Tras estos dos temazos, en los que Gotye recuerda, y mucho, al mejor Peter Gabriel, vuelve a naufragar en Smoke and mirrors, el tema más extenso del álbum, donde de nuevo acumula constantes efectos que se quedan en pura pirotecnia.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Los espejos deformantes de Gotye
Tras estos dos temazos, en los que Gotye recuerda, y mucho, al mejor Peter Gabriel, vuelve a naufragar en Smoke and mirrors, el tema más extenso del álbum, donde de nuevo acumula constantes efectos que se quedan en pura pirotecnia.
domingo, 12 de agosto de 2012
Duffy no es Adele, ni falta que le hace
domingo, 15 de abril de 2012
Coldplay tira con salvas de fogueo
Volviendo al principio, 'Princess of China' es de lo poco realmente (o casi) logrado, gracias especialmente a Rihanna, que algún día encontrará un estilista al que no se le haya ido la cabeza, pero desde luego canta bastante mejor que Chris Martin, a quien aún le falta bastante para llegar al nivel de Bono o Michael Stipe. Por lo visto la cancioncita de marras fue compuesta por Martin para Rihanna, pero al final prefirió quedársela, invitando a la de Barbados a colaborar en el disco.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Adele, voz de diamante
En mi caso, creo que prefiero a Adele en su versión más espectacular, cuando se suelta la melena y lanza todo su chorro de voz, en las celebérrimas 'Rolling in the deep' o 'Someone like you', imprescindibles (vamos, como el resto del disco) pero sobre todo 'Set fire to the rain', con ese estribillo que es una tremenda explosión de energía.
miércoles, 15 de febrero de 2012
El último regalo de REM
jueves, 5 de enero de 2012
Diva no hay más que una (y se llama Kylie)
lunes, 19 de diciembre de 2011
Serrat canta a Mô
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Michael no lo hubiera publicado

Lo peor del último disco de Michael Jackson es eso, que es el último, que el mayor artista pop se nos ha ido para siempre, y encima no como nos hubiera gustado. Quitando eso, lo malo de ‘Michael’ es que el propio cantante nunca lo hubiera publicado tal como se ha hecho, porque en cada corte resulta evidente que eran canciones a medio hacer. Pero ya se sabe cómo son las discográficas a la hora de sacar pasta. Y lo más irónico es que, seguramente, si Michael hubiera tenido tiempo para acabarlo, este disco habría sido mejor pero también habría vendido menos, el ser humano es así.
El primer aspecto negativo de ‘Michael’, ya musicalmente hablando, es que solo contiene 10 temas, entre los que hay muy pocos que sobresalgan. No extraña que ‘Hold my hand’, el que abre el álbum, fuera el primer single. Es de lo mejorcito, más que una balada, un canto al optimismo que recuerda a temas estilo ‘Heal the world’ con sus coros. La jugada se repite casi de inmediato, en la tercera canción, ‘Keep the head up’, también llena de optimismo (se nota que estamos en tiempos de crisis), que empieza con Michael en plan balada tierna (recordándonos lo bien que se le daban) y acaba con una fanfarria de coros. Posiblemente se pasan con la producción y los efectos sonoros, pero también tenemos al mejor Jackson.
En cambio, el segundo corte, ‘Hollywood tonight’, nos muestra su versión más sincopada y tartamudeante, pero más en la línea de ‘History’ o ‘Dangerous’ (de hecho recuerda poderosamente al tema que daba título a dicho álbum) que de los buenos tiempos de ‘Thriller’ o ‘Bad’. Y con demasiado relleno, algo habitual en la mayoría de canciones de este ‘Michael’, que dejan ver que el cantante ya no estaba para rematarlas.
‘(I like) the way you love me’, como no podía ser de otra manera con ese título, es la primera balada romántica, y da en el clavo, con un tono nada meloso pero sí juguetón, como una lluvia de abril (perdón por la cursilada, pero es lo que uno siente al escucharla).
Cambio de tercio para ‘Monster’, un auténtico bombazo, el tema más espectacular y bailable del disco, al que solo le sobra la intervención de 50 Cent, totalmente fuera de lugar. Una canción con fuerza y garra, la del mejor Jackson… o al menos se le acerca bastante.
