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sábado, 28 de septiembre de 2013

'Agallas': duelo de galanes


Encuentro entre un galán veterano, Carmelo Gómez, y otro de la nueva hornada, Hugo Silva, creo que Agallas (2009) no acabó de destacar demasiado en la taquilla, y lo cierto es que al film se le nota la bisoñez de sus directores, Samuel Martín y Andrés Luque, aunque trata de apartarse un tanto de las convenciones del género.

La historia nos presenta a Sebastián, un joven delincuente de poca monta que acaba de salir de la cárcel, más bien con pocas luces pero mucha ambición, que intenta escalar posiciones en los turbios negocios del personaje encarnado por Carmelo Gómez, dueño de un próspero negocio de marisco, en realidad tapadera para el tráfico de coca.

Repito, lo mejor de la película acaba siendo cómo se aparta del desarrollo habitual de este tipo de argumento, donde vemos cómo el aspirante a delincuente va aprendiendo de su maestro, al que le recuerda cómo era él de joven, y al final se produce el lógico asalto al trono por parte del recién llegado. Pero en Agallas, además de recordarnos que siempre hay un pez más gordo, quieren sorprender al espectador, y desde luego lo consiguen con un desenlace realmente inesperado.

La película se deja ver, sin excesivos alardes, aunque sus apuntes cómicos le restan fuerza a la pura trama de cine negro. En cuanto a las interpretaciones, Hugo Silva, para quitarse el sanbenito de guaperas, se empeña en lucir una apariencia desastrada durante buena parte del metraje, incluso a costa de perder varios dientes, pero no acaba de dar todo lo que exige su papel. Tampoco realiza uno de sus mejores trabajos Carmelo Gómez, aunque para ser leonés consigue un acento gallego más que digno.

Quien sí está a la altura es Celso Bugallo, una vez más secundario de oro, quien le saca el máximo partido al guión haciendo que su personaje sea el único al que nos creemos de verdad y el que tiene las mejores líneas de diálogo en este digno intento de abordar, aunque tangencialmente, la mafia gallega.

El detalle: Seguro que en la época en la que se rodó esta película Carmelo Gómez brilló más en el teatro, donde ponía en escena Días de vino y rosas. Por cierto, lo que no se le da nada mal a Hugo Silva es cantar, ya que es él mismo quien pone voz al tema central de Agallas, que fue incluso nominado a los Goya.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Darín pone rostro al drama de los accidentes de tráfico



Carancho (2010) abre la fructífera colaboración entre el director Pablo Trapero y el actor Ricardo Darín, que continuó en Elefante blanco (2012). Ambos films cuentan también con la actriz Martina Gusman como coprotagonista y se caracterizan por denunciar algunas de las realidades más sangrantes de Argentina.

En el caso que nos ocupa, las alarmantes cifras de accidentes de tráfico y el negocio, no siempre legal, que se mueve en torno a las indemnizaciones. Luján es una joven doctora que empieza a trabajar en el turno de ambulancias. Así conoce al carancho del título, Sosa, que tras perder la licencia de abogado malvive trabajando para un bufete especializado en accidentes, dirigido como si de una banda mafiosa se tratara.

El bufete, como el ave de rapiña que da título al film, va a la caza y captura de quienes han sufrido accidentes de tráfico y, sin que lo sepan los clientes, se queda con la mayor parte de las indemnizaciones. Pero aún van más allá, provocando accidentes para cobrar el seguro.

El film aborda la historia de amor entre los dos protagonistas, que tratan de sostener algo bueno entre todo el caos y el horror en el que viven, pero no lo van a tener nada fácil. Película poco amable con el espectador, a ratos versión ultrarealista de Urgencias, se sustenta en el gran trabajo de sus dos intérpretes principales, aunque tal vez patina un tanto en el desenlace.

Valores cinematográficos aparte, lo mejor de Carancho es que reavivó el debate sobre la problemática que denuncia y consiguió cambios en las leyes al respecto.

domingo, 21 de abril de 2013

'Los últimos días': El apocalipsis en Barna



Buen debut el que se han marcado los hermanos David y Álex Pastor con Los últimos días, el segundo estreno español con tintes apocalípticos que se ha estrenado en los últimos meses. No voy a entrar en comparaciones, dado que aún no he visto Fin, pero aquí nos encontramos con una película que, sin mostrarnos nada original, al menos combina con bastante acierto drama y acción para convertirse en un sólido producto que huele a remake USA. Eso sí, claustrofóbicos, abstenerse.

Y es que Los últimos días nos sitúa en un futuro cercano en el que un virus provoca agorafobia, es decir, terror a los espacios abiertos, de manera que quien se contagia tiene miedo a salir al aire libre, y si lo hace sufre un ataque al corazón fatal. Esto ha llevado a que la gente no salga de los edificios y sobreviva como pueda.

La epidemia es global pero la acción se sitúa en una Barcelona devastada, de modo que ahora tenemos la respuesta a qué hubiera pasado si Amenábar hubiera rodado allí la famosa escena de Abre los ojos en la que aparecía el centro de Madrid desierto. El protagonista, encarnado por Quim Gutiérrez, se alía con otro personaje, interpretado por José Coronado, para con la ayuda de un GPS guiarse por el metro, alcantarillas y pasos subterráneos de la Ciudad Condal en busca de su novia.

Esta trama se alterna al principio con una serie de flashbacks, tal vez demasiado extensos, donde se narra el inicio de la epidemia y conocemos la vida de los protagonistas antes de que todo cambiara. Aquí es inevitable recordar The walking dead, donde, en este caso debido al virus zombi, los protagonistas también ven cómo su vida cambia por completo y todo se reduce a sobrevivir como puedan.

Los recelos hacia todo ser humano son también aquí moneda común, empezando por la relación entre los dos protagonistas, marcada por un pasado común bastante curioso y relacionado con la crisis actual. De hecho, la película puede verse como una metáfora sobre a dónde podemos llegar si no cambiamos nuestra manera de actuar.

