lunes, 15 de julio de 2013

'Némesis': El canto de sirena de la Nueva Generación trekkie


Y acabamos por ahora con los posts dedicados al universo trekkie, a la espera de que me acerque al cine a ver En la oscuridad. Hoy toca Némesis (2002), que hace una década sirvió para despedir las cuatro entregas protagonizadas por la Nueva Generación después de las seis de los personajes originales. Mucho se ha hablado estos días sobre cuál es la mejor película de la saga. Desde luego, para mí lo son las dos primeras, Star Trek (1979) y La ira de Khan (1982), más el debut de Abrams y la que nos ocupa, un buen cierre para las aventuras del capitán Pickard y los suyos.

Némesis, la verdad sea dicha, fue, por un lado, un intento de relanzar la franquicia, que se había ido desinflando con los años –hasta el punto de que en la anterior entrega, Insurrección (1998), aparecía Anne Igartiburu-, y supongo que por ello Jonathan Frakes, director de las dos últimas películas de la saga, cedió dicho apartado a Stuart Baird para centrarse en su papel de William T. Riker. Pero, visto lo visto, también parece que quisieron cerrar la versión cinematográfica de la Nueva Generación, incluyendo la muerte de uno de los pilares de la saga.

El film arranca con la boda de dos de los protagonistas, Riker y la consejera Troy, para a continuación emerger un nuevo villano, que al igual que ocurrirá con Nero en el debut de Abrams, y me veo venir que con el personaje interpretado por BenedictCumberbatch en En la oscuridad, tiene sus motivos, y digamos que ‘la vida me ha hecho así’. Vaya, que no son malos porque sí, siguiendo la tendencia de los últimos tiempos.

Un villano que, sin destripar, y esta es la clave del film, es un clon juvenil del propio Pickard, lo que da para mucho, al igual que el hallazgo de una versión más antigua de Data, el androide que en la Nueva Generación ocupa el lugar de Spock. Los dos personajes, los de siempre y sus nuevas contrapartidas, acaparan todo el protagonismo, reduciendo al mínimo a varios de los tripulantes habituales como el klingon o la doctora Crusher. Por cierto que para encarnar al villano de marras eligieron a un jovencísimo y entonces desconocido Tom Hardy, que una década después ampliaría su galería de villanos con Bane en el último Batman de Nolan

Más modesta en medios que el relanzamiento de Abrams, tiene sus dosis de espectacularidad, aunque prolonga en exceso toda la parte final en el espacio, con dos naves y el firmamento como único y oscuro escenario. Pese a ello no deja de ser una gran aventura, pero muy poco disfrutable por quienes no sean seguidores, no ya de Star Trek, sino de la Nueva Generación. Y ahí es donde los productores vieron claro que había que relanzar la franquicia y orientarla… a las nuevas generaciones.

domingo, 14 de julio de 2013

De cómo JJ Abrams renovó la franquicia trekkie (I)


Ahora que acaba de estrenar su segunda entrega, recordemos cómo le fue a JJ Abrams en su relanzamiento de la franquicia Star Trek (2009), su segunda película como director tras la tercera entrega de Misión: Imposible (2006).

Si en su primer film Abrams logró relanzar la franquicia estrella de Cruise tras una segunda entrega que fue la más floja de la serie, en Star Trek acertó de lleno con una película cuyo gran mérito, y no es poco, es que resulta perfecta tanto para los trekkies de toda la vida –entre los que me incluyo- como para quienes se acercan por primera vez al universo creado por Gene Roddenberry.

Un relanzamiento en el que se apostó por los personajes originales, encabezados por Kirk y Spock, en detrimento de la Nueva Generación, protagonista de la segunda serie de televisión (de las cinco que se han realizado, sin contar la de animación) y de las últimas cuatro películas estrenadas en pantalla grande. Y es que aunque Jean Luc Pickard, el capitán de la Nueva Generación, sea un personaje genial y cargado de matices, el carisma de Kirk y Spock sigue intacto.

