sábado, 28 de septiembre de 2013
'Agallas': duelo de galanes
miércoles, 15 de mayo de 2013
Darín pone rostro al drama de los accidentes de tráfico
domingo, 21 de abril de 2013
'Los últimos días': El apocalipsis en Barna
miércoles, 3 de abril de 2013
'Blancanieves', nasía pa' sufrir
domingo, 17 de febrero de 2013
La crueldad a través de la mirada de un niño
domingo, 28 de octubre de 2012
'Salvador', mejor en la intimidad
jueves, 5 de julio de 2012
Otra lección de Luppi... con una alumna a su altura
domingo, 27 de mayo de 2012
Darín nos cuenta un inofensivo cuento chino
domingo, 20 de mayo de 2012
Hagan juego con los Pelayos
miércoles, 14 de marzo de 2012
Demasiado premio para los malvados
jueves, 9 de febrero de 2012
El enigma de Eva
domingo, 18 de septiembre de 2011
Almodóvar se pasa de minimalista

Dejemos claro para empezar que ni soy de los que abominan de lo último de Almodóvar ni me parece una obra maestra. Como me suele pasar, me quedo en un término medio, pero también vaya por delante que estamos ante una de las peores películas del manchego, sin que ello suponga que es un despropósito.
Sencillamente, lo que le ha ocurrido al director de ‘Todo sobre mi madre’ es que se ha pasado de minimalista. Como ya ocurría en alguno de sus filmes anteriores (estoy pensando en ‘Hable con ella’), Almodóvar parte de una idea extrema, y en este caso llena de posibilidades. Su error es haber convertido ‘La piel que habito’ (magnífico título, por otra parte), en un ejercicio de contención, en el que no solo ha reducido la puesta en escena, sino también personajes y argumento, a la mínima expresión, quedándose muy lejos de lo que podía haber dado de sí la historia.
Esta es una de las escasas ocasiones en las que Almodóvar no ha partido de un guión propio, sino de una novela que llevaba años queriendo adaptar, y eso puede explicar en parte lo ocurrido. Estamos, también, ante el film menos almodovariano de su carrera, en el que su estilo narrativo y visual apenas se reconoce, con una frialdad que se adueña de cada plano y que posiblemente contribuye a alejar al espectador de lo que se está contando.
Tampoco beneficia al resultado final la interpretación de Banderas, demasiado contenido y frío, y no hablemos de la actuación de Roberto Álamo, que siempre me ha parecido buen actor, pero aquí está, sencillamente, horrible (por no hablar de que el origen brasileño de los personajes centrales no parece tener sentido alguno ni aportar nada a la historia). Se salvan Elena Anaya, que acaba siendo lo único bueno de la película, la única que parece haber entendido su papel, y Marisa Paredes, que podría haber dado más de sí con más minutos en pantalla. Es lo que le ocurre al plantel de secundarios, desde Eduard Fernández a Bárbara Lennie, pasando por José Luis Gómez, encarnando a personajes que apenas son apuntes de posibles líneas argumentales.
En definitiva, Almodóvar no ha sabido para dónde tirar y ha quedado muy lejos de sus propósitos, aunque tampoco entiendo que el público se ría en determinados momentos. Tal vez eso evidencia que el director no ha sabido contar la historia como quería y transmitirla al espectador, pero también me parece que hay quien pone demasiado poco de su parte.
Y ahora pasamos a la crítica con SPOILER, porque aquí hay uno, y gordo.
Y es que, de lo que trata ‘La piel que habito’, es de la venganza de un hombre, un cirujano genial, que convierte al violador de su hija en una mujer y prueba en ella una piel artificial de su invención, con la que hubiera podido salvar la vida de su mujer, quemada en un accidente de coche…
…solo que le pone la cara de su mujer y acaba enamorándose de ella. Todo este proceso se prolonga durante seis años y se narra mediante un largo flashback que es la parte central de la película y la mejor, cambiando el sentido de todo lo visto hasta ese momento. Queda para el desenlace descubrir los sentimientos de Vicente-Vera: si también se ha enamorado de su captor y acepta que ahora es una mujer, o como al principio, solo busca huir.