Como decía al principio, con las dosis justas de acción y de momentos más dramáticos, reflexionando también sobre la soledad y si aún tiene sentido criar a un hijo en un mundo como este, el film se levanta principalmente sobre sus dos protagonistas. Quim Gutiérrez hace un sólido trabajo, pero es José Coronado quien se lleva la palma, y quien, por cierto, está mucho mejor aquí que en No habrá paz para los malvados, donde básicamente lucía look desaseado (aquí también) y la misma apatía durante todo el metraje.

Marta Etura, como la novia, resulta tan fresca y natural como siempre, y también tenemos a una de mis debilidades, Leticia Dolera, aunque sea en un pequeño papel. Por cierto que este último personaje ha sido más desarrollado en la novela La ciudad silenciosa, inspirada en la película.

Ah, y hasta tenemos un oso en una de las escenas más impresionantes del film, que no pasa a cotas superiores al optar por quedarse en un buen producto de acción en lugar de ahondar en los temas sobre los que podría reflexionar con mayor profundidad. El signo de los tiempos, me temo.


SPOILERS

Sin desvelar tampoco demasiado, tras un desenlace que nos recuerda al de El incidente de Shyamalan, aunque diría que aquí mejor resuelto, los años avanzan en un epílogo en el que parece que después de que nuestra generación pague por sus crímenes, la tierra es heredada por los hijos de quienes vivieron la epidemia, mientras la naturaleza recupera el dominio que le arrebató el hombre. Ahí es donde parece más claro el mensaje del film.

miércoles, 3 de abril de 2013

'Blancanieves', nasía pa' sufrir



Como le ocurrió a Spielberg tras La lista de Schlinder, le será difícil a Pablo Berger dejar atrás el recuerdo de su Blancanieves y encarar nuevos proyectos. Lo de rodar una película muda y en blanco y negro a estas alturas se antoja una operación oportunista tras el éxito de The artist, pero la cinta española acaba resultando bastante superior a la francesa que, más allá de la nostalgia, era correctita y poco más.

Tampoco es, probablemente, que Blancanieves sea para tirar demasiados cohetes, pero Berger logra en gran medida lo que se propone: contarnos un cuento, el de toda la vida, pasado por la estética de Cine de barrio, con sus toreros y sus folklóricas. Una apuesta que le podía haber generado detractores por su defensa a ultranza de la tauromaquia (resulta difícil encontrar un film donde se muestre el toreo como algo tan maravilloso), pero soslaya dicho riesgo haciendo que en todo el metraje, y por distintos motivos, no veamos la muerte de ningún toro, ya puestos, ni banderillas ni rejoneador, solo capotazos.

Por lo demás, y utilizando una pantalla cuadrada que nos retrotrae a épocas pasadas, donde el blu-ray ni se intuía, Berger se muestra maestro a la hora de narrar exclusivamente con las imágenes, aunque incurre en varios errores de bulto que no se excusan ni por tratarse de un cuento, y se ve lastrado por una banda sonora demasiado omnipresente y estridente en muchos momentos.

Sus mejores aliados son un reparto en estado de gracia, que demuestra que actuar no es solo recitar un guión, sino transmitir sentimientos con la mirada y la gestualidad. Son perfecta muestra de ello una Maribel Verdú que aquí tiene la oportunidad de ser ‘mala, pero mala, mala’, y una Macarena García que, en realidad, no interpreta, básicamente le basta con su extraordinaria naturalidad y unos ojazos inmensos que la convierten ahora mismo en el más bello rostro del cine español (y ahí tenéis la versión francesa del cartel, ya que la española ha preferido destacar a la madrastra). Aunque la revelación es la Blancanieves niña, Sofía Oria, que se come la pantalla y protagoniza, de lejos, los mejores momentos del film, cuando más lograda está la atmósfera de cuento, antes de que la película se vuelva definitivamente taurina.

Del resto del reparto destacan una Ángela Molina estelar, en lo que la dejan; un Pere Ponce  de cómic, otro tanto puede decirse de Josep Mª Pou, y un Daniel Giménez Cacho magnífico como el padre de Blancanieves. Y por supuesto los 7 enanitos, aunque a ‘Gruñón’ es inevitable ‘oírle’ con la voz de su Rompetechos. Lo mejor, el momento en el que uno de los enanitos se pone a contar… y es que aunque en el cartel se anuncian 7, solo son 6.

Berger acierta incluso con su final interpretable, que tal vez no sea el más agradecido para el espectador tras ver sufrir tanto a su heroína pero está cargado de poesía, además de servirle para homenajear al cine expresionista alemán en el tenebroso epílogo.

Film de atmósferas y de detalles, Berger nos regala un cuento terrorífico iluminado por la sonrisa de una niña, que nos recuerda que a veces la potencia de una imagen hace innecesarias las palabras.




SPOILERS

Con todo, Berger incurre en enormes errores de bulto, empezando por la pésima realización de la cogida del torero, donde se nota demasiado que el toro embiste a un muñeco. Muy lejos de Hable con ella. También resultan poco menos que ridículas las muertes de los personajes de Ángela Molina y Pere Ponce, a los que simplemente había que quitar de en medio, y Berger opta por lo que supongo que entiende como ‘golpes de humor’ pero que hasta en un cuento quedan como manchurrones que rompen el tono medio del film.

La trama también tiene alguna que otra inconsistencia (más) de guión, como ¿por qué Encarna espera tantos años para matar al torero? La única explicación es que había que dejar pasar los años para que la niña pudiera crecer y ser torera… O sea, porque sí. Igual que el cambio del enanito ‘malo’, que de golpe y porrazo señala a la asesina de Blancanieves… cuando lleva toda la película intentando cargársela él.

domingo, 17 de febrero de 2013

La crueldad a través de la mirada de un niño



A escasas horas de la entrega de los Goya, vamos con el repaso a la gran ganadora de hace dos años, Pa negre. Estamos ante una obra mayor, la culminación de la carrera de Agustí Villaronga, que fue doblemente premiado como guionista (adaptando una novela de Emili Teixidor) y director. Un cineasta poco complaciente, que ha ido siempre a la suya, con títulos difíciles de ver por la crudeza de sus imágenes. En Pa negre digamos que se ha ‘ablandado’, y como muestra de ello en la escena de la castración la cámara muestra el rostro de la víctima y no… Aunque sí deja su firma en el arranque, con un brutal crimen y las tripas de un caballo volando por el aire.

