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jueves, 4 de abril de 2024

Justified / Bosch: Dos caras de la ley


 

En 2010 en FX y en 2022 en una Amazon que daba los primeros pasos en las plataformas audiovisuales arrancaron  sendas series que partían de la misma premisa: un policía mata a un delincuente en acto de servicio. A partir de ahí, dos producciones diferentes, pero ambas con sello propio.

La más antigua era Justified, cuyo título alude a que la muerte del primer delincuente estaba justificada. Aquí sí hablamos realmente de un policía de gatillo fácil, un tal Raylan Givens, que si bien vive en nuestros días, viste como un cowboy y se comporta como tal, de ahí el subtítulo de la serie, La ley de Raylan. A ello se suma el escenario, Kentucky, a donde es enviado Raylan como castigo, esa América profunda de paletos que se acuestan con sus primas, por acudir al cliché, que remacha el ambiente de western.

La otra serie, Bosch, está protagonizada por Harry Bosch, un policía de Homicidios en Hollywood que vive en un lujoso ático con vistas increíbles. Más serio e introspectivo, también es de los que van a la suya, aunque eso implique darle un puñetazo a algún superior. Lo de llevarse mal con los jefes también se le da bien a Raylan, que como Bosch tiene ciertos traumas relacionados con sus progenitores, en su caso un padre al otro lado de la ley, en el de Bosch la trágica muerte de su madre, de la que no desvelaremos más, unido a su posterior paso por el orfanato. Vamos, que ninguno tuvo una infancia feliz, y a ello Bosch suma que tampoco se le da bien ser padre con una hija que vive en California.


Ambas series parten de unos cimientos sólidos en forma literaria. Raylan es un personaje surgido de la pluma de Elmore Leonard, uno de los mejores autores contemporáneos de novela negra norteamericana, a quien podríamos emparentar por algunas de sus características con el estilo Tarantino, de hecho el director adaptó una de sus novelas, Jackie Brown, en la que me sigue pareciendo su película más redonda.

Bosch, a su vez, protagoniza una larga serie de novelas de Michael Connelly, que al igual que Leonard figura como productor de su adaptación televisiva.

Y ambos personajes encontraron al actor perfecto para encarnarlos. En el caso de Raylan, Timothy Oliphant, que acababa de ver cancelada la magistral Deadwood y encontró la excusa para seguir poniéndose el sombrero de vaquero, aunque su personaje aquí es más descarado y más imperfecto que el insobornable sheriff de Deadwood.

Curiosamente, también procede de Deadwood –aunque esto se puede decir de casi cualquier serie o película actual—el intérprete que da vida a Bosch, Titus Welliver, que encontró por fin un papel protagonista en el que brillar tras un sinfín de secundarios.


Entre las diferencias también encontramos que, mientras Justified es un procedimental al uso, con una trama autoconclusiva en la mayoría de episodios, además de la que da cohesión a toda la temporada y que es la que tiene un mayor tono de western, Bosch cuenta con una sola trama lineal, o mejo dicho, varias, ya que su primera temporada adapta hasta tres novelas: Cementerio de huesos, Echo Park y Una rubia de hormigón, combinando sus tramas, especialmente las de las dos primeras.

Por lo que respecta a la conclusión de sus primera tanda de episodios, Justified cuenta con un final más épico y logrado, mientras que Bosch comete, a mi modo de ver, el error de cerrar la trama más potente en el penúltimo capítulo, lo que le resta fuerza al siguiente.

Lo que también une a las dos series es su éxito. Tras el cierre abrupto de Deadwood, como decía, Oliphant encontró la producción donde lucirse durante seis temporadas, y recientemente volvió a la carga con uno de tantos revivals a los que ya nos hemos acostumbrado, aquí con la gracia de adaptar la novela de Leonard Ciudad salvaje con la incorporación de Raylan en una propuesta de lo más inusual. En cuanto a Bosch, tras siete temporadas ha tenido su continuidad natural en Bosch Legacy, donde el protagonista sigue desentrañando crímenes, ahora como investigador privado.

Personalmente, en lo referente a la primera temporada, me quedo con Justified, digamos que es más divertida e imprevisible, y se agradece ese toque western, mientras Bosch quizás resulta un tanto demasiado clásica y formal pese a su innegable calidad. Al final, ambos policías acaban imponiendo su particular modo de ver la ley.

 

 

miércoles, 17 de junio de 2015

True buddy movie


Hoy en día es casi imposible hallar una historia original, puesto que todas han sido contadas ya y lo único a lo que podemos aspirar es a encontrarnos con una brillante relectura del mismo argumento de siempre. True Detective es un buen ejemplo. Así que aprovechando que arranca en los USA su segunda temporada, vamos con mi particular repaso a la criatura de Nic Pizzolatto.

Hablamos de la serie más sobrevalorada de los últimos tiempos, o tal vez no tanto. En el making of de True Detective alguien dice que es “una historia original contada de una manera original”. En realidad, ni lo uno ni lo otro. En esencia, reduciendo el argumento de manera asesina, estamos ante la enésima historia de asesino en serie con conexiones en las altas esferas y sacrificios vudú –por aquello de que la acción transcurre en Nueva Orleans-, con leves referencias a las creaciones de Ambrose Bierce y Robert William Chambers (Carcosa y el rey amarillo, respectivamente) para darle cierto barniz intelectual.

Una serie de crímenes investigados por la clásica pareja de policías de personalidades opuestas, en lo que en realidad no es sino una buddy movie de libro, con unas ambiciones desmesuradas, ya que Pizzolatto parece haberse propuesto hacer la buddy movie de las buddy movies… y diríase que lo ha logrado.

Tampoco es original la manera de contar la historia mediante un recurso ya utilizado, el de una narrativa no lineal a través de continuos saltos en el tiempo. Así, la acción arranca en 2012 cuando los exdetectives Rust Cohle y Marty Hart son interrogados por la policía sobre un caso que investigaron 17 años atrás, de modo que asistimos a una serie de flashbacks en los que se nos cuenta la versión de cada uno de lo ocurrido… que no tiene por qué ser cierta, como ya quedó demostrado en la magistral Sospechosos habituales.

Así pues, apenas hay en True Detective casi nada que no hayamos visto antes, lo que no impide que la serie alcance un extraordinario nivel. Y es que aunque su argumento no sea original ni la manera de contarlo, sí está narrada de manera soberbia. A ello ayuda, en primer lugar, algo muy poco habitual en televisión, que todos los capítulos hayan sido escritos por un mismo guionista, Nic Pizzolatto, y realizados por un mismo director, Cary Joji Fukunaga, lo que le da a toda la temporada una unidad y coherencia pocas veces vista. A ello se le suma la perfecta compenetración entre ambos, como si de una sola mente se tratara, que hace que el espectador conecte con la historia desde el primer fotograma, capturado de manera hipnótica por una atmósfera envolvente.