Como si de un Star Trek Begins se tratase, Abrams, en un guión cuidado al milímetro, nos cuenta el origen de todo, desde la infancia de los dos protagonistas al encuentro de toda la tripulación original (Uhura, Chejov, McCoy, Sulu y Scott) en medio de una aventura de esas ‘más grande de la vida’, que incluye –Abrams va a por todas- la destrucción de un planeta entero que conocemos muy bien…



Siguiendo los parámetros de los films de Bond, o de Misión:Imposible, ya puestos, Abrams arranca con un prólogo espectacular en el que presenta al villano de esta entrega, un romulano muy particular encarnado por Eric Bana, al tiempo que, en una jugada maestra, nos hace pensar que estamos viendo al nuevo actor que encarna a Kirk (por cierto, un Chris Hemworth pre-Thor), para segundos después desvelarnos que en realidad es el progenitor de nuestro héroe, a cuyo parto asistiremos de inmediato. Por cierto, que la JenniferMorrison de House y Érase una vez sea la madre de Kirk y Winona Ryder la de Spock, ya da muestras de que en el reparto tampoco se ha escatimado.

Acto seguido conoceremos los motivos de la rebeldía de Kirk y a un Spock más humano que de costumbre. En ambos casos la labor de casting fue perfecta, y si Chris Pine se lo curra para dar vida al capitán, Zachary Quinto hace olvidar su Shylar de Héroes al convertirse en la nueva versión de Spock. Por cierto que el mismísimo Leonard Nimoy le cederá el testigo, ya que la historia tiene cierto componente de viajes en el tiempo.

Karl Urban también capta la personalidad de toda la vida de McCoy, aunque le dan poca bola, y Zoe Saldana derrocha carisma como Uhura, a la que Kirk le tira los trastos desde la primera escena pero se lía con otro miembro de la tripulación, toda una sorpresa. Y para rematar, Simon Pegg como Scotty. Y es que Abrams le ha metido en sus dos sagas, Misión: Imposible y Star Trek, por lo que no sería desdeñable que le viésemos en Star Wars.

La película tiene todo lo que cabe esperar de la saga Star Trek: combates aéreos, peleas cuerpo a cuerpo, misterio, épica… y todo a un ritmo endiablado que no decae durante las dos horas de un film que, ante todo, presenta a todos los personajes de manera perfecta para un nuevo público al tiempo que respeta todos los elementos que se han ganado a los fans durante décadas… y añade las dosis justas de humor.

Repito, podría haberse titulado perfectamente Star Trek Begins puesto que, de hecho, la película acaba con el texto en off que presentaba cada capítulo de la serie original. Ya sabéis: “El espacio: la última frontera. Estos son los viajes de la nave estelar «Enterprise», en una misión dedicada a la exploración de mundos desconocidos, al descubrimiento de nuevas vidas y nuevas civilizaciones, hasta alcanzar lugares donde nadie ha podido llegar”. Y parece que, gracias a Abrams, continuarán los viajes del Enterprise.

Por cierto, apostaría a que la próxima entrega se estrena en el 2016, cuando se cumplirá ¡medio siglo! del estreno de la serie original de tv. Larga vida y prosperidad.

Ah, os dejo con una escena eliminada, el parto de Spock. Supongo que pensaron que había demasiados partos...

sábado, 13 de julio de 2013

El estreno: Lasse Hallström se pasa al thriller


Después de los primeros blockbusters del verano -Man of Steel, After Earth y Star Trek: En la oscuridad para mayores, Monsters University y Gru 2 para los pequeños- la cartelera se toma un respiro con estrenos de perfil más bajo. De Hollywood nos llegan la secuela de la comedia desmadrada Niños grandes y el que bien podía haber sido el estreno de la semana: The purge: La noche de las bestias. Este film, cuyo reparto lideran Ethan Hawke y Lena Headey, parte de una interesante premisa: en una sociedad futura, un día al año todo está permitido... incluso el asesinato. Otra cosa es qué hagan con esa idea, porque pinta a peli de terror gore de toda la vida.