La idea podía haber dado mucho de sí, pero Almodóvar se centra demasiado en ese proceso de transformación. Tras un arranque que nos sitúa, y en el que solo sabemos que una joven es utilizada como conejillo de indias por el cirujano, viene la parte de Roberto Álamo, que agota la paciencia del más benévolo, y luego llega la revelación. Insisto, el director dedica demasiados minutos a los pormenores de la transformación física y no profundiza lo necesario en la psique de los dos personajes centrales.
Hay momentos en los que sí logra su propósito, como la magnífica escena en la que, una vez completada la transformación, y tras recibir el nombre de Vera, Vicente se niega a aceptar que ya es una mujer y destroza los vestidos que le ofrece el cirujano hasta convertirlos en cientos de retales que luego hace desaparecer con una aspiradora, como borrando por completo el hecho de que ahora su cuerpo, la piel que habita, es la de una mujer. O cuando Vera descubre en el yoga un método para olvidar la realidad y alcanzar su yo más íntimo, el hombre que era. O ese diario que escribe en la pared.
Pero, a diferencia de lo que ocurría en ‘Hable con ella’ y en el resto de la filmografía de Almodóvar, aquí apenas hay dos personajes mal explicados y apenas hay historias, apenas pasa nada. A la cinta, excesivamente teatral a ratos, le sobra media hora como mínimo, y aún así se queda en un mero ejercicio de estilo, en el que ha fallado, ante todo, el guión.
PD: No quiero ni imaginar qué hubiera pasado si en lugar de la Anaya hubiera estado Penélope Cruz, a la que solo el embarazo le impidió asumir el papel de Vera…
PD2: Y sin que tenga nada que ver, nos ha dejado Jordi Dauder, soberbio actor, del que podemos decir, sin que la comparación sea en absoluto descabellada, que era el Fernán Gómez catalán. Decir que su trayectoria ha sido extensa es quedarse muy corto, aunque en mi caso le descubrí, y para mí siempre será ese personaje, como el patriarca Mateu en la mítica ‘Nissaga de poder’, el mejor culebrón de TV3. En los últimos años le habían llovido todos los reconocimientos posibles, incluido el Goya al Mejor Actor Secundario por ‘Camino’. Hasta siempre, Mateu.
miércoles, 1 de junio de 2011
Barroso borda el cine negro
Reconozco que el cartel de la película no me mata demasiado, ni ese slógan de ‘Viajó muy lejos en busca de su pasado pero sólo encontró una ciudad corrupta’. Lo que sí es una verdad como un puño es que ‘Hormigas en la boca’ (2005) es ‘Un clásico del cine negro’.
La primera película de Mariano Barroso desde ‘Kasbah’ (2000) (si exceptuamos un telefilme en los USA) y para mí la primera desde la magnífica ‘Éxtasis’ (1995), con aquel duelo entre Javier Bardem y Federico Luppi, es de lo mejorcito del director, que desde su espectacular debut con ‘Mi hermano del alma’ (1993) (allí el duelo era entre Juanjo Puigcorbé y Carlos Hipólito) ha demostrado tener gran habilidad para las tramas policíacas.
‘Hormigas en la boca’ recuerda poderosamente a los mejores clásicos del cine negro de los 40, y su ambientación en una Cuba a punto de vivir el triunfo de la revolución le hace aún ganar más interés. Sobre todo dado que la recreación histórica es de 10, te la crees como en las películas de Hollywood, algo poco habitual en el cine español.
Barroso también tiene como perfectos aliados a un reparto en estado de gracia. Imposible imaginar la película sin Eduard Fernández, omnipresente durante todo el metraje, o Ariadna Gil, bella y enigmática como nunca. Y con secundarios de lujo como José Luis Gómez y Jorge Perugorría, que sorprende con un cambio de registro.