Si Pizzolatto ya dejó buenas muestras de su capacidad como escriba en The Killing –que para mí sigue estando un nivel por encima de True Detective, de nuevo una buddy movie con múltiples tramas a partir de un solo crimen-, y aquí se nota que es originario de Louisiana, por lo que sabe bien de qué habla, Fukunaga demuestra un dominio absoluto a la hora de realizar cualquier escena, ya sea diálogos, acción –ese plano secuencia de 7 minutos para cerrar el cuarto episodio- y especialmente a la hora de mostrar una Nueva Orleans tenebrosa y embrujada de una manera portentosa. Si os habéis quedado con ganas de más, en el dvd hay una escena eliminada del último episodio con casi 4 minutos que son solo planos y más planos de exteriores, en los que Fukunaga y la banda sonora logran transmitir una absoluta inquietud y desazón.

La otra clave del nivel que alcanza la serie son sus protagonistas, MatthewMcConaughey como Rust y Woody Harrelson como Cole. True Detective no deja de ser, más allá de la trama de intriga, la historia de la amistad entre dos hombres aparentemente con nada en común, que acabarán descubriendo que solo se tienen el uno al otro. No es que la serie haga apología de la homosexualidad, pero al final podría decirse aquello de ‘las mujeres pasan, pero la amistad es lo que queda”.

Más reflexivo y cerebral Rust, más primitivo y directo Cole, su relación y sus diálogos son la quintaesencia de la buddy movie, aprovechando aquí el paso de los años, lo único que en realidad justifica que la trama abarque 17 años, y que por el contrario crea las únicas contradicciones en la trama de intriga: ¿cómo es posible que los dos detectives no resolvieran el caso en tanto tiempo, y luego lo solventan en unos pocos días?

El gran riesgo que asume Pizzolatto es el del personaje de Rust, completamente pasado de vueltas en todas sus etapas, y auténtica originalidad de la serie. Un carácter demasiado extremo, que apenas se justifica por su tenebroso pasado: abuso de drogas y un tremendo drama personal. Por fortuna tiene a un más que recuperado McConaughey para darle vida en una de las interpretaciones más portentosas que se hayan visto en la pantalla –pequeña y grande- (versión original, por favor), y a un Harrelson en plena forma para darle réplica. Por cierto, los dos actores fueron quienes apostaron por Pizzolatto para llevar su guión a la pantalla, desde luego sabían lo que hacían… y ahí está la sobrecogedora escena final.

Sumémosle unos perfectos secundarios, especialmente Michelle Monaghan como la esposa de Cole, y una duración reducida para lo que es una serie de tv, ocho capítulos de una hora, y tenemos una película larga y redonda, en la que todo, o casi, está resuelto a la perfección para atrapar al espectador de principio a fin, incluyendo el magnífico tema de apertura –y esos títulos de crédito, tan malsanos y ominosos como la serie en sí- y cada canción de los títulos finales.

Como en todas las grandes obras, la verdadera reválida de True Detective es la segunda visión, en la que uno no se deja llevar tanto por la trama de intriga y puede fijarse en otros detalles. Ahí es donde la obra de Pizzolatto y compañía puede ganar con nuevas lecturas, o por el contrario verificarse que las continuas disquisiciones de Rust sobre el sentido de la vida son pura palabrería.

Más que cualquier otro producto televisivo visto hasta ahora, True Detective se erige en su primera temporada como un compendio filosófico, en el que lo de menos es la identidad del asesino, y lo de más, no ya una historia de amistad, sino una continua reflexión sobre lo humano y lo divino. Aunque al final, parafraseando al propio Rust, solo hay una historia, la más antigua: la luz contra la oscuridad.


jueves, 17 de octubre de 2013

La vida bajo la cúpula (según King)


Big Jim: ¿Crees que quiero engañarte?
Barbie: Hombre, Big Jim, te dedicas a vender coches de segunda mano…

Barbie: Esta ciudad no sabe qué eres en realidad, pero yo sí.
Big Jim: ¿Qué? ¿Un criminal?
Barbie: Peor, un político.

No hay más que ver las líneas de diálogo anteriores para darse cuenta de lo mejor de La Cúpula (prefiero el título original: Under the dome = Bajo la cúpula), aunque ignoro si el mérito es del guionista o de Stephen King, autor del libro en el que se basa la serie.

Eso sí, ‘huelen’ bastante a King, a su perfecto conocimiento de la psicología humana y a su habilidad para crear personajes, aunque algunos de los que hemos visto en Chester's Mill (el molino de Chester) ya son habituales en las obras del autor, como el sacerdote chalado. Y sí, el pueblo en cuestión está en Maine, como ocurre en todas las obras de King.

El escritor norteameriano tomó buena nota de una de las imágenes más impactantes de la película de Los Simpson, en la que Springfield quedaba cubierta por una cúpula impenetrable y se puso manos a la obra, es decir, a narrar qué ocurriría en una aparentemente idílica pequeña población de los Estados Unidos si ocurriera tal cosa.

No se puede decir, al menos en la versión televisiva, puesto que desconozco el grado de fidelidad que pueda tener al libro, que se profundice demasiado en plan, digamos, realista. Esto no es The walking dead o Jericho, propuestas bastante similares a la que nos ocupa aunque pueda no parecerlo a primera vista, así que tras la sorpresa inicial se tira un poco de manual, de manera que en un episodio nos quedamos sin agua –única ocasión en la que ha habido desórdenes callejeros de verdad-, en otro hay una epidemia… pequeñas crisis que ponen a prueba a los vecinos, para que al final se reinstaure la paz social.

No es de extrañar, pues, que el capítulo más logrado en el arranque de la primera temporada sea aquel en el que el ejército decide bombardear la cúpula con misiles, aún a costa de cargarse a toda la población. Esta situación sirve para que veamos cómo afronta cada personaje, cada vecino –aunque en realidad el reparto, extenso, no acaba de serlo lo suficiente, e imagino que en el libro sí daba para más- su inminente muerte… aunque la sangre no llega al río.

El previsible in crescendo de los últimos capítulos viene marcado por el personaje estrella, sin duda alguna, de la serie, Big Jim, gran creación de Dean Norris, quien tras cerrar la mítica Breaking bad se ha encontrado con un nuevo chollo de personaje: concejal, pero de pueblo pequeño, de los que conocen a todos los vecinos y siempre queda bien con todos. Imagen pública impecable… pero con muchos secretos que ocultar, por no hablar de un hijo que está como una regadera, aunque a la postre parece más decente que su padre.

La otra gran característica de Big Jim es su capacidad única de supervivencia, para salir bien librado de todo, cueste lo que cueste… aunque me temo que a los guionistas se les ha ido la mano, y mientras el personaje de Júnior es tal vez el más logrado, lleno de aristas y creíble en sus decisiones, la facilidad de gatillo de Big Jim en los últimos episodios hace prever que en unos pocos más se cargue a todo el vecindario.