Truculencias aparte, Pa negre es algo así como la secuela oscura de La lengua de las mariposas. Si en aquella se nos mostraban los días previos al inicio de la guerra civil española a través de los ojos de un niño, y el metraje concluía con el estallido del conflicto, aquí es otro niño el que descubre las consecuencias del mismo en plena posguerra.

El gran acierto de Villaronga es captar esa mirada, convirtiendo la película en una suerte de cuento de pesadilla, donde el bosque o las casuchas donde viven los protagonistas, esconden fantasmas y maravillas. El crimen con el que arranca el film cambiará la vida del niño para siempre, sobre todo al relacionarse con un oscuro episodio del pasado de su padre, que se convertirá en uno de los ejes de la trama, mientras asistimos a cómo los vencedores abusan cuanto quieren de los vencidos. Y es que Franco no fue Mandela, precisamente.

Eso sí, tampoco los ‘rojos’ aparecen como ángeles puros, ya que estamos ante una de esas películas donde todos tienen algo de qué arrepentirse, y donde acaba siendo imposible que los niños se dediquen “solo a jugar y crecer, como deberían”, tal como dice uno de los protagonistas.

Pero Pa negre es mucho más. Como en toda obra de iniciación, también asistimos al primer amor del protagonista, al despertar sexual y al empezar a cuestionarse su vida y su futuro, de manera que al final, acabará siendo obligado a dejar la niñez mucho antes de lo que debería.

Al magistral trabajo de Villaronga se le suman las extraordinarias interpretaciones de cuantos aparecen en el film, empezando por dos actrices de raza, Nora Navas y Laia Marull, que obtuvieron los Goya a actriz principal y secundaria, respectivamente, y siguiendo por secundarios de lujo como EduardFernández o Sergi López (un poco repitiendo el papel de El laberinto del fauno). Pero quienes se adueñan de la pantalla son el chaval protagonista, Francesc Colomer, inmenso, y Marina Comas, que encarna a su joven y perturbadora prima.

En cualquier caso, tampoco hubiera pasado nada si el Goya a la mejor película hubiera ido a parar a También la lluvia o Lope, otros magníficos títulos de la cosecha de aquel año.

El detalle: Una de las notas positivas de que Pa negre se llevase el Goya a la mejor película fue que era el primer título en catalán que lo lograba, todo un avance hacia la normalización lingüística de España. Una lástima que anoche TVE optase por emitir la versión doblada al castellano, en la que las interpretaciones no son tan naturales. Imagino que se nota la mano del PP.



Y ahora vamos con mi quiniela de los Goya, es decir, los que creo que ganarán, no los que pienso que lo merezcan, porque los únicos estrenos españoles que he visto en el 2012 son The Pelayos y Madrid, 1987.

Película: Blancanieves. Habrá que ver si pesan más las ganas de emular a los Oscar con The Artist o la taquilla de Lo imposible.

Director: J. A. Bayona (Lo imposible). Me huelo reparto en las dos categorías principales, que igual va a la inversa.

Actor: José Sacristán, de calle.

Actriz: Maribel Verdú, qué leches.

Actor secundario: Antonio de la Torre, ya que no se llevará el principal.

Actriz secundaria: Ángela Molina, otro premio a una excepcional trayectoria.

domingo, 28 de octubre de 2012

'Salvador', mejor en la intimidad



Salvador Puig Antich (2006) nos cuenta una de las páginas más tristes de los últimos coletazos del franquismo: cómo un atracador de bancos, a quien movían motivos ideológicos, acaba convirtiéndose con 25 años en mártir de la lucha contra la dictadura al ser el último ajusticiado en nuestro país (marzo de 1974) por el horrendo método del garrote vil.

Salvador se incorporó al MIL (Movimiento Ibérico de Liberación), cuya manera de luchar contra la dictadura consistió básicamente en atracar bancos para repartir el dinero a los obreros. Su desorganización y amateurismo les hizo presa fácil de la policía, pero en el caso de Salvador, la mala suerte quiso que en el tiroteo que se produjo tras su detención no solo él resultase herido sino que un policía de 23 años muriese por sus disparos y los de otros policías. Sentenciado a pena de muerte en un proceso que en la actualidad su familia sigue pidiendo que se revise, lo normal en una época próxima a la transición hubiera sido el indulto, pero el asesinato de Carrero Blanco a manos de ETA le convirtió en el chivo expiatorio, y como dice el propio Salvador en el film: “Esa bomba también me ha matado a mí”.

Rodada originalmente en catalán y castellano, ha de agradecérsele que, en lo posible, huya del maniqueísmo. Ni se nos muestra a todos los policías, militares, etc. del aparato franquista como monstruos (ojo a Joaquín Hinojosa, impecable), ni al protagonista como un inocente angelito. Por otra parte, es en la primera mitad de la película, en la que tras la detención de Salvador se narra cómo ha llegado hasta ahí, donde esta más flojea y se nota que Manuel Huerga está más acostumbrado a dirigir documentales que ficción.

Por el contrario, la película funciona mejor en la intimidad, cuando se centra en el periodo que Salvador pasa en la cárcel, y sobre todo la larga espera de las últimas horas antes de ser ajusticiado, convirtiéndose junto a Pena de muerte, de Tim Robbins, en la cinta que mejor ha abordado las últimas horas de un condenado, y donde el toque español lo aporta un verdugo que por momentos recuerda al personaje encarnado por Pepe Isbert, limitándose a cumplir con su trabajo. Ahí es donde de verdad llega al espectador, para cerrar con su entierro, donde las imágenes de Huerga sí alcanzan la perfección que se le escapaba en la primera hora, culminando con unos planos que son pura poesía.