A partir de ahí, estrenos más minoritarios y el que se lleva la palma, El hipnotista, con el siempre interesante Lasse Hallström, que regresa a Suecia y se pasa al thriller con la adaptación de la famosa novela de Lars Kepler, uno de los reyes actuales del bestseller de intriga. A priori, la apuesta más solvente del fin de semana, a la espera de que vuelvan los blockbusters, que aún nos queda lo nuevo de Lobezno, Pacific Rim, etc.

martes, 9 de julio de 2013

Hollywood se carga otra vez a Superman


Donde quiera que esté, Christopher Reeve puede seguir tranquilo, nadie le tose como el Superman definitivo en la gran pantalla. Y es que Hollywood ha vuelto a arruinar el enésimo relanzamiento del superhéroe por excelencia. No sé si la taquilla permitirá que Henry Cavill vuelva a encarnar a Clark Kent/Kal-El, pero la cinta de Zack Snyder no ha mejorado el anterior intento, la incomprendida Superman Returns (2006) de Synger.

Primera gran decepción del verano, ya que a tenor del tráiler parecía que podíamos estar ante el blockbuster del año, pero va a ser que no. Y el punto de partida no era malo, solo que Hollywood se ha empeñado en dejar su huella. La versión corta es esta ecuación:

Avatar+El árbol de la vida+Transformers = The man of steel.

Vamos con la versión larga. Synger cometió el grave error de reverenciar los que siguen siendo los dos mejores films de Superman, los dos primeros de Reeve, y situar su película como una tercera parte, a pesar de que el público actual, sobre todo el más joven, no conoce aquellos precedentes. En cambio, el guión de David S. Goyer, el mismo de los tres Batman de Nolan, apuesta por contar la historia desde el principio, de modo que estamos claramente ante un Superman Begins.

Y ya que hay que empezar por el principio, vayamos a Krypton. El film arranca con un largo prólogo en el que concede todo el protagonismo a RussellCrowe como Gladiator, digo Jor-El, metiendo la quinta marcha desde el primer segundo, con acción sin pausa y claras reminiscencias de la Pandora del film de Cameron. Digamos que aquí falla la dirección, demasiado acelerada, mientras el público poco conocedor de la historia trata de procesar toda la información. Crowe, por su parte, se limita a hacer lo que tan bien sabe, aunque ya cansa: de sí mismo. Lástima que insista en salir una y otra vez a lo largo del metraje, sobre todo en cierta escena con Lois Lane, poco menos que ridícula.

A partir de ahí viene el mejor tramo del film, el que, seguramente, proviene de la mente de Nolan. En el presente Clark encuentra la Fortaleza de la Soledad, y de paso a Lois Lane (además de un traje muy ceñido y una maquinilla de afeitar), mientras los flashbacks nos muestran su niñez y adolescencia. Ahí es donde Diane Lane cumple como bondadosa ma' Kent y Kevin Costner se agiganta como el mejor secundario del film, en una versión de pa' Kent muy oscura, bien distinta de la que nos ha acostumbrado la televisiva Smallville.

Y es que uno de los puntos fuertes del film es enfrentar la visión de Jor-El, según la cual Superman debe mostrarse a la humanidad y convertirse en un símbolo para que explote su potencial, con la del padre humano de Clark, que nos conoce bien y teme la reacción de los hombres cuando sepan la verdad sobre su hijo. Incluso llega a plantear si es aceptable que Clark no utilice sus poderes, a costa de las vidas que podría salvar, con tal de mantenerse en el anonimato.

El otro gran tema, ya puestos, es si la humanidad merece que este dios que es Superman la salve de otro dios vengativo, el general Zod, el malo de la peli, empeñado en convertir la Tierra en Krypton, a costa de la vida de todos los humanos si es necesario. Y surge la gran pregunta: ¿por qué Superman se pone del lado de los terrestres?

Ahí es donde la película se viene abajo, ya que tras un tramo que evoca al mejor Terrence Malick, y concretamente al de El árbol de la vida (2011), con ese niño que busca sus orígenes y su destino en un pueblecito de la América profunda, se muestra incapaz de responder a la citada pregunta. De hecho, cuando el propio Clark no sabe para dónde tirar, no busca consejo en su madre ni en su amada… sino en una iglesia, en un tosco intento de darle una justificación religiosa a las motivaciones del protagonista… que no pega ni con cola. Pero es que son americanos...