Así que en la segunda temporada deberán ganar protagonismo vecinos que ahora mismo son anónimos, a tenor de la drástica reducción del reparto inicial de la serie, y es que palmarla, la ha palmado pero que mucha gente, empezando por el sheriff encarnado por Jeff Fahey, de lo mejorcito del arranque, pero que no pasó del primer episodio.

Y hablando de sheriffs, otro borrón para los guionistas es la deriva de la agente de policía Linda, que ha ido perdiendo toda sensatez hasta aceptar cada palabra de Big Jim sin cuestionársela en absoluto, y eso que ya se ha descubierto toda la trama del propano.

Tampoco apunta demasiado bien el origen de la cúpula, de momento abiertamente extraterrestre, o ese final que recuerda a los de algunas temporadas de Perdidos. Aquí, por suerte, hay un original que seguir… o no.

De lo que no cabe duda es de que King, a tenor de las audiencias en los USA, batiendo récords en temporada veraniega, y aquí, convirtiéndose en lo más visto de Antena 3 semana tras semana –aunque sin derrotar a Isabel-, ha vuelto a enganchar a los espectadores, y que La cúpula ha sabido mantener la tensión, aunque no tengo tan claro que lo consiga en la segunda temporada.

El detalle: Si Dean Norris ha cambiado Breaking bad por La cúpula, Natalie Zea parece haber hecho un paréntesis tras la primera temporada de The following para mostrarnos que ella también puede ser mala... y desde luego se nota que ha disfrutado con ello. Claro que a tenor de cómo le va a sus personajes en ambas series, igual tiene que ir buscándose otro título.

domingo, 13 de octubre de 2013

'Dr. Who 4': Una pelirroja anda suelta o Toda la familia reunida para el gran final


La cuarta temporada de la era moderna del Dr. Who fue la tercera y última de David Tennant en el rol principal. Hasta ese momento, y salvo la primera temporada, con ChristopherEccleston como el Doctor, Tennant se había convertido en el corazón de la serie, así que su despedida tenía que estar a la altura. Y vaya si lo estuvo… aunque el actor aún aparecería en cinco especiales antes de dar el relevo.

Esta nueva entrega de la serie mantiene un nivel medio más que notable en la mayoría de los episodios, y de nuevo tiene un desenlace por todo lo alto, que además cierra por completo, o casi, la mayoría de tramas abiertas durante estas cuatro temporadas, especialmente por lo que respecta a las compañeras del Doctor.

Hablando de compañeras, aquí tenemos a la tercera de la era moderna, Donna Noble, una pelirroja que se caracteriza por su verborrea y desparpajo, interpretada magistralmente por Catherine Tate, que aprovecha su vena cómica a la menor ocasión. Eso sí, ya desde el principio, casi se intuye que no va a ser una compañera de largo recorrido, y es que su presencia, como la de su predecesora, Martha Jones, se reduce a una sola temporada.

Lo cierto es que Donna Noble lo tiene difícil para hacer olvidar a las anteriores compañeras, ya que, para empezar, estas insisten en reaparecer una y otra vez, especialmente Martha, presente en cinco episodios de esta temporada. También reaparecerá Rose Tyler, el gran amor del Doctor en la era moderna, e incluso Sarah Jane Smith, la mejor compañera de la era antigua, que aparece por segunda vez en esta etapa.

Donna incluso desaparece por completo en el episodio 10, Medianoche, y si el Doctor y Rose estaban enamorados el uno del otro, mientras que la atracción de Martha hacia el Doctor no era compartida, aquí digamos que hay una buena amistad, y ambos se empeñan una y otra vez en decir que no son pareja. Eso sí, la química entre Catherine Tate y David Tennant es brutal, y ella se gana al espectador desde el primer momento.

Y ahora vamos con el análisis capítulo a capítulo.

Para abrir boca, el ya tradicional especial navideño lleva al Doctor, que acaba de despedirse de Martha, a una versión galáctica del Titanic, donde tendrá como compañera ocasional nada menos que a Kylie Minogue.

Ya en el primer capítulo, el guionista oficial, Rusell T. Davies, orquesta el reencuentro entre el Doctor y Donna, que ya coincidieron en el desternillante especial navideño anterior, en el que él acababa de perder a Rose y ella iba a casarse. Como excusa, ahora tenemos la invasión de unos cómicos mini alienígenas… hechos de grasa humana. Davies en estado puro.

Para no perder la costumbre, en los siguientes episodios viajamos al pasado, para descubrir el verdadero motivo de la destrucción de Pompeya –y ojo a uno de los secundarios, porque asumirá el rol del Doctor en la nueva temporada que está a punto de estrenarse, la octava-, y al futuro para conocer toda la verdad sobre los ood, esos alienígenas tan feos y serviciales a los que ya hemos visto en más de una ocasión. Un episodio que supone un formidable alegato contra la esclavitud.

La primera aventura doble, además de una leve reflexión sobre la contaminación producida por los vehículos, supone la reaparición de Martha Jones, que también acompañará a los protagonistas en el siguiente episodio, en el que conoceremos… a la hija del Doctor, en este caso con nuestro protagonista más antibelicista que nunca.

Luego viene uno de mis episodios favoritos de la temporada, en el que los protagonistas viajan al pasado para conocer a Agatha Christie y resolver uno de sus típicos misterios, justo en el día en el que la escritora desapareció, sin que en la actualidad se haya aclarado qué ocurrió durante el tiempo en el que no se supo nada de ella. Lástima que el bizarro argumento gire en torno a una abeja gigante, pero, bueno, esto es Dr. Who.

La siguiente doble aventura es uno de los momentos álgidos de la temporada, con un planeta-biblioteca en el que han desaparecido todos los habitantes como escenario de varias tramas entrelazadas y un montón de misterios a cual más intrigante. Lo mejor, el personaje encarnado por Alex Kingston, la doctora Corday de Urgencias –y a la que este verano también hemos podido ver en Arrow como la madre de Laurel-, que parece destinado a tener una relación muy especial con el Doctor en el futuro. Y no podemos decir nada más.

Y a partir de ahí, Davies retoma a su criatura para toda la recta final empezando por Medianoche, que empieza de la manera más anodina, con el Doctor, sin Donna, de viaje en tren con un reducido grupo de pasajeros. Davies firma uno de sus mejores guiones, en el que la comicidad va dando paso al terror de una manera progresiva pero imparable, y donde el Doctor está más contra las cuerdas que nunca cuando el miedo hace aflorar lo peor del ser humano.

En el siguiente episodio, cambio de tercio, y ahora es el Doctor el que cede todo el protagonismo a Donna y a su especial relación con los universos paralelos. El argumento, una mera excusa para ver cómo hubiera sido todo si ella y el Doctor no se hubieran conocido, empezando por la muerte de Martha Jones.

En este capítulo ya reaparece Rose y sirve de preludio al megaclímax de la temporada. Difícil lo tenían para superar los finales de las tres anteriores, pero digamos que están a la altura, aunque sea por acumulación. La nueva amenaza es tan mortífera que el Doctor necesitará a todos sus aliados para hacerles frente. Así que vuelven todas sus novias –con familiares incluidos-, el capitán Jack y sus compañeros de Torchwood, alguna expresidenta de Gran Bretaña e incluso K9, el perro robótico.