Y es que, más que a la hora de retratar el momento político y las motivaciones de Salvador, que también, el film brilla a la hora de abordar las relaciones humanas: la lucha del abogado de Salvador por evitar la ejecución de la pena, con uno de los mejores trabajos de Tristán Ulloa; la difícil relación entre Salvador y su padre, con un Celso Bugallo que vuelve a bordarlo pese a no tener apenas una línea de diálogo; y sobre todo las últimas horas que pasa con sus hermanas. Sin olvidar la escena en la que trata de convencer a la más pequeña para que se marche de España, posiblemente el mejor momento del film.

También tenemos un par de relaciones amorosas, la primera con la casta primera novia, a la que da vida de manera magistral, una vez más, LeonorWatling, y la segunda con la hippie que encarna Ingrid Rubio, que aporta poco más que alguna escena de cama.

Mención aparte para la relación que se establece entre Salvador y su carcelero, que pasa de ver en él a un asesino de policías a un buen chico que tal vez ha cometido algunos errores. Una subtrama cargada de tópicos si se quiere, desde los partidos de baloncesto a obligar al preso a hablar en español al principio para finalmente pedir que le dejen escribir una carta en catalán, pero que salva la labor de un casi irreconocible Leonardo Sbaraglia.

Como Salvador tenemos a Daniel Brühl, en el que posiblemente haya sido hasta ahora su mejor papel, con una interpretación que al igual que la película se crece a medida que transcurre el metraje, aunque no acapara tanto la pantalla como pudiera pensarse, ya que, ante todo, estamos ante una película coral con un reparto estelar de intérpretes catalanes, españoles e incluso internacionales.

Que a la postre Salvador solo se llevase el Goya al mejor guión adaptado (Lluís Arcarazo) se debe a que aquel fue uno de los mejores años que ha dado el cine español en los últimos tiempos: además de la cinta que nos ocupa estaban nominadas a mejor película Alatriste, El laberinto del fauno y Volver, la gran triunfadora de la noche, sin olvidar otros títulos tan destacados como Azuloscurocasinegro o Vete de mí.

El detalle: Uno de los momentos que mejor ilustran el momento histórico que aborda el film es cuando la plana mayor de los partidos de la oposición, imagino que lo que se convertirá en el PSOE y el PCE, son encarcelados, y uno de los carceleros le dice a su compañero “trátales bien, que vas a acabar trabajando para ellos”.

El detalle 2: Igual es mejor que paséis del tráiler, porque es como ver la película completa en dos minutos.

jueves, 5 de julio de 2012

Otra lección de Luppi... con una alumna a su altura



El martes pasaron por La 2 ‘El viento’ (2005), una película de la que no había oído hablar, pero me puse a verla porque la protagonizaba Federico Luppi, y eso siempre es un valor seguro. No me equivoqué. El actor argentino imparte una nueva clase magistral (y van), con un personaje intenso y austero a la vez, Frank, un hombre de 71 años, campesino en la Patagonia, que a la muerte de su hija viaja hasta Buenos Aires para comunicarle la noticia a su única nieta, Alina. Frank choca con la gran ciudad, en escenas que nos recuerdan al Paco Martínez Soria de ‘La ciudad no es para mí’, pero aquí sin ningún propósito cómico, mostrándonos los valores y la filosofía de vida de este hombre chapado a la antigua, que no se encuentra a gusto en la gran ciudad.

Pero lo mejor de ‘El viento’ es que Luppi encuentra un intérprete a su altura, la joven Antonella Costa, que encarna a su nieta, quien desde niña ha vivido el drama personal de no haber conocido a su padre, ya que su madre nunca se casó ni le dijo quien la había engendrado. Alina cree que fue una hija no deseada y está obsesionada con su origen. Al final, encontrará todas las respuestas, porque a eso es a lo que en realidad ha venido Frank, a ajustar todas las cuentas con el pasado.

Alina también se debate entre dos amores, el chico con el que lleva saliendo casi tres años y su jefe en el hospital donde trabaja, un hombre casado. Cuando descubra que tiene una falta, sin saber si en realidad está embarazada, creerá que se repite en ella la historia de su madre. El trabajo de Antonella Costa es impecable, dándole a su personaje todos los matices que requiere, y transmitiendo al espectador sus dudas y su calvario interior.

La labor de Luppi y Costa es extraordinaria, y a ella se confía Eduardo Mignogna, uno de los mejores directores argentinos y aquí también guionista, que opta por una narración directa, áspera y desnuda como pocas, repleta de silencios y miradas. Tal vez la única pega sea la subtrama del caso que atiende Alina en el hospital, que parece más relleno que otra cosa, pero el resto lo compensa todo, especialmente el tramo final, donde se resuelven todas las cuestiones pendientes y Luppi se adueña de la pantalla.

‘El viento’ es la clásica película que para unos es un mortal aburrimiento y para otros cine con mayúsculas. Huelga decir que me encuentro entre los últimos y que quien se halle entre los primeros haría bien en replantearse sus valores. El film queda también como legado de Mignogna, que falleció en el 2006 durante el rodaje de su siguiente cinta, 'La señal', basada en su propia novela, al igual que ya hizo con 'La fuga', encargándose su protagonista, Ricardo Darín, de finalizarla.

domingo, 27 de mayo de 2012

Darín nos cuenta un inofensivo cuento chino


Una de dos (o las dos): o en los últimos Goya estaban de saldo o yo me vuelvo cada vez más exigente. Ya dejé claro que la gran ganadora de la pasada edición, 'No habrá paz para los malvados', me pareció muy, muy sobrevalorada. Buen ejercicio de cine negro de toda la vida, pero sin pasarse. Y José Coronado tampoco hacía la interpretación de su vida, otra cosa es que cambiase por completo de registro y pillase a más de uno desprevenido. Volviendo a lo que íbamos, tampoco se lucieron demasiado con el premio a la mejor película hispanoamericana, que fue a parar a la argentina 'Un cuento chino'.

