco, ‘Life in the treehouse’, nos invitan a vivir con ellos en la casa del árbol, esa que todos construimos de pequeños con los amigos, ya sea en un auténtico árbol como Bart Simpson, o en cualquier rincón.

Ese es el propósito de este puñado de canciones, devolvernos a aquella época en la que fantaseábamos con los amigos viviendo nuestras pequeñas grandes aventuras, y tratar de recuperar aquel optimismo que nos poseía. Volver a un lugar donde todo es más sencillo y acogedor. Marlango crea la música perfecta para una casa del árbol, no sólo superando el bache de su anterior trabajo, sino firmando posiblemente sus piezas más inspiradas.

Fue en 2004 cuando Leonor Watling sorprendió a mucha gente al encabezar este proyecto de jazz-pop sofisticado, en el que la acompañaban Alejandro Pelayo y Óscar Ybarra. A la melancolía de aquel primer ‘Marlango’ (mi disco favorito de la banda) le siguió la mayor ambición de ‘Automatic imperfection’, donde la ahora cantante se mostraba mucho más segura que en su debut y se atrevía con composiciones más versátiles y arriesgadas.

Sin embargo, y pese al continuo crecimiento de Leonor Watling como cantante, su siguiente entrega, ‘The electrical morning’, es la que encontré más inaccesible, demasiado snob si se quiere. Aunque, eso sí, el disco contiene la mejor canción de su carrera, ‘Hold me tight’, con los coros de Jorge Drexler, pareja de la Watling. También es cierto que el disco mejoró en directo, donde (como he podido comprobar un par de veces) Marlango se crece y le saca el máximo partido a cada tema.

En ‘Life in the treehouse’ encontramos su disco más luminoso y alegre, en el que la voz de la cantante brilla como nunca, convirtiéndose en un arrullo que nos envuelve con sensaciones y pensamientos que nos hacen ver el vaso medio lleno. No es mi tema favorito precisamente ‘The long fall’, que sin embargo abre este viaje musical dejando bien claro hacia donde quiere llevarnos Marlango. Sí da en la diana plenamente, en cuanto a letra y música, ‘I don’t really want to know’, donde la voz de Leonor empieza a jugar en un ambiente de buenas vibraciones, antes de que ‘The answer’, con Rufus Wainwright, y sobre todo ‘Thank someone tonight’, sean las primeras palabras mayores del disco.

En esta última canción tenemos la primera colaboración en el disco de Jorge Drexler, que reaparece en un par de temas más, como ‘Play boy play’, en el que el grupo muestra su lado más juguetón, al igual que en ‘You won’t have me’. También hay momentos más melancólicos, como en ‘Let the sky fall’ y ‘I carry you’, himnos vitalistas llenos de esperanza, y con ‘Too many ways’ vuelven los ritmos más pegadizos. Así hasta lo que ya se ha convertido casi en una tradición, cerrar el disco con una nana, en esta ocasión más dulce que nunca tras la maternidad de Leonor.


jueves, 6 de mayo de 2010

Springsteen da nuevo brillo al folk norteamericano

The Boss brilla en este directo como pocas veces en su carrera, interpretando tanto temas propios como del cancionero folk norteamericano, y sobre todo, de Pete Seeger, al que ya homenajeó con el disco ‘We shall overcome: The Seeger Sessions’ y su versión ampliada. ‘Live in Dublin’ recoge varios de los conciertos que Springsteen dio en la ciudad irlandesa durante la gira de dichos trabajos, y en ellos se muestra más potente y espectacular que nunca, puro rock, con el formidable acompañamiento de The Sessions Band, reclutada expresamente para este proyecto tan singular.

Resulta complicado destacar alguno de los 23 temas que componen el directo, ya que todos mantienen un nivel envidiable, convirtiendo el concierto en una auténtica fiesta de rock popular. Pero puestos a ello, para mí hay cuatro hits imprescindibles: ‘Further on (up the road)’, del propio Boss, que ya se ha convertido en una de mis canciones favoritas; los tradicionales ‘Jesse James’ y ‘Mrs. McGrath’, portentosos, y cómo no, ‘We shall overcome’, de Seeger, que resume a la perfección el sonido de este disco. Ah, y no nos olvidemos de ‘When the saints go marching in’, otra composición tradicional, mítica como pocas, versioneada aquí de manera sublime.

De lo mejorcito que Springsteen ha dado en los últimos años. Si eres fan disfrutarás como nunca, y si no, también.



domingo, 18 de abril de 2010

'Tan ligera como una pluma'



El título de una de las canciones de ‘The fall’, último disco de la cantante norteamericana Norah Jones, define a la perfección la voz de esta joven, que ha sabido ganarse un hueco en el corazón de los amantes del jazz con sus dos primeros trabajos. No puedo hablar de ellos porque en mi caso la he descubierto en esta tercera entrega, al parecer la primera en la que también transita por los senderos del pop, y con la que abro este blog a cuestiones ajenas al séptimo arte, ya que no sólo de cine vive este cinéfilo.

Y el descubrimiento no puede resultar más delicioso. Trece temas componen el disco, y todos ellos, desde el juguetón ‘Chasing pirates’ que sirve de apertura, hasta el susurrante ‘Man of the hour’ que lo cierra, son oportunidades únicas para paladear la versatilidad de una cantante capaz de moldear su voz hasta convertirla en una suave caricia y hacer que escuchar una de sus canciones resulte una experiencia sumamente placentera. A ver si resulta que me he enamorado…

El detalle cinéfilo: Curiosamente descubrí primero a Norah Jones en su faceta de actriz, como protagonista de ‘My blueberry nights’, la aventura americana de Wong Kar-Wai. Y curiosamente en toda la película no escuché su voz, cosas del doblaje, aunque su presencia llenaba cada secuencia en la que aparecía. Sí, va a ser que me he enamorado…