El grand finale, con último episodio de una hora incluido, supone, pues, la reunión de los personajes más importantes de la era moderna del Doctor Who, varios de ellos ya con serie propia en aquel entonces, aunque lo mejor es cómo se revela el lado oscuro del personaje y se muestra su evolución en estas temporadas, pero sobre todo el destino definitivo que les aguarda a Rose y a Donna, de nuevo con Davies acertando de pleno para cerrar el primer gran capítulo de la era moderna del Doctor… aunque aún nos quedan cinco especiales para conocer el final de la era Tennant.

domingo, 6 de octubre de 2013

'Arrow': Reinventando a Oliver Queen... y fusilando 'Batman begins'


Una de las escenas más memorables de Carcaj, la saga con la que el cineasta KevinSmith, metido a guionista de cómic, relanzó al personaje de Flecha Verde –y a su encarnación más lograda, la de Oliver Queen- es aquella en la que Batman y Flecha Verde rememoran viejos tiempos y este recuerda su Arrow-cueva, su Arrow-coche o su Arrow-plano y Batman le suelta “¿es que nunca tuviste una idea original?”.

Y es que, al fin y al cabo, Flecha Verde es, en muchos aspectos, el personaje del universo DC más similar a Batman, no en vano ambos son de los pocos héroes sin poderes y no son otra cosa que dos millonarios tratando de acabar con el crimen.

Diríase que al poner en marcha la nueva versión del justiciero de la flecha para la televisión, han tenido presente más que nunca sus puntos en común con Batman… o simplemente han querido tomar como modelo la última versión cinematográfica del hombre murciélago.

Así, en Arrow también tenemos una arrow-cueva y a un personaje más torturado y oscuro que de costumbre. Como en la versión canónica, este Oliver Queen es un playboy millonario que para sobrevivir tras un naufragio en una isla se convierte en una máquina de matar… aunque las coincidencias con el original casi acaban ahí.

De lo que ocurre en la isla nos iremos enterando poco a poco con flashbacks a lo Perdidos, aunque, dado que Queen pasa cinco años en la isla, en la primera temporada no se nos cuenta todo, sino solo, digamos, una primera aventura, en la que de una manera bastante realista –ya hemos dicho que el modelo es el Batman de Nolan- descubriremos cómo el protagonista consigue sus habilidades excepcionales.

El caso es que el padre de Queen, antes de morir como consecuencia del naufragio, le reveló que estaba envuelto en negocios turbios y le dio una lista con todos sus compinches. Así que este nuevo Oliver regresa con una misión, la de acabar con todos los mafiosos que aparecían en la libreta de su padre, y ahí, como se verá en los últimos episodios de la primera temporada, tenemos otro punto en común con el Batman de Nolan: Queen, como Bruce Wayne, cree que una vez concluya su cruzada, una vez tache todos los nombres de la lista, podrá tener una vida normal con el amor de su vida.

Entramos ahí en el apartado propio del culebrón, con el amplio elenco de personajes secundarios que rodean al protagonista, a quien por primera vez le han dado una madre –con nuevo marido negro incluido- y una hermana menor. La primera dará mucho juego, ya que está implicada hasta el fondo en la trama central de la temporada, muy relacionada con las verdaderas causas del naufragio ‘accidental’, y respecto a la segunda, baste decir que su apodo es Speedy.

Quien haya leído el cómic sabrá que este fue el primer nombre de guerra del sidekick de Flecha Verde, es decir, el equivalente al Robin de Batman. Un compañero de aventuras que tuvo sus más y sus menos con las drogas, así que avisados estamos. Por cierto, la identidad real de Speedy en los cómics es Roy Harper, quien aparece en los últimos episodios como interés romántico de la hermana de Queen, y por tanto, no es muy difícil imaginar el futuro que le espera en la segunda temporada.

Siguiendo con el elenco  más cercano al protagonista, no falta su novia de toda la vida (en el cómic, se entiende), a la que también le han cambiado el nombre, como a casi todo. Si la ciudad en la que transcurre la acción ya no es Star City, sino Starling City (¿?), la novia es ahora Laurel Lance, aunque Dinah, el nombre original, se mantiene como segundo nombre que apenas se utiliza. Dinah, digo Laurel, aún no es Canario Negro, otra justiciera –con uno de los uniformes más sugerentes y menos imaginativos del cómic-, aunque habrá que ver qué ocurre en la segunda temporada.

La relación entre ambos será tan complicada como la que mantienen Clark y Lana en Smallville –bueno, tanto tampoco-, ya que, para empezar, Oliver se acostaba con la hermana menor de Laurel... que también falleció en el naufragio. Y aunque Oliver ya no es para nada aquel playboy irresponsable, de cara a la galería, para salvaguardar su identidad secreta, sigue mostrándose como tal, muy en la línea del Bruce Wayne de Nolan, al que recuerda y mucho en los primeros episodios.

Y para complicar más las cosas, Laurel tiene un padre policía que hace responsable a Oliver de la muerte de su hija pequeña. En este caso se han inspirado en Spiderman y el padre policía de Gwen Stacy, que aquí empezará como el principal perseguidor del nuevo justiciero para acabar aliándose con él, sin llegar a la estrecha relación entre Gordon y Batman.

El entorno de Oliver se completa con un amigo de toda la vida, que también se ha vuelto más responsable y ha tenido algún lío con Laurel mientras Oliver estaba en la isla; un fiel escudero de color que ejerce como voz de la conciencia del protagonista, evitando que se extralimite y haciéndole ver sus errores, y la ya clásica informática, tan geek como espectacular.

Ah, y no nos olvidamos del padre del mejor amigo de Oliver, ya que, en una primera temporada en las que las múltiples relaciones paterno-filiales, como ocurría en Smallville, dan para mucho, no es otro que el más malo de todos los malos, encarnado además por John Barrowman, el capitán Jack de Dr. Who, aunque aquí no se divierta tanto.

Con un planteamiento mucho más adulto y ambicioso que Smallville, cierto es que Arrow no desdeña –en absoluto- recursos fáciles para atraer a la audiencia, como exhibir en cada capítulo el potente torso desnudo y lleno de cicatrices de guerra del protagonista mientras, ejem, se ejercita para estar en forma, al tiempo que en esta primera temporada tiene no menos de cuatro relaciones amorosas, con novias a cuál más imponente, a ambos lados de la ley.

Pese a ello, puede decirse que Arrow debería marcar la pauta para las muchas series sobre héroes del cómic que se están preparando –Shield, Constantine, Flash, Gotham…- ya que, aunque podría mejorarse, mantiene un notable nivel. Las escenas de acción están bastante logradas, y ya han aparecido unos cuantos personajes del cómic, convenientemente reinventados para la ocasión: el conde Vértigo (interpretado por Seth Gabel, familiar para los seguidores de Fringe), Deadshot, la Cazadora, y sin movernos de la isla, Shado y un tal Slade Wilson, más conocido en el cómic como Deathstroke, aunque aquí aún no ha explotado como villano.