‘Best of joy’ vuelve a intentar la jugada del primer romántico, pero aunque los primeros acordes no suenan mal, tras el primer minuto se desinfla y se queda en nada, un mero apunte. Le sigue ‘Breaking news’, el ya habitual tema en los últimos discos de Jackson destinado a reivindicar su figura y criticar a los medios. En cuanto al apartado musical, se queda a medio camino de todo, en la línea de los temas que han marcado su declive en los últimos años. Y ya ‘(I can’t make it) Another day’ es un despropósito sin pies ni cabeza, que no salva ni Lenny Kravitz.
Para despedir el último disco de Jackson, primero ‘Behind the mask’, donde se autoplagia emulando los tiempos de los Jackson Five (hablamos de ‘Can you feel it?’), y rematamos con ‘Much too son’, breve balada tristona, pero sin la perfección alcanzada en ‘History’.
Volviendo al inicio del post: lo peor, que solo hemos podido escuchar la maqueta (muy cuidada, eso sí) del disco que pudo haber sido; lo mejor, que aún lejos de su época dorada, Michael Jackson seguía muy por encima de todos los que han intentado ocupar su lugar, incluidos algunos que aparecen en este disco. En fin, siempre nos quedará ‘Billie Jean’.
miércoles, 5 de octubre de 2011
Peter Gabriel nos duerme con sus versiones

A menudo una fina línea separa lo sublime de lo instrascendente. Y por desgracia para Peter Gabriel, que desde luego ha conocido tiempos mejores, su último trabajo abunda más en lo segundo que en lo primero. La apuesta de ‘Scratch muy back’ es de esas que sugieren un agotamiento de ideas: vamos a versionear mis temas preferidos. Claro que Gabriel, como tantos otros mitos, puede permitírselo, para eso está su fabulosa trayectoria en Genesis y en solitario.
La otra apuesta, contar con una orquesta para que las nuevas versiones sean sinfónicas, y además conferirles un nuevo estilo uniforme a todas ellas. Y no parece que el disco empiece con mal pie. Todo lo contrario. La primera pieza elegida es el ‘Heroes’ de Bowie, y aunque confieso que no conozco el original, imagino que debe ser fantástico a tenor de la conmovedora versión que se saca Gabriel, sin duda lo mejor de ‘Scratch my back’.
No es el único acierto. También logra darle un aire muy particular a otro soberbio tema mucho más moderno, el ‘My body is a cage’ de Arcade Fire, aquí aún más sombrío e intimista, realmente desolador, en una versión que sirvió para darle un magnífico fondo sonoro a la mejor/peor secuencia de la séptima temporada de ‘House’ (spoiler: cuando un aparente intento de suicidio se torna en… balconing).
Y en medio del tono monocorde y suave del disco, sobresalen ‘Mirrorball’ y sobre todo ‘Listening in the wind’ de Talking Heads, con Gabriel más intenso y llegando de verdad al oyente.
El resto, empezando por ‘The boy in the bubble’ o ‘The book of love’, son temas calcados en los que Gabriel y su orquestación logran aburrir a las ovejas, canciones que no acaban de despegar y que se pierden en una monotonía que las desproviste de carácter. Si acaso podemos salvar ‘The power of the heart’, en la que el cantante parece esforzarse más por conmover.
Lo más curioso, que en algunas canciones Gabriel recuerda mucho al peor Phil Collins, el de las baladas perfectas pero carentes de emoción, el que muestra su faceta más conformista y de ‘piloto automático’, tan criticado precisamente por Gabriel, que reivindicaba mayor audacia y riesgo musical. Algo que apenas encontramos en este trabajo.