Ni mucho menos se trata de una mala película, todo lo contrario. Sebastián Borensztein escribe y dirige una fábula amable en la que se nos presenta, con un arranque impecable, a Roberto, un maduro solitario y refunfuñón, una suerte de cruce entre House y Scrooge, que vive como un ermitaño, atendiendo su ferretería y manteniendo costumbres fijas: siempre desayuna lo mismo, se acuesta invariablemente a las 23.00 horas... rehúsa cualquier relación social (especialmente con una amiga que no deja de tirarle los tejos), idolatra a sus padres fallecidos y tiene un curioso hobby: coleccionar historias sorprendentes aparecidas en la prensa.

Historias, que son de lo más divertido del film, aunque la tragedia siempre está presente en ellas, pero de la manera más inverosímil, como la del prólogo. En ella un joven chino se declara a su chica cuando una vaca le cae encima y la mata (escena muy bien aprovechada por el cartel italiano que tenéis arriba). El chino acaba viajando a Argentina en busca de un pariente, y solo, sin dinero y sin entender ni papa de argentino, acaba siendo recogido en la calle por Roberto, que empezará a mostrarnos que en realidad es un trozo de pan.

También acabaremos descubriendo, en una de las mejores escenas, los motivos que han llevado a Roberto a tener su particular visión del mundo y a encerrarse en sí mismo. Y como en tantas cintas norteamericanas, el chino acabará, más o menos, revolucionando el mundo de Roberto y haciéndole replantearse su manera de vivir. Lo cierto es que 'Un cuento chino' no pasa de film correcto y bienintencionado, pero tiene a su favor la presencia de Ricardo Darín, que asume el rol de Roberto y se echa toda la película a sus espaldas, aunque esta cinta no estará desde luego entre lo mejor de su filmografía... pero tampoco entre lo peor. 

Volviendo al inicio, al igual que 'No habrá paz para los malvados', 'Un cuento chino' es una buena película, sobre todo para los tiempos que corren, pero si eso es lo mejor que han dado el cine español y latinoamericano en el último año, mal vamos.

domingo, 20 de mayo de 2012

Hagan juego con los Pelayos


Tan olvidable como disfrutable, 'The Pelayos', la última propuesta del director Eduard Cortés, se ha convertido en una de las cintas más atractivas que ha dado la cartelera patria en lo que va de año. También recupera la mejor forma del cineasta catalán, una década después de su, posiblemente, mejor trabajo, 'La vida de nadie'.

La filmografía de Cortés es otra buena muestra de lo difícil que es hacer cine en nuestro país, y de que la televisión acaba siendo refugio o lugar de aprendizaje de numerosos directores. Cortés dio sus primeros pasos con un buen número de series vinculadas a la televisión autonómica catalana, TV3, como 'Oh Europa!' (1994), 'Sitges' (1996) o 'La memòria dels Cargols' (1999). Tras dar el salto a la gran pantalla con la magnífica 'La vida de nadie' (2002), tal vez el mejor trabajo de José Coronado e inspirada, como 'The Pelayos', en hechos reales, solo ha rodado un par de películas más y ha seguido más vinculado a la televisión, ya fuese con el apreciable telefilme 'El pallasso i el Führer' (2007) o, más recientemente, con las series de terror juvenil 'Hay alguien ahí' y 'Ángel o demonio'.

Nada que ver con la dramática 'La vida de nadie', en 'The Pelayos' Cortés aborda la historia de la familia de Gonzalo García-Pelayo, que se hizo famosa por desbancar casinos mediante un método legal, basado en las imperfecciones de la ruleta... que ya han sido corregidas. El director opta por un enfoque lúdico, dirigido a un público joven, y firma una comedia intrascendente pero efectiva, en la que el punto dramático lo ponen un curioso triángulo amoroso, la relación entre el patriarca de los Pelayo y su hijo, y el enfrentamiento con 'La Bestia', el director de un casino que se la tiene jurada a Gonzalo.

El principal 'pero' del film es que su propuesta acaba resultando banal, y al parecer la historia original podía haber dado para mucho más. Pero Cortés ha buscado la vía más comercial, y ahí ha de reconocérsele que ha logrado lo que pretendía: una comedia fresca y desenfadada que se disfruta de principio a fin.

En cuanto al reparto, Cortés ha equilibrado la presencia de actores solventes con la de otros que, más allá de su calidad, están ahí para atraer al público más juvenil. De ahí que entre los cuatro actores cuya imagen destaca más en el cartel publicitario estén Blanca Suárez ('El barco'), que apenas luce físico en un pequeño papel, y Miguel Ángel Silvestre ('Sin tetas no hay paraíso'), que borda el clásico papel de tonto descerebrado y bravucón. La aportación de 'El barco' se completa con Marina Salas, también con un breve papel, mientras que Vicente Romero ('Con el culo al aire'), vuelve a demostrar que lo suyo es la comedia.

Romero es sin duda el más destacado del reparto, junto a Eduard Fernández, que curiosamente ni aparece en los créditos del cartel. Él encarna a 'La Bestia', acaparando las escenas de mayor tensión dramática de la película, esas en las que apunta lo que podría haber sido de haber optado por otro enfoque. Fernández actúa además como némesis de los Pelayo, de modo que, por mucha comedia que hagan los demás, sin él no habría film.

En cuanto a los dos Pelayo principales, Lluís Homar como Gonzalo, sigue cumpliendo sobradamente, esperando que le den un papel en el que sacar todo el partido a sus dotes como actor. En cuanto a Daniel Brühl, ese chico que todo lo hace bien, se pone el sombrero y se echa la mayor parte de la película a sus espaldas, saliendo bastante airoso del envite.