Como ocurre con toda serie de 23 episodios, donde la mayoría son autoconclusivos al margen de las tramas que se van desarrollando durante toda la temporada, la irregularidad es la nota habitual, y rara ha sido la semana en la que en Antena 3, donde la serie se ha emitido a razón de dos episodios por semana, no hubiese un capítulo más interesante y otro más flojo. A destacar el 14, que transcurre por entero en la isla –y no es precisamente uno de mis favoritos- y el díptico dedicado a la primera aparición de la Cazadora, donde la serie dio un salto de calidad. Eso sí, tal vez se han precipitado al volver a utilizar a determinados villanos en esta misma temporada, repitiéndose un tanto.

Y volviendo a las similitudes con Batman, sin desvelar demasiado, la trama central, el misterioso plan de la misteriosa Iniciativa, está calcado de Batman Begins… solo que aquí se han atrevido a cambiar el final con un inesperado y brutal desenlace que va a marcar una segunda temporada que promete muchas novedades y la aparición de un tal… Flash.


El detalle: En cuanto al actor protagonista, Stephen Amell, bueno, convincente, salvo cuando se pone la peluca para las escenas de la isla... Atractivo, de mandíbula cuadrada y sin demasiadas dotes interpretativas, pero la verdad es que, físicamente, recuerda mucho a la imagen clásica del personaje. Otra cosa es que este Oliver Queen tenga poco que ver con el original, aunque resulta bastante apañado y recupera el uniforme de su época más gloriosa.

domingo, 15 de septiembre de 2013

'Juego de Tronos 2': Quien mucho abarca...


Empecemos dejándolo claro. Mucho me temo que la segunda temporada de Juego de Tronos no está a la altura de la primera, o sea que mal vamos dado que la historia va para largo.

Esta segunda entrega empieza con el problema de haber perdido varios de los personajes más emblemáticos de la primera temporada, así que lo siguiente ya es SPOILER si no habéis visto la primera decena de episodios. Ya no está el patriarca de los Stark, algo así como el protagonista del arranque de esta saga épica, pero tampoco tenemos al rey Baratheon ni a Khal Drogo, vaya, los personajes más carismáticos.

A ello se le suma la escasa presencia en pantalla de varios de los protagonistas que siguen con la cabeza sobre los hombros en el inicio de la segunda temporada. El ejemplo más claro es el 'Matarreyes', cautivo de los Stark toda la temporada, que apenas aparece hasta mediada la temporada, aunque aprovecha cada una de sus intervenciones.

Sin llegar a esa casi desaparición del personaje, tanto John Nieve como Daenerys Targaryen dejan mucho que desear en estos nuevos episodios. Y es que si el nuevo rumbo de sus tramas fue lo mejor del cierre de la primera temporada, ambas se quedan en muy poca cosa: pocos minutos en el metraje global y escaso interés. En el caso de la Madre de Dragones apenas destaca el desenlace de este nuevo arco, mientras que la parte de John Nieve se supone que mejorará en los próximos episodios con la presencia del Rey más allá del muro.

En cambio, pocos hubiéramos imaginado que uno de los personajes que iban a acaparar mayor protagonismo era Theon, que tras reencontrarse con su familia en las Islas del Hierro toma una decisión que le supondrá muchos quebraderos de cabeza… y también a los habitantes de Invernalia.

Como cabía esperar, Desembarco del Rey y sus intrigas palaciegas acapara buena parte del metraje, con Tyrion, ahora nueva Mano del Rey, y su hermana Sersei protagonizando los mejores diálogos, sobre todo en cierta ocasión en la que ella se sincera con él. Quienes aparecen menos por las estancias de Desembarco del Rey son 'Meñique' y Varys, que protagonizaban muchos de los mejores diálogos de la anterior temporada. 

El caso es que, de una manera mucho más evidente que en la primera temporada, los guionistas se las ven tiesas a la hora de adaptar las novelas de George R.R. Martin -en este caso Choque de Reyes, segunda parte de Canción de hielo y fuego-, con su multiplicidad de tramas y personajes. Así que no es raro que personajes y tramas desaparezcan durante capítulos enteros de la pantalla, o apenas tengan unos minutos en cada capítulo. Porque encima los personajes siguen multiplicándose en esta segunda temporada, centrada en los enfrentamientos entre los distintos pretendientes al Trono de Hierro, con la aparición, apenas bosquejada, de la esposa de Renly Baratheon o la bruja aliada con Stannis Baratheon, que casi parecen estar ahí más para desnudarse, dado que las ‘veteranas’ de la primera temporada ya no parecen dispuestas a hacerlo.

Entre esas recién llegadas, por cierto, encontramos a Oona Chaplin, tras su aparición en la española ¿Para qué sirve un oso? (2011), convertida en interés romántico de Robb Stark, algo ñoño en esta temporada, en la que también su madre, Catelyn, no se luce tanto como antes.

Puestos a destacar tramas, desde luego me quedo con la de la pequeña Arya (su hermana Samsa sigue a lo suyo, sufrir junto a su prometido Geoffrey), sobre todo con esa curiosa relación que entabla con el patriarca de los Lannister, sin que este conozca su verdadera identidad, y la aún más curiosa con cierto mercenario que protagoniza algunos de los momentos más inspirados de la temporada.

Pese a todo la serie sigue mostrando un gran nivel en todos los aspectos, y continúa pareciendo un ‘greatest hits’ con las mejores escenas de los libros: ahí está esa bofetada de Sersei a Geoffrey o la impactante escena en la que Sersei (siempre Sersei) y 'Meñique' 'discuten' sobre qué es el poder. Y cómo no, el momento álgido es el capítulo 9, en el que desaparece la multiplicidad de tramas para narrar a lo grande la batalla de Aguas Negras, con su inicio naval y luego el asalto a Desembarco del Rey. No solo logran estar a la altura de la batalla del abismo de Helm en la adaptación de El Señor de los Anillos: Las dos torres, sino que por fin logran quitarse de encima la sombra del discurso de Mel Gibson en Braveheart (1995) y su ‘pero no nos quitarán la libertad!’, haciendo algo diferente. Claro que es Tyrion quien habla a las tropas esta vez.

Inciso: El guión de este capítulo corre a cargo del propio George R. R Martin, quien mejora el original literario (no he leído ninguno de los libros pero sí ese párrafo), aunque luego en el volumen deja una brillante coda: tras soltar el discurso, Tyrion corre a luchar ‘confiando en que alguien le estuviera siguiendo’.
Por cierto, entre lucha y lucha, de todo el episodio de Aguas Negras me quedo con los diálogos entre una cada vez más borracha Sersei y Samsa en la cámara en la que se ocultan las mujeres. Y es que, como suscribiría sin duda la madre de Geoffrey, hay que tenerlos bien puestos para ser reina, mi palomita.