Eso sí, al menos se agradece que haya elegido ‘Philadelphia’ de Neil Young, y no la canción de la banda sonora de la película del mismo título que le valió el Oscar a Bruce Springsteen, infinitamente inferior a la de Young. Canción que, por cierto, Gabriel versionea aceptablemente, sin cambiar apenas nada del original. Y es que si una canción es perfecta, mejor no tocarla.
domingo, 2 de octubre de 2011
Russian Red destapa su lado ye-ye

lunes, 26 de septiembre de 2011
'The suburbs': la apoteosis de Arcade Fire

Uno de los discos imprescindibles del último año es sin duda ‘The suburbs’, la tercera entrega de Arcade Fire, donde la banda canadiense ha tocado su techo hasta el momento. Personalmente me convence mucho más que su anterior trabajo, ‘Neon bible’, en el que encuentro por igual aciertos y piezas menos logradas. Aquí han apostado por un disco conceptual, al estilo del ‘Greendale’ de Neil Young, por citar un precedente más o menos reciente, y han logrado una obra redonda y absolutamente espectacular.
Arcade Fire se ha convertido ya en la banda del momento, con su grandilocuente y barroca mezcla de folk y rock, a ratos íntima y a ratos épica. Y si ya avisa el primer tema del álbum, precisamente ‘The suburbs’, con un magnífico videoclip de Spike Jonze (de hecho, parte del corto 'Life in the suburbs' del mismo director), el segundo corte, ‘Ready to start’, es el auténtico bombazo del disco, un tema cargado de energía, para mí el mejor que han facturado hasta ahora, que en directo debe convertirse (mira que no haber estado en su concierto en el FIB…) en una explosión de adrenalina. Soberbio también el videoclip, con toda la banda actuando en directo y en glorioso blanco y negro.
No les anda a la zaga ‘Modern man’, muy en la misma línea siguiendo el concepto global del disco, en el que apenas hay temas irregulares, si acaso ‘Rococo’. Pero tras este último irrumpen las voces femeninas en ‘Empty Room’, para reaparecer tras ‘City with no children’ (de nuevo, puro Arcade Fire) en la primera parte de ‘Half Light’, una pieza delicada antes del continuo in crescendo de la segunda parte.
Y sin descanso, el disco alcanza otro momento álgido en la sobrecogedora ‘Suburban War’, para luego ofrecer el más puro rock and roll en ‘Month of may’ y recordar justamente al Young más suave en ‘Wasted hours’. ‘Deep blue’, que evoca a la perfección lo que significa su título (‘Profunda tristeza’) con una tonada delicada y al mismo tiempo cargada de energía, profundamente épica, abre la portentosa recta final del disco, que sigue con otro de los mejores temas, ‘We used to wait’, y las dos partes de ‘Sprawl’, donde se intercambian los papeles: primero el vocalista, Win Butler, se luce en el tema mas íntimo del disco, antes de que las chicas ataquen otra explosión musical, tan idónea para cerrar un concierto como lo es ‘Ready to start’ para abrirlo. Y aún queda, de propina, la pequeña coda del tema inicial, para redondear un trabajo imprescindible que supone la definitiva consagración de Arcade Fire… aunque también les pone el listón muy alto. Por ahora, disfrutémoslo, y si puede ser en directo, mucho mejor, porque cada recital de esta banda debe ser apoteósico.
miércoles, 11 de mayo de 2011
El violín de los Corrs vuela en solitario

Nueva actualización musical, esta vez un poco menos rarita que la anterior. El debut en solitario de Sharon Corr, la mayor de las tres hermanas (la que toca el violín, vamos), responde a lo esperado y gustará a los fans del grupo irlandés, ya que se mueve en unas coordenadas muy similares.
Es de agradecer que Sharon haya incluido tres piezas instrumentales entre las 12 que componen este ‘Dream of you’. La primera, ‘Our wedding day’, sirve de breve introducción al disco, en tanto que ‘Mna na heireann’ supone una espectacular versión de este tema gaélico, que arranca de manera tradicional para ganar luego en complejidad con la participación de numerosos instrumentos. Pero es el último instrumental, ‘Cooley's reel’, el mejor de los tres, puro reel celta.
En el resto del disco (donde lo mejor sigue siendo su habilidad con el violín), Sharon Corr demuestra que no tiene nada que envidiarle a la voz de su hermana Andrea (la primera en probar la aventura en solitario), salvo la experiencia, ya que en ocasiones se le nota cierta falta de seguridad, la que dan los años sobre el escenario. No arranca mal ‘Dream of you’ con una versión del ‘Everybodys got to learn sometime’ de Korgis y ‘It’s not a dream’, demasiado almibarado, al igual que ocurre más adelante con ‘Butterflies’.