Hagan juego, señores, y recuerden, esto no es Scorsese, es Monte Picayo.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Demasiado premio para los malvados



Ya es la segunda vez que lo digo en este blog, al final, igual deberían haberle dado los principales Goya a ‘La piel que habito’, no solo el (imprescindible) a Elena Anaya, lo mejor de la película, o el (más que prescindible) a Jan Cornet. Y es que la gran ganadora de la noche, ‘No habrá paz para los malvados’, está bastante sobrevalorada.

Cierto, la cinta de Urbizu es redonda y logra todo lo que se propone (por lo que sí merecía el Goya al mejor Director), pero la de Almodóvar, pese a sus altibajos y a estar muy lejos de lo que pretendía el manchego, ofrece momentos de gran cine y al menos se ha de reconocer que el director de ‘Volver’ se lanzó al vacío en busca de algo nuevo y diferente.

Por el contrario, la película protagonizada por José Coronado, de impecable factura, la hemos visto ya mil veces, no ofrece nada nuevo: solo una pieza solvente, pero poco más, de cine negro, con leves apuntes sobre el mal funcionamiento de la justicia en nuestro país… y un recital a cargo de su protagonista, que más que interpretar se metamorfosea en Santos, aunque sigo quedándome con otras interpretaciones del actor, como en ‘La vida de nadie’.

El hecho de que el pasado y las motivaciones de Santos no acaben de explicarse no afecta a la trama ni le resta hondura, aunque apenas proponga otra cosa que seguir los pormenores de dos investigaciones policiales: la que lleva a cabo el propio Santos, con imprevisibles consecuencias, y la de la juez, encarnada eficazmente (pero tal vez con excesiva frialdad) por Helena Miquel, la cantante de Delafe yLas Flores Azules.

Por lo que respecta al resto del reparto, Urbizu ha tirado de ‘El Barco’, con hasta cuatro de sus intérpretes, con un Juanjo Artero que aquí cumple (dado que no se le exige tanto como en la citada serie) y un ‘Gamboa’ tan impecable como de costumbre. Por lo demás, también tenemos a Rodolfo Sancho, en un papel poco trabajado en el guión, que al fin y al cabo lo fía todo a Santos, el clásico policía que pese a haber caído en los infiernos, no ha perdido su olfato de sabueso.

Aunque lejos de 'La caja 507' o 'La vida mancha' (y en ambas Coronado estaba aún mejor), Urbizu muestra su buena mano de artesano en ‘No habrá paz para los malvados’ y factura otro thriller sin peros, pero aburrido. Y si esto es lo mejor que puede hacer el cine español… mal vamos.

jueves, 9 de febrero de 2012

El enigma de Eva




Debut más que prometedor el de Kike Maíllo, otro de los talentos salidos de la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Catalunya (ESCAC), que nos ofrece una propuesta inédita, o casi, en el cine español: un film de ciencia ficción en el que lo que lo importante son los sentimientos. La dirección es posiblemente lo mejor de esta película, en la que el guión acaba siendo menos potente de lo que debería, y tal vez apenas esboza lo que quiere contar, pero Maíllo muestra habilidad para atrapar al espectador e involucrarle en lo que le está contando.

No le falta ambición al argumento, que se acerca a la ‘I.A.’ de Spielberg en su reflexión acerca de qué diferenciaría a humanos y robots si estos pudiesen sentir, y si es posible lograrlo. Todo ello partiendo del regreso de un experto en robótica a su ciudad de origen, una década después de dejar a su novia, ahora casada con su hermano y madre de una niña… de 10 años.

La escasa duración de la cinta, una hora y media, tal vez no permite profundizar bastante en los temas que plantea el argumento, aunque por otro lado evita alargar innecesariamente la trama. Lo que no tengo nada claro es que el prólogo beneficie a la película. Su función es enganchar de inmediato al espectador, pero creo que adelanta demasiado sobre lo que va a ocurrir a continuación, restando parte de la sorpresa y provocando que el espectador esté demasiado pendiente de cómo se va a llegar a esa escena.

Daniel Brühl acaba echándose sobre sus hombros la película, en la que Marta Etura, y sobre todo Alberto Amman, aparecen con cuentagotas. Al menos Brühl transmite las dudas y todo lo que siente su personaje, y tiene como partenaire de lujo a la niña Claudia Vega, que se hubiera llevado un Goya de no haber cambiado las normas de los premios. Está fantástica como Eva, y sus escenas con Brühl son lo mejor del film, tal como era de prever. Ah, y no os perdáis a Lluís Homar y el gato mecánico, menuda pareja cómica.

La cinta también tiene a su favor una estupenda banda sonora, incluyendo un tema de Bowie que convierte una escena en inolvidable. Sumémosle a ello los títulos de crédito más bellos del cine español, y el apagado de un ordenador más emotivo desde el de HAL en ‘2001’. Son palabras mayores, pero aquí están a la altura, o incluso lo superan.

PD1: El frío de estas semanas es perfecto para ver una película en la que la pantalla casi siempre está cubierta de nieve.

PD2: Y con todo, pueden empezar a darle todos los Goya a ‘La piel que habito’, porque pese a estar lejos de lo que pretendía Almodóvar, y ser bastante más irregular que ‘Eva’, va a resultar que ha sido lo mejor del cine español en el último año.

Y ahora vamos con algunos SPOILERS



No se aclara en ningún momento por qué se fue el personaje de Brühl 10 años atrás, lo que le resta fuerza a la parte dramática y frustra al espectador, que está esperando que se aclare qué es lo que ocurrió entre el trío protagonista en el pasado. Al final, parece presuponerse que el protagonista prefirió seguir investigando y dejó a su novia, que acabó casándose con su hermano, sin que hubiera un hecho dramático que explicara la marcha y la separación de los tres.