Como en la temporada precedente, el último episodio sirve para atar algunos cabos, especialmente con Daenerys, John Nieve y la situación en Invernalia, y apuntar las líneas argumentales para la tercera temporada. El final no está tan logrado como en la primera entrega, aunque también deja sin respiración ese plano final, que podemos titular Juego de Tronos meets The Walking Dead. Y a buen entendedor…


miércoles, 21 de agosto de 2013

'Twin Peaks 2": El oscuro mundo de Windom Earl


La segunda temporada de Twin Peaks es un buen ejemplo de que ‘quien mucho abarca, poco aprieta’ y de que estirar demasiado una historia nunca es buena idea. Pero tanto éxito tuvo la primera entrega, de apenas 8 episodios más el piloto, que se quiso exprimir al máximo la gallina de los huevos de oro y la segunda tanda se prolongó hasta los 22 capítulos, eso sí, con alguna interrupción para tratar de arreglar el desaguisado.

Simplificando, la continuación de Twin Peaks puede dividirse perfectamente en tres partes más o menos homogéneas. La primera de ellas viene a tener una duración aproximadamente similar a la primera temporada, y tal vez lo mejor hubiera sido poner fin a la serie en ese momento. Estos primeros capítulos arrancan con un nuevo ‘piloto’ de hora y media y la acción sigue desarrollándose a capítulo por día. David Lynch y Mark Frost aún estaban al timón de la nave, el primero dirigiendo los capítulos clave, y las tramas seguían ganando en interés.

El caso es que la productora obligó a Lynch a desvelar la identidad del asesino de Laura Palmer, y ahí se acaba lo bueno. La serie se marca unos continuará brutales a medida que primero el espectador y luego los protagonistas descubren toda la verdad, hasta un capítulo magistral, de nuevo a cargo de Lynch, que cierra la trama central de manera impecable… si uno acepta la resolución sobrenatural ideada por los creadores de la serie.

A partir de ahí Twin Peaks cae en picado como pocas veces se ha visto en television, ya que, sin Lynch ni Frost, los nuevos guionistas no saben qué hacer con los personajes, y eso que el reparto era de lo más extenso y variado. Buen ejemplo de ello es la trama que idean para retener a Cooper en Twin Peaks una vez que ha resuelto el caso, en la que le tienden una trampa y acaba siendo retirado del servicio e investigado por tráfico de drogas. La historia tiene su interés, pero pierde originalidad y fuerza con respecto a lo visto hasta el momento. Una trama en la que además Audrey es secuestrada, lo que reduce en gran medida su presencia en pantalla y su interacción con el resto de personajes. Y es que tampoco ayudaron los celos de Lara Flynn Boyle, que encarnaba a Donna y por aquel entonces salía con Kyle MacLachlan, el agente Cooper, hacia Sherilynn Fenn, que interpretaba a Audrey Horne, el interés amoroso de Cooper en la serie. Así que los guionistas tuvieron que olvidar el romance y buscarle una nueva historia amorosa con poca chicha a Audrey, por cierto con un juvenil Billy Zane.

Hablando de Audrey, su padre, uno de los personajes más carismáticos, tocará fondo y pasará varios capítulos enajenado, recreando batallitas de la guerra civil norteamericana… solo para recuperar algo de interés en los últimos capítulos, con cierto misterio que le une a la familia de Donna.

El triángulo entre esta última, James y la prima de Laura, ya apuntado en la primera temporada, no deja de ganar intensidad hasta la resolución del misterio en torno a la muerte de Laura. A partir de ahí, desaparecida toda la familia de Laura de la acción, James coge su moto y se larga, para vivir una trama de cine negro con mujer fatal incluida, pero tan falta de interés como falto de carisma está el actor que interpreta a James. Mientras, Donna se queda sin papel y Shelly y su novio no logran despertar interés en toda la temporada. Por cierto, ojo a lo que le depara el destino al marido de la camarera...

También llegan nuevos personajes, aún más estrambóticos, como el agente travestido del FBI que encarna un David Duchovny pre Expediente X y Californication. Y sigue la comedia surrealista, con apariciones del propio Lynch, ya sea como un agente sordo del FBI o en su versión infantil.




No será hasta los últimos episodios, con el regreso de Lynch y Snow, cuando la serie remonte el vuelo, especialmente con la trama en torno a Windom Earl (en la imagen), un personaje del que se habla mucho antes de su primera aparición, e incluso al que ya se mencionaba en la primera temporada: el excompañero de Cooper en el FBI, que por motivos que ya se desvelarán, acabó en un psiquiátrico del que ahora escapa para iniciar una macabra partida de ajedrez.

Earl encontrará en Kenneth Welsh el perfecto actor para encarnar a este siniestro y desquiciado malvado, mientras se van atando todos los cabos en torno a los misterios que rodean Twin Peaks y sus bosques. Todo ello a medida que Cooper se enamora de nuevo y se acerca la noche en la que se elegirá a Miss Twin Peaks, con prácticamente todo el reparto femenino como candidatas, incluyendo a las nuevas adquisiciones de esta temporada: una jovencísima Heather Graham y una Robin Lively que vuelve locos a todos los varones de Twin Peaks.

Al final, Lynch cerrará la serie, según cuenta, como él quería, ‘dinamitando’ esta pequeña población, y pese a que el ultimo capítulo resulta más lynchniano que nunca y a muchos les puede parecer una tomadura de pelo –por cierto, apuntando por dónde podía seguir la serie en una hipotética tercera temporada-, desde luego el plano final es magistral, y de los más perturbadores que se hayan visto nunca en la pequeña pantalla.

Al final, y pese al bajón experimentado durante demasiados episodios, la segunda temporada nos muestra un Twin Peaks que sigue valiendo la pena visitar, ya sea para reírse viendo si Lucy se decanta por Andy o por su otro pretendiente (mientras trata de averiguar quien es el padre de su hijo) o cómo Nadine tras darse un golpe cree que está otra vez en el instituto y adquiere la fuerza de un titán ¿?, seguir los enredos amorosos de jóvenes y no tan jóvenes o aterrorizarse con las apariciones del fantasmal Bob… o tomarse un café y unos donuts con Coop y el sheriff Truman.

Y es que Twin Peaks ya hace tiempo que forma parte de la historia de la television, en la que supuso toda una revolución y abrió la puerta a que pudiesen realizarse muchas series que antes hubieran sido impensables.

El detalle: En esta segunda temporada se estrenó en la dirección de algún capítulo la actriz DianeKeaton, y también asumió este cometido James Foley, director entre otras de Glengarry Glenn Ross.