No es hasta la tercera canción, ‘Buenos aires’, cuando el disco empieza a cobrar fuerza, primero en este tema a dúo con nuestro Álex Ubago, y después en ‘So long ago’, que al igual que el tema que da título al disco son los dos temas más al estilo ‘The Corrs’. El debut de Sharon se cierra con una preciosa balada, ‘Real world’, donde deja ver hasta dónde puede llegar su potencial como cantante, y un logrado tema de reminiscencias countries, ‘Love me better’.
El tema: La mayor de los Corr se atreve con una versión de ‘Smalltown boy’, la canción con la que se dieron a conocer hace ya un cuarto de siglo (definitivamente, me hago mayor) los Bronski Beat, el grupo de Jimmy Somerville antes de la aventura de Communards.
domingo, 8 de mayo de 2011
Sting en el laberinto

Llámenme rarito si quieren, pero ‘Songs from the labyrinth’ es de lejos el disco de Sting que más me ha interesado desde los tiempos de ‘Ten summoner’s tales’. Y es que este trabajo inauguró su colaboración con el prestigioso sello de música clásica Deutsche Grammophon con un proyecto tan original como curioso, y sobre todo apartado de la trayectoria musical que había seguido el cantante hasta el momento: interpretar las melodías compuestas por John Dowland, músico inglés que vivió entre los siglos XVI y XVII.
La especialidad de Dowland eran las canciones melancólicas que componía musicando poemas anónimos. A la tarea de reinterpretarlas en pleno siglo XXI se aplica Sting con la complicidad del laudista bosnio Edin Karamazov, y ambos salen más que airosos. El disco alterna pasajes musicales con las canciones más reconocidas de Dowland e incluso la sobria voz de Sting dando lectura a pasajes de una carta del compositor inglés.
Reconvertido en trovador desde la inicial ‘Can she excuse my wrongs’, Sting se adapta a la perfección a lo que requieren las composiciones de Dowland. Los temas musicales hacen que viajemos al medievo con solo cerrar los ojos, meciéndonos en las cuerdas del laúd hasta sentir que nos hallamos en un palacio o catedral escuchando a los músicos de la corte.
Pero donde el disco alcanza sus momentos de mayor emotividad es en las canciones de Dowland, llenas de melancolía, desde el impresionante ‘Flow my tears (Lachrimae)’ hasta la sobrecogedora ‘In darkness let me dwell’ que cierra este trabajo, pasando por ‘Weep you no more, sad fountains’. En todas ellas se deja ver la capacidad de Dowland para tejer tristes melodías románticas, aunque también encontramos en ‘Songs from the labyrinth’ composiciones más luminosas e incluso humorísticas, como ‘Fine knacs for ladies’ o ‘Clear o cloudy’, donde Sting se permite soltarse un poco más, especialmente en ‘Come again’.
El ex de Police supera el reto con nota y logra que este disco suponga un viaje musical repleto de matices, en el que podemos descubrir unas composiciones de gran belleza. Siempre que uno tenga claro qué es lo que va a escuchar, claro.
jueves, 3 de febrero de 2011
Échate un cantecito, Kiko

Kiko Veneno siempre me ha caído bien. No sé, igual tiene algo que ver con que la primera imagen que tengo de él es la de un señor vestido de Frankenstein con enormes zapatones (cosas de ‘La bola de cristal’, los niños de ahora no sabéis lo que os perdisteis: mucho mejor que ‘Bob Esponja’).
Luego, pues uno fue descubriendo quien era este señor, que a él le debemos cosillas como el ‘Volando voy’ de Camarón (y buena parte del imprescindible ‘La leyenda del tiempo'), y que, por fortuna, siempre ha ido un poco a su aire, con esa manera tan personal de entender el flamenco, el pop… vamos, la música y el arte.
Este verano acabó la espera, cinco años después de ‘El hombre invisible’ nos regaló su último trabajo, ‘Dice la gente’, donde encontramos al mejor Kiko Veneno, no en vano sea tal vez su disco más inspirado, acercándose a ‘Échate un cantecito’ y ‘Está muy bien eso del cariño’, con los que nos deslumbró a principios de los 90.