La trama arranca con la salida de prisión del protagonista, Martín, en la España franquista, 8 años después de haber atracado un banco. A Cuba viaja en busca de su novia, Julia, el personaje interpretado por Ariadna Gil, que al parecer en lugar de ayudarle a escapar de la cárcel se fugó con el dinero del atraco. Entre flashbacks de ese pasado Martín trata de desentrañar el misterio que rodea a Julia, muerta poco después de llegar a Cuba, y al dinero que se llevó. El tío de Julia le encarga a Martín un ‘trabajito’ y como es norma en el género, todo se irá enredando. Las apariencias engañan, y por supuesto hay una mujer fatal.
La trama no decae, los actores están perfectos y Barroso lleva las riendas con maestría… a excepción, curiosamente, del momento clave de la película. Pero como es spoiler, solo daré una pista después del tráiler. Lo dicho: cine negro del mejor.
SPOILER: Quien haya visto 'Laura' no necesita más explicaciones, lástima que Barroso no anda tan fino en ese momento clave.
jueves, 17 de marzo de 2011
Y los jueves, toca milagro (según Berlanga)

Tenía pendiente rendirle el debido homenaje a Luis García Berlanga desde su fallecimiento, y al final he cumplido con mi primer visionado de una de las joyas de su periodo dorado, ‘Los jueves, milagro’, que subo al blog en plena semana fallera. Obra un tanto menor en comparación con las dos cumbres de su carrera, ‘Bienvenido, míster Marshall’ y ‘El verdugo’, coincide con ambas en la intervención del irrepetible Pepe Isbert, si bien este, como la película, está magnífico, pero lejos de sus interpretaciones en los dos films ya mencionados.
Pieza central del inspirado quinteto que empieza y acaba con dichas películas y se completa con ‘Calabuch’ y ‘Plácido’, la cinta a la que más recuerda la que nos ocupa es la primera de todas ellas, con un pequeño pueblo olvidado convertido en escenario y la mayor parte de sus vecinos en personajes. También es similar el arranque, con los preparativos, en un caso del recibimiento a los americanos, y en el otro de un milagro artificial.
Y por supuesto también tenemos un extenso reparto coral, e incluso multinacional, en el que junto a Isbert brillan en papeles secundarios unos jovencísimos José Luis López Vazquez (aún sin su sonsonete característico) y Manuel Alexandre, de lo mejorcito del film.
‘Los jueves, milagro’ se divide en dos partes claramente diferenciadas. En la primera, la más cómica, asistimos a un sainete en el que los empresarios de una pequeña población escenifican un falso milagro para que el balneario local, antiguo motor económico, recupere notoriedad y vuelva a hacerles ricos. Esta parte evidencia el talento de Berlanga para este tipo de comedia, en la que la agilidad de los diálogos y la categoría de los intérpretes resultan decisivos.
La segunda parte arranca con la aparición de un nuevo y misterioso personaje que conoce el secreto del falso milagro y empieza a manipular a sus autores sin que estén claros sus fines. Este tramo del film mantiene, sobre todo al principio, el tono de comedia, pero va virando poco a poco hasta un desenlace cada vez más dramático, convirtiéndose en una fábula en la que el cineasta aprovecha para reflexionar sobre el poder de la fe y alertar de las consecuencias que puede tener aprovecharse de ella… o de aquellos a quienes se hace creer en algo.
No resulta extraño que la película, pese a su apariencia de juguete cómico, molestase a la Iglesia católica en pleno franquismo, y que la censura rechazase los dos siguientes guiones de Berlanga, que tardó cuatro años en volver a dirigir… y ser nominado al Oscar a la Mejor Película Extranjera con ‘Plácido’.
El detalle cinéfilo: Dejando de lado las evidentes influencias de la cinta italiana ‘Milagro en Milán’, no ya en este film, sino en buena parte de la filmografía berlanguiana, resulta impagable ver a ‘Luisito’ Varela, el ‘dire’ de ‘Camera Café’, a quien su archiconocido ‘¡A la p**a calle!’ le ha dado la popularidad que siempre ha merecido, como un crío de 10 ó 12 años, pero con la misma cara que tiene ahora.