La escena: Y no me olvido del final de Josie Packard, tan original como perturbador.


sábado, 17 de agosto de 2013

'Anatomía de Grey 9': La privatización de la sanidad también llega al Seattle Grace


Y dura, y dura. Anatomía de Grey, la serie de médicos por excelencia, tras el final de Urgencias, ha cumplido ya las 9 temporadas y al menos tendremos una más. Cierto que ya lleva varios años de bajón, pero pese a todo sabe mantener un nivel por encima de la media que hace que valga la pena continuar asistiendo a las desventuras de los residentes del Seattle Grace.

Esta novena temporada, tal como se preveía (y esto es SPOILER si no has visto el desenlace de la octava) viene marcado por el accidente de avión con el que se cerraba la anterior entrega. Curiosamente, los nuevos capítulos empiezan mostrándonos las consecuencias de lo ocurrido, algún tiempo después, de manera que el espectador pueda hacer conjeturas sobre quien ha sobrevivido y en qué medida se ha visto afectado cada personaje, para luego mostrarnos lo ocurrido a modo de flashbacks, especialmente emotivos con la muerte de Mark Sloane.

Las consecuencias del accidente, la ausencia de los fallecidos, las amputaciones y los traumas, se arrastrarán hasta entrar en una segunda fase, en la que cobra protagonismo la indemnización que hay que pagar a las víctimas, con un inesperado giro de los acontecimientos… que llevará a una reflexión sobre la sanidad privada y su obsesión por hacer negocio a cualquier precio… que aquí en España nos llega en un momento muy oportuno. Y de ahí a la tercera fase de la temporada, con varios de los protagonistas como nuevos dueños del Seattle Grace, lo que abre nuevas posibilidades.

Mientras, por lo que respecta a los personajes principales, Meredith nos aburrirá con su embarazo en tanto se alarga y se alarga la historia de Cristina y Owen, que volcará su deseo de paternidad en un chaval que está a punto de perder a sus padres.

Hablaba de amputaciones, y concretamente me refería a Arizona, que tendrá que superar su trauma para retomar su matrimonio con Callie… hasta la inesperada sorpresa final, no demasiado creíble. Lo de Kepner y Jackson no irá a ningún sitio, y toda la temporada sera un quiero y no puedo en cuanto a volver a juntarse, mientras cada uno inicia otras relaciones. En fin, dos personajes ya sin ningún interés, y eso que apuntaban maneras.

Las novedades vienen de la mano de los nuevos internos, entre los que apenas destaca el nuevo bombón del que se prendará Carew, en una relación bastante bien llevada y con sorpresa final. Del resto: un nuevo ligue pasajero para Jackson, un 'George' de color más humorístico, una rarita que cae mal, y mira tú por donde, Tina Majorino, la niña de Waterworld (1995), que también será utilizada básicamente para chistes.

Incluso Bailey pierde interés en esta temporada, en la que solo pasa al primer plano con su boda, uno de los mejores capítulos, que sirvió para hacer el parón de media temporada, y con la trama final. Dos historias en las que también tiene un papel decisivo Webber, que sigue siendo lo mejor de la serie, ya sea en su version cómico-romántica –con Debbie Allen más presente que nunca- o sobre todo en su version más humana y dramatica: mucho ojo al plano final de la temporada.

Un desenlace que, al igual que en las últimas entregas, vuelve a meter toda la carne en el asador con una nueva catástrofe. Hemos tenido ya un tiroteo y un accidente de avión, así que toca una tormenta devastadora, que vuelve a poner a prueba al Seattle Grace. Un hospital que ha vivido tiempos mejores, pero que sigue manteniendo el tipo más que bien, sobre todo cuando el drama gana peso frente a los momentos cómico-sexuales.

miércoles, 14 de agosto de 2013

'Touch': La vida según Tim Kring (no existe el azar)


Anoche concluyó en Cuatro la primera temporada de Touch, aunque los muy despistados estuvieron todo el día anunciando que iban a estrenar la segunda, ignoro si debido a la competencia de Vikingos. Y es que aunque la nueva serie de Kiefer Sutherland arrancó bien, ganándole el duelo a la Dallas moderna, parece que ha acusado la llegada de la tribu de Gabriel Byrne.

Touch supuso la reválida para Sutherland, después de 8 temporadas como Jack Bauer en 24, y de Tim Kring, el también creador de Héroes. Y la mano de este ultimo se nota, pero mucho. Kring se inspira en el efecto mariposa para mostrar cómo las acciones de individuos que no se conocen acaban influyéndose entre sí. Por supuesto esto acaba dando lugar a capítulos en los que dichas acciones acaban confluyendo de manera lógica (aunque hasta el ultimo momento no se percibe dicha lógica) y a otros en los que todo parece de lo más rebuscado. Al final, la serie se balancea peligrosamente entre las maravillas del azar de Paul Auster y el ‘porque lo dice el guionista’.

Como hiciera en Héroes con las introducciones de Suresh, aquí reemplazadas por las del niño austista (al que creo que es inevitable cogerle manía), Kring aprovecha para seguir transmitiéndonos su filosofía de vida tomada de manuales de autoayuda, incidiendo aquí en que ‘todo está conectado’: cada acción, positiva o negativa, acaba repercutiendo en el mundo.

Más allá de estos aspectos filosóficos, la serie acaba recordándome a la mítica Autopista hacia el Cielo de Michael Landon o a la no menos mítica Quantum Leap, en las que los protagonistas tenían que conseguir en cada capítulo solucionar los problemas, del tipo que fuesen (emparejar a alguien, frustrar un delito, salvarle la vida a alguien…), de gente a la que conocían en cada episodio. Aquí le toca esta tarea a Martin Bohm, un periodista que tras la muerte de su mujer en el 11-S se dedica a cuidar de su hijo autista, que parece tener una habilidad especial para expresarse por medio de números. Así que en cada capítulo el retoño insiste en una determinada cifra, y a su padre le toca averiguar a quien debe arreglarle el día.

Junto a las tramas autoconclusivas, donde Kring vuelve a mostrar su predilección por presentar a gente de todos los países del mundo, siempre en versión original en subtítulos como ocurría en Héroes con Hiro, tratando de enseñarnos que la gente se mueve por las mismas pasiones en todo el mundo, tenemos la trama central, en la que un viejo profesor encarnado por Danny Glover le revela a Bohm que su hijo ve las conexiones que hay en el mundo y trata de arreglar lo que está mal. La cosa aún se liará más con la aparición de un judío y la referencia a los 36 hombres justos que velan por el bien del mundo, sin olvidarnos de la proporción áurea.

Resumiendo, que el crío tiene un poder muy especial y evidentemente hay ‘gente mala’ que va a por él, como ya hicieron en su día con Amelia, otra niña a la que trató el anciano doctor, y cuyo verdadero destino es uno de los enigmas recurrentes de la serie.

Touch no es para tirar cohetes y tampoco va a hacer historia como ocurrió con 24 o Héroes –al menos en su primera temporada-, pero se ve con cierto interés, aunque la trama central, que en sus mejores momentos me recuerda de algún modo a Fringe, no sea gran cosa, con unos ‘malos’ demasiado en la sombra.