En esta nueva entrega aparece su vena más bailable y alegre, en temas como el primer sencillo, ‘La rama de Barcelona’, o la estupenda ‘La chispa’ que abre el disco, por no hablar de canciones tan divertidas como su propio título: ‘El mosquito suicida’.
Pero también hallamos al Kiko Veneno más poético y melancólico, que brilla de una manera sencilla en joyas como ‘Dice la gente’ o esa declaración de amor a su tierra que es ‘Andalucía’, canciones que se disfrutan una y otra vez escuchándolas con todos los sentidos.
En este disco incluso hay tiempo para el Kiko Veneno más reivindicativo, con esa ‘Rumba de la crisis’ (‘las sardinas van cayendo pero el banco se salvó’) o ‘Cadena de oro’ (‘si tú me haces a mí lo que tu padre te hizo a ti, si yo le hago a mi hijo lo que tú me hiciste a mí, si mi hijo sólo aprende a seguir, a seguir y a seguir, dime: ¿quién va a romper la cadena?’). Pero siempre con salero y una sonrisa, claro, repartiendo optimismo a manos llenas en una época difícil como la que vivimos.
Ojalá no tarde cinco años más en echarse otro cantecito.
Ah, y no olvidéis echarle un vistazo a su blog, no tiene desperdicio.
jueves, 25 de noviembre de 2010
La ¿perfecta? simetría de Keane

Continúo poniéndome al día en cuestiones musicales. Y sí, tanto he tardado en escuchar el tercer disco de Keane, que ya tienen otro en el mercado. También es cierto que no me he dado mucha prisa por darle una oportunidad a ‘Perfect simmetry’ (2008) puesto que tras la obra maestra que fue el debut del trío, ‘Hopes and fears’ (2004), su siguiente ‘Under the iron sea’ (2006) fue un tanto plomizo y se quedó muy lejos de la calidad que habían demostrado en un primer momento.
¿Y qué encontramos en este tercer disco? Pues en primer lugar, la inclusión de guitarras, lo que rompe con una de las señas de identidad de la banda de Tom Chaplin, cuyo sonido se basaba exclusivamente en batería y teclados. Eso, y que el trío pasa a cuarteto con la llegada del bajista y percusionista Jesse Quinn. Todos ellos meten la directa desde los primeros compases de ‘Spiralling’, que abre espectacularmente el disco, y salvo ‘You don’t see me’, la primera balada de este trabajo, nos ofrecen su versión más rockera y épica, alejada del estilo más romántico y elegante de ‘Hopes and fears’, hasta que empiezan a sonar los primeros compases de 'Playing along'.
Y hasta ahí vamos bien, porque en los últimos cuatro temas reaparece la versión más meliflua y aburrida de Keane, con una sucesión de tiempos lentos entre los que sólo se salva ‘Black burning heart’. Posiblemente el tema más equilibrado, en el que encontramos todas las virtudes del grupo, sea el que le da título al álbum, y en cuanto a los más movidos, destacar los potentes ‘You haven’t told me anything’ y ‘Again and again’, sin olvidarnos de ‘Better tan this’.
Resumiendo, esta vez la banda brilla cuando se pone cañera y palidece cuando le da por las baladas. Keane apunta una clara recuperación tras ‘Under the iron sea’, pero aún le falta un poco para firmar una obra tan redonda como lo fue su debut. Veremos qué nos depara ‘Night train’.
Y para que veáis cómo suena 'Spiralling' en directo, os dejo con una actuación en Murcia de 2009 recogida por el programa de La 2 'No disparen al pianista'.
domingo, 21 de noviembre de 2010
Vamos a jugar a la casa del árbol

Vamos hoy con una de mis debilidades musicales, Marlango, más conocido como el grupo en el que canta la actriz Leonor Watling, esa chica que todo lo hace bien. En su último disco, ‘Life in the treehouse’, nos invitan a vivir con ellos en la casa del árbol, esa que todos construimos de pequeños con los amigos, ya sea en un auténtico árbol como Bart Simpson, o en cualquier rincón.