Lo mejor del guión y del trabajo de Maíllo es como despistan a todo el mundo con el triángulo amoroso y la posibilidad de que Eva sea hija del protagonista, mientras se va dando toda la información sobre el trabajo de este con los robots de manera que el espectador la sitúa en un segundo plano, pero le da todas las claves para entender el desenlace. Bien es cierto que, si te planteas esa alternativa a la más factible, como hice yo desde el primer minuto, se comprende mejor todo lo que plantea la película, aunque el final no sorprende tanto… pero emociona igual.

‘¿En qué piensas cuando cierras los ojos?’. Pues anda que no estaba claro, desde la primera vez que suena la frase con los caballitos, que acabaría usándose para algo mucho más decisivo…

Por lo demás, la última escena es bastante interpretable: ¿es el sueño imposible del protagonista, o significa que ha culminado su obra y las ha recuperado a las dos… como hizo con su gato?

PD3: Sí, Brühl, sin darse cuenta, elige a un robot como modelo para otro robot.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Almodóvar se pasa de minimalista

Dejemos claro para empezar que ni soy de los que abominan de lo último de Almodóvar ni me parece una obra maestra. Como me suele pasar, me quedo en un término medio, pero también vaya por delante que estamos ante una de las peores películas del manchego, sin que ello suponga que es un despropósito.

Sencillamente, lo que le ha ocurrido al director de ‘Todo sobre mi madre’ es que se ha pasado de minimalista. Como ya ocurría en alguno de sus filmes anteriores (estoy pensando en ‘Hable con ella’), Almodóvar parte de una idea extrema, y en este caso llena de posibilidades. Su error es haber convertido ‘La piel que habito’ (magnífico título, por otra parte), en un ejercicio de contención, en el que no solo ha reducido la puesta en escena, sino también personajes y argumento, a la mínima expresión, quedándose muy lejos de lo que podía haber dado de sí la historia.

Esta es una de las escasas ocasiones en las que Almodóvar no ha partido de un guión propio, sino de una novela que llevaba años queriendo adaptar, y eso puede explicar en parte lo ocurrido. Estamos, también, ante el film menos almodovariano de su carrera, en el que su estilo narrativo y visual apenas se reconoce, con una frialdad que se adueña de cada plano y que posiblemente contribuye a alejar al espectador de lo que se está contando.

Tampoco beneficia al resultado final la interpretación de Banderas, demasiado contenido y frío, y no hablemos de la actuación de Roberto Álamo, que siempre me ha parecido buen actor, pero aquí está, sencillamente, horrible (por no hablar de que el origen brasileño de los personajes centrales no parece tener sentido alguno ni aportar nada a la historia). Se salvan Elena Anaya, que acaba siendo lo único bueno de la película, la única que parece haber entendido su papel, y Marisa Paredes, que podría haber dado más de sí con más minutos en pantalla. Es lo que le ocurre al plantel de secundarios, desde Eduard Fernández a Bárbara Lennie, pasando por José Luis Gómez, encarnando a personajes que apenas son apuntes de posibles líneas argumentales.

En definitiva, Almodóvar no ha sabido para dónde tirar y ha quedado muy lejos de sus propósitos, aunque tampoco entiendo que el público se ría en determinados momentos. Tal vez eso evidencia que el director no ha sabido contar la historia como quería y transmitirla al espectador, pero también me parece que hay quien pone demasiado poco de su parte.

Y ahora pasamos a la crítica con SPOILER, porque aquí hay uno, y gordo.

Y es que, de lo que trata ‘La piel que habito’, es de la venganza de un hombre, un cirujano genial, que convierte al violador de su hija en una mujer y prueba en ella una piel artificial de su invención, con la que hubiera podido salvar la vida de su mujer, quemada en un accidente de coche…

…solo que le pone la cara de su mujer y acaba enamorándose de ella. Todo este proceso se prolonga durante seis años y se narra mediante un largo flashback que es la parte central de la película y la mejor, cambiando el sentido de todo lo visto hasta ese momento. Queda para el desenlace descubrir los sentimientos de Vicente-Vera: si también se ha enamorado de su captor y acepta que ahora es una mujer, o como al principio, solo busca huir.

La idea podía haber dado mucho de sí, pero Almodóvar se centra demasiado en ese proceso de transformación. Tras un arranque que nos sitúa, y en el que solo sabemos que una joven es utilizada como conejillo de indias por el cirujano, viene la parte de Roberto Álamo, que agota la paciencia del más benévolo, y luego llega la revelación. Insisto, el director dedica demasiados minutos a los pormenores de la transformación física y no profundiza lo necesario en la psique de los dos personajes centrales.

Hay momentos en los que sí logra su propósito, como la magnífica escena en la que, una vez completada la transformación, y tras recibir el nombre de Vera, Vicente se niega a aceptar que ya es una mujer y destroza los vestidos que le ofrece el cirujano hasta convertirlos en cientos de retales que luego hace desaparecer con una aspiradora, como borrando por completo el hecho de que ahora su cuerpo, la piel que habita, es la de una mujer. O cuando Vera descubre en el yoga un método para olvidar la realidad y alcanzar su yo más íntimo, el hombre que era. O ese diario que escribe en la pared.

Pero, a diferencia de lo que ocurría en ‘Hable con ella’ y en el resto de la filmografía de Almodóvar, aquí apenas hay dos personajes mal explicados y apenas hay historias, apenas pasa nada. A la cinta, excesivamente teatral a ratos, le sobra media hora como mínimo, y aún así se queda en un mero ejercicio de estilo, en el que ha fallado, ante todo, el guión.