Eso sí, tienen el buen gusto de fichar a María Bello para los capítulos finales, y a Mary Stuart Masterson para un último episodio que actúa en cierto modo como epílogo de esta primera entrega, narrando los hechos ocurridos entre las dos últimas escenas del penúltimo episodio.

Y no me olvido de las dos japonesas que han acabado convirtiéndose en el símbolo de la serie, siempre acompañadas con su móvil y su traductor instantáneo. Y es que las redes sociales y cualquier tecnología que sirva para comunicar también tienen su protagonismo en Touch.

El detalle: La chica que cuida al niño después de que sea internado en un centro especializado está interpretada por Gugu Mbatha-Raw, a quien ya vimos en la tercera temporada moderna del Doctor Who como la hermana de la compañera del Doctor en dicha entrega, Martha Jones. Por cierto, uno de los productores es Martin Lawrence, director de Soy Leyenda (2007) y las próximas entregas de Los Juegos del Hambre, que dirigió el primer episodio, uno de los más poéticos. Ah, y los títulos de crédito de la serie son, posiblemente, los más bellos de la historia.

domingo, 11 de agosto de 2013

'Smallville VI': El culebrón


Aun sin llegar a los niveles alcanzados por Buffy cazavampiros, la sexta temporada de Smallville es sin duda la mejor hasta el momento, aquella en la que por fin avanzan las tramas hacia un punto de no retorno. Pero sobre todo, es en la que la serie, que empezó ambientada en el instituto, da el paso al culebrón adulto.

Y es que lo realmente importante en esta temporada es el triángulo amoroso entre Clark, Lex y Lana. Con los dos últimos conviviendo ya juntos, la primera mitad de la temporada es su boda la que centra la atención. ¿Habrá vuelta atrás, volverá Lana con Clark? La cosa se complica más con su embarazo hasta llegar al capítulo 16, Promesa, en el que no solo seremos testigos de la boda del año, sino del momento que los espectadores han aguardado desde el principio: cuando Lana descubre el secreto de Clark. Aunque habrá que esperar un poco más para que sea el propio Clark quien se lo explique todo. Y tras la boda, continuará el viaje de Lana al lado oscuro, ¿Sin retorno?

Pero la gran novedad de la temporada es la inclusión de un nuevo personaje, aunque esto no se refleja en los títulos de crédito, que repiten de la temporada anterior. Y es que Smallville incorpora a un nuevo héroe, Green Arrow, el arquero esmeralda cuya auténtica identidad es la de Oliver Queen, otro millonario dedicado a luchar contra el crimen a lo Batman. Smallville nos ofrece una visión menos torturada de Queen que la reciente Arrow, y aunque mantiene la muerte de sus padres, al igual que en el cómic, la nueva aportación es constuirle un pasado vinculado a Lex, que da para mucho.

Green Arrow acaba siendo una serie dentro de la serie, encontrándole por fin un ‘objetivo’ a Lois, convertida en el interés amoroso de Queen, que le oculta su doble identidad, de manera paralela a como hace Clark con Lana. Lo más interesante es que Queen le sugiere a Clark que deje de esperar a que los malos actúen y adopte una postura activa, haciendo más con todos esos poderes que tiene.

La presencia de Green Arrow concluirá justo en el ecuador de la temporada, con el capítulo 11, Justicia, en el que la serie recupera a otros héroes aparecidos con anterioridad –Flash, Aquaman y Cyborg- para formar la Liga de la Justicia en versión Smallville. La Liga, sin Clark, se marchará a luchar contra el crimen por todo el mundo, dejando que la serie se centre en el culebrón de la boda… al tiempo que Lois casi desaparece.

Pero las tramas se acumulan en esta temporada. La más floja, la caza por parte de Clark de los monstruos que escaparon de la zona fantasma en el arranque de esta nueva entrega, lo que sirve para sustituir a los poderes que daba la kriptonita a los vecinos de Smallville. Pese a ser la trama con la que se cerrará la temporada, es la más floja, aunque sirva para presentar a otro personaje clásico del universo DC, el Detective Marciano, que aquí, curiosamente, es negro.

Más interés tiene la trama en la que Lex recupera, si es que lo dejó alguna vez, el proyecto del almacén 33.1, su colección de ‘rarezas’, dispuesto a todo con tal de conseguir un supersoldado que luche contra los Zod y otras amenazas extraterrestres. Lex ya no se detiene ante nada, y caza a todos los que tienen poderes… incluida Chloe, en un giro inesperado que va a dar para mucho.

La joven periodista tendrá además nuevo interés amoroso, con el debut de Jimmy Olsen, el joven fotógrafo del Daily Planet, y un emotivo reencuentro con su madre en el capítulo 18, Descendencia, encarnada, por cierto, por Lynda Carter, la Wonder Woman más famosa, en otro de esos homenajes que tanto gustan en Smallville.

Quien empieza a perder protagonismo es Martha Kent, cada vez más ocupada con su labor política, sin perder de vista a Lionel Luthor, más manipulador que nunca, y de nuevo sin que sus intenciones resulten nada claras.

Todo para llegar a un nuevo ‘continuará’, con varios personajes aparentemente fallecidos o a punto de hacerlo, algún detenido y Clark en plena pelea con un villano cuya identidad solo descubriremos en el último plano.

Y ahora, un análisis más detallado con los mejores capítulos.


La temporada arranca con el enfrentamiento definitivo entre Clark y Zod, para luego bajar el nivel con un segundo capítulo en el que Clark tiene su primer resfriado y un tercero en el que se enfrenta al primer evadido de la zona fantasma, una planta que se alimenta de hombre. La cosa mejora con la presentación de Green Arrow y el regreso de la chica a la que Clark conoció en la zona fantasma.

A destacar el capítulo 10, Hydro, no porque aparezca como villana Tori Spelling, sino por la divertida trama en la que Clark ayuda a Oliver a demostrarle a Lois que no es Green Arrow… y que acaba con el primer beso entre Lois y Clark, sin que ella lo sepa. Divertidísimo. 

El ‘romance’ entre Lois y Clark dará un nuevo paso en el capítulo 13, Carmín, en el que un pintalabios con kriptonita roja ¡! provoca la escena más de culebrón de la temporada, con Clark echando a perder la cena prenupcial entre Lex y Lana.

También habrá tiempo para Laberinto, un juego mental en el capítulo 12, en el que Clark ‘descubre’ que está encerrado en un psiquiátrico y toda la serie es una invención suya. Y antes del capítulo 21, Prototipo, en el que casi se cierra la trama del supersoldado de Lex de una manera bastante mediocre, tenemos Antagonista, capítulo 19 en el que veremos a Lex y Clark trabajando juntos para salvar sus vidas… y tal vez su amistad, y Cine negro, un capítulo 20 en el que lo mejor es el sueño de Jimmy que nos da una versión de todos los personajes en inmaculado blanco y negro, como si de una peli de Bogart se tratara. Sin duda, lo mejor de la temporada aunque apenas dure medio capítulo.