Ese es el propósito de este puñado de canciones, devolvernos a aquella época en la que fantaseábamos con los amigos viviendo nuestras pequeñas grandes aventuras, y tratar de recuperar aquel optimismo que nos poseía. Volver a un lugar donde todo es más sencillo y acogedor. Marlango crea la música perfecta para una casa del árbol, no sólo superando el bache de su anterior trabajo, sino firmando posiblemente sus piezas más inspiradas.
Fue en 2004 cuando Leonor Watling sorprendió a mucha gente al encabezar este proyecto de jazz-pop sofisticado, en el que la acompañaban Alejandro Pelayo y Óscar Ybarra. A la melancolía de aquel primer ‘Marlango’ (mi disco favorito de la banda) le siguió la mayor ambición de ‘Automatic imperfection’, donde la ahora cantante se mostraba mucho más segura que en su debut y se atrevía con composiciones más versátiles y arriesgadas.
Sin embargo, y pese al continuo crecimiento de Leonor Watling como cantante, su siguiente entrega, ‘The electrical morning’, es la que encontré más inaccesible, demasiado snob si se quiere. Aunque, eso sí, el disco contiene la mejor canción de su carrera, ‘Hold me tight’, con los coros de Jorge Drexler, pareja de la Watling. También es cierto que el disco mejoró en directo, donde (como he podido comprobar un par de veces) Marlango se crece y le saca el máximo partido a cada tema.
En ‘Life in the treehouse’ encontramos su disco más luminoso y alegre, en el que la voz de la cantante brilla como nunca, convirtiéndose en un arrullo que nos envuelve con sensaciones y pensamientos que nos hacen ver el vaso medio lleno. No es mi tema favorito precisamente ‘The long fall’, que sin embargo abre este viaje musical dejando bien claro hacia donde quiere llevarnos Marlango. Sí da en la diana plenamente, en cuanto a letra y música, ‘I don’t really want to know’, donde la voz de Leonor empieza a jugar en un ambiente de buenas vibraciones, antes de que ‘The answer’, con Rufus Wainwright, y sobre todo ‘Thank someone tonight’, sean las primeras palabras mayores del disco.
En esta última canción tenemos la primera colaboración en el disco de Jorge Drexler, que reaparece en un par de temas más, como ‘Play boy play’, en el que el grupo muestra su lado más juguetón, al igual que en ‘You won’t have me’. También hay momentos más melancólicos, como en ‘Let the sky fall’ y ‘I carry you’, himnos vitalistas llenos de esperanza, y con ‘Too many ways’ vuelven los ritmos más pegadizos. Así hasta lo que ya se ha convertido casi en una tradición, cerrar el disco con una nana, en esta ocasión más dulce que nunca tras la maternidad de Leonor.
jueves, 6 de mayo de 2010
Springsteen da nuevo brillo al folk norteamericano
The Boss brilla en este directo como pocas veces en su carrera, interpretando tanto temas propios como del cancionero folk norteamericano, y sobre todo, de Pete Seeger, al que ya homenajeó con el disco ‘We shall overcome: The Seeger Sessions’ y su versión ampliada. ‘Live in Dublin’ recoge varios de los conciertos que Springsteen dio en la ciudad irlandesa durante la gira de dichos trabajos, y en ellos se muestra más potente y espectacular que nunca, puro rock, con el formidable acompañamiento de The Sessions Band, reclutada expresamente para este proyecto tan singular.Resulta complicado destacar alguno de los 23 temas que componen el directo, ya que todos mantienen un nivel envidiable, convirtiendo el concierto en una auténtica fiesta de rock popular. Pero puestos a ello, para mí hay cuatro hits imprescindibles: ‘Further on (up the road)’, del propio Boss, que ya se ha convertido en una de mis canciones favoritas; los tradicionales ‘Jesse James’ y ‘Mrs. McGrath’, portentosos, y cómo no, ‘We shall overcome’, de Seeger, que resume a la perfección el sonido de este disco. Ah, y no nos olvidemos de ‘When the saints go marching in’, otra composición tradicional, mítica como pocas, versioneada aquí de manera sublime.
De lo mejorcito que Springsteen ha dado en los últimos años. Si eres fan disfrutarás como nunca, y si no, también.
domingo, 18 de abril de 2010
'Tan ligera como una pluma'