Y a partir de ahí, como si se tratara de recuperar el tiempo perdido, después de una hora de película sin una sola escena superheroica, Michael Bay se adueña de la cámara y tenemos una sucesión interminable de tortas que apenas se salva por su brutalidad y realismo. Impagable la batalla en Smallville, donde por primera vez Clark desata toda su fuerza, bastante más aburrida toda la parte final (no hablemos de esos tentáculos cansinos…), aunque la destrucción de Nueva York sea más realista que en Los Vengadores, y ofrezca la mejor escena del film a Laurence Fishburne. Y es que si Samuel L. Jackson puede ser Nick Furia (de hecho, el Nick Furia de los Ultimate, la versión renovada de Los Vengadores, tomó a Jackson como modelo, con el mismo look con el que aparece después en Los Vengadores), ¿por qué Fishburne no puede ser... Perry White?

En cuanto al duelo final, a medias épica pura, a medias con la sensación de ¿a qué esperan para hacer un kame-ame (ya me entenderán los que se criaron con Bola de Drac)?

Total, que Nolan quiso hacer un drama en el que se reflexionara sobre qué ocurriría si de verdad existiera alguien con los poderes de Superman, pero a Hollywood solo le interesaba ‘una de superhéroes con mucha acción’. Así que The man of steel se queda a medio camino en ambas direcciones, por lo que dudo que contente a nadie.

En cuanto al apartado actoral, Amy Adams cumple como Lois, aunque la sombra de Margot Kidder también es muuuuy alargada, pero el problema es Cavill, más soso que soso, sin ninguna expresividad, por lo que todas las escenas con Lois naufragan y esta acaba quedándose como mero objeto de rescate una y otra vez. Por no hablar de que Adams y Cavill más parecen madre e hijo que otra cosa... 

El guión, además, prescinde la identidad de periodista de Clark, que deja para la próxima entrega, si es que la hay. Una secuela en la que la gran esperanza es que el enemigo sea Lex Luthor, que a diferencia de Zod, no tiene superpoderes, por lo que no parece que sea probable una nueva ensalada de puñetazos. Lex es más sutil, veremos si lo es la próxima entrega.


viernes, 5 de julio de 2013

El estreno: Holmes contra el capitán Kirk, digo... Estos son los viajes de la nave estelar Enterprise 'En la oscuridad'


Ya puede dar gracias J. J. Abrams de haber elegido a Benedict Cumberbatch, el último Holmes británico, para encarnar al malo de su nuevo Star Trek, porque si no me temo que no sería En la oscuridad el estreno de la semana, sino...

La cartelera se ha recuperado por completo de las vacas flacas y esta semana casi todos los estrenos son de lo más apetecible, empezando por el que ha quedado segundo, la secuela de Gru, mi villano favorito, una de las mejores cintas de animación de los últimos años, cargada de frescura y originalidad, aunque no me gustase demasiado el doblaje de Florentino Fernández. ¿Estará a la altura de su predecesora?

Ojo también a La mejor oferta, que arrasó en los David di Donatello, los Oscar/Goya italianos, incluyendo mejor película y director, nada menos que Giuseppe Tornatore, que siempre será el director de Cinema Paradiso. Y con Geoffrey Rush como protagonista absoluto.

Y tampoco perdamos de vista la canadiense El vendedor, sobre un veterano vendedor de coches que se encuentra con una tragedia inesperada, la india Hijos de la medianoche, adaptación de la mítica novela de Salman Rushdie, o la chilena Violeta se fue a los cielos, nominada a mejor película hispanoamericana en los últimos Goya.

Pero al final, la palma se la lleva la última de la saga Star Trek, y repito, aunque soy trekkie confeso, lo único que impide que mi prioridad de este fin de semana sea el regreso de Gru, es ese villano que domina todo el tráiler de En la oscuridad, sobre todo en versión original (qué voz tiene este hombre)... y no el morbo de saber que Abrams dirigirá lo próximo de la otra gran saga galáctica, Star Wars. Esperemos que el nuevo viaje del Enterprise no sea tan decepcionante como el último Superman. Ya hablaremos, ya...