PD: No quiero ni imaginar qué hubiera pasado si en lugar de la Anaya hubiera estado Penélope Cruz, a la que solo el embarazo le impidió asumir el papel de Vera…

PD2: Y sin que tenga nada que ver, nos ha dejado Jordi Dauder, soberbio actor, del que podemos decir, sin que la comparación sea en absoluto descabellada, que era el Fernán Gómez catalán. Decir que su trayectoria ha sido extensa es quedarse muy corto, aunque en mi caso le descubrí, y para mí siempre será ese personaje, como el patriarca Mateu en la mítica ‘Nissaga de poder’, el mejor culebrón de TV3. En los últimos años le habían llovido todos los reconocimientos posibles, incluido el Goya al Mejor Actor Secundario por ‘Camino’. Hasta siempre, Mateu.

miércoles, 1 de junio de 2011

Barroso borda el cine negro

Reconozco que el cartel de la película no me mata demasiado, ni ese slógan de ‘Viajó muy lejos en busca de su pasado pero sólo encontró una ciudad corrupta’. Lo que sí es una verdad como un puño es que ‘Hormigas en la boca’ (2005) es ‘Un clásico del cine negro’.

La primera película de Mariano Barroso desde ‘Kasbah’ (2000) (si exceptuamos un telefilme en los USA) y para mí la primera desde la magnífica ‘Éxtasis’ (1995), con aquel duelo entre Javier Bardem y Federico Luppi, es de lo mejorcito del director, que desde su espectacular debut con ‘Mi hermano del alma’ (1993) (allí el duelo era entre Juanjo Puigcorbé y Carlos Hipólito) ha demostrado tener gran habilidad para las tramas policíacas.

‘Hormigas en la boca’ recuerda poderosamente a los mejores clásicos del cine negro de los 40, y su ambientación en una Cuba a punto de vivir el triunfo de la revolución le hace aún ganar más interés. Sobre todo dado que la recreación histórica es de 10, te la crees como en las películas de Hollywood, algo poco habitual en el cine español.

Barroso también tiene como perfectos aliados a un reparto en estado de gracia. Imposible imaginar la película sin Eduard Fernández, omnipresente durante todo el metraje, o Ariadna Gil, bella y enigmática como nunca. Y con secundarios de lujo como José Luis Gómez y Jorge Perugorría, que sorprende con un cambio de registro.

La trama arranca con la salida de prisión del protagonista, Martín, en la España franquista, 8 años después de haber atracado un banco. A Cuba viaja en busca de su novia, Julia, el personaje interpretado por Ariadna Gil, que al parecer en lugar de ayudarle a escapar de la cárcel se fugó con el dinero del atraco. Entre flashbacks de ese pasado Martín trata de desentrañar el misterio que rodea a Julia, muerta poco después de llegar a Cuba, y al dinero que se llevó. El tío de Julia le encarga a Martín un ‘trabajito’ y como es norma en el género, todo se irá enredando. Las apariencias engañan, y por supuesto hay una mujer fatal.

La trama no decae, los actores están perfectos y Barroso lleva las riendas con maestría… a excepción, curiosamente, del momento clave de la película. Pero como es spoiler, solo daré una pista después del tráiler. Lo dicho: cine negro del mejor.




SPOILER: Quien haya visto 'Laura' no necesita más explicaciones, lástima que Barroso no anda tan fino en ese momento clave.

jueves, 17 de marzo de 2011

Y los jueves, toca milagro (según Berlanga)

Tenía pendiente rendirle el debido homenaje a Luis García Berlanga desde su fallecimiento, y al final he cumplido con mi primer visionado de una de las joyas de su periodo dorado, ‘Los jueves, milagro’, que subo al blog en plena semana fallera. Obra un tanto menor en comparación con las dos cumbres de su carrera, ‘Bienvenido, míster Marshall’ y ‘El verdugo’, coincide con ambas en la intervención del irrepetible Pepe Isbert, si bien este, como la película, está magnífico, pero lejos de sus interpretaciones en los dos films ya mencionados.

Pieza central del inspirado quinteto que empieza y acaba con dichas películas y se completa con ‘Calabuch’ y ‘Plácido’, la cinta a la que más recuerda la que nos ocupa es la primera de todas ellas, con un pequeño pueblo olvidado convertido en escenario y la mayor parte de sus vecinos en personajes. También es similar el arranque, con los preparativos, en un caso del recibimiento a los americanos, y en el otro de un milagro artificial.

Y por supuesto también tenemos un extenso reparto coral, e incluso multinacional, en el que junto a Isbert brillan en papeles secundarios unos jovencísimos José Luis López Vazquez (aún sin su sonsonete característico) y Manuel Alexandre, de lo mejorcito del film.


‘Los jueves, milagro’ se divide en dos partes claramente diferenciadas. En la primera, la más cómica, asistimos a un sainete en el que los empresarios de una pequeña población escenifican un falso milagro para que el balneario local, antiguo motor económico, recupere notoriedad y vuelva a hacerles ricos. Esta parte evidencia el talento de Berlanga para este tipo de comedia, en la que la agilidad de los diálogos y la categoría de los intérpretes resultan decisivos.


La segunda parte arranca con la aparición de un nuevo y misterioso personaje que conoce el secreto del falso milagro y empieza a manipular a sus autores sin que estén claros sus fines. Este tramo del film mantiene, sobre todo al principio, el tono de comedia, pero va virando poco a poco hasta un desenlace cada vez más dramático, convirtiéndose en una fábula en la que el cineasta aprovecha para reflexionar sobre el poder de la fe y alertar de las consecuencias que puede tener aprovecharse de ella… o de aquellos a quienes se hace creer en algo.


No resulta extraño que la película, pese a su apariencia de juguete cómico, molestase a la Iglesia católica en pleno franquismo, y que la censura rechazase los dos siguientes guiones de Berlanga, que tardó cuatro años en volver a dirigir… y ser nominado al Oscar a la Mejor Película Extranjera con ‘Plácido’.

El detalle cinéfilo: Dejando de lado las evidentes influencias de la cinta italiana ‘Milagro en Milán’, no ya en este film, sino en buena parte de la filmografía berlanguiana, resulta impagable ver a ‘Luisito’ Varela, el ‘dire’ de ‘Camera Café’, a quien su archiconocido ‘¡A la p**a calle!’ le ha dado la popularidad que siempre ha merecido, como un crío de 10 ó 12 años, pero con la misma cara que tiene ahora.