domingo, 29 de agosto de 2010

El origen definitivo de Green Lantern

Green Lantern. O sea, Linterna Verde. ¿Puede haber nombre más ridículo para un superhéroe? Quizá deje de ser tan ridículo dentro de unos meses, cuando se estrene la película basada en este personaje de DC (la editorial de Superman y Batman), al que dará vida el marido de Scarlett Johansson, Ryan Reynolds. Adelantándome a dicho evento cinematográfico, toca hoy repasar uno de los mejores cómics de Green Lantern que se han publicado en los últimos tiempos: ‘Origen Secreto’.

Empezamos con algunos antecedentes. Green Lantern es uno de los personajes más destacados del Universo DC, aunque no ha alcanzado la categoría de icono popular que tienen Superman y Batman, de quienes ha oído hablar todo el mundo. Los Linternas Verdes son un ‘cuerpo de policía’ espacial, de modo que hay cientos en toda la galaxia y cada uno patrulla un sector. Desde que se empezaran a publicar las aventuras de este personaje varios han sido los Green Lantern del sector que incluye a nuestro planeta, pero el más emblemático es Hal Jordan, ex piloto de las fuerzas aéreas.

Durante varias décadas de publicación a Jordan le ha pasado de todo, incluso volverse malvado para luego morir y acabar resucitando, algo cada vez más habitual en el mundo del comic. Hace unos pocos años su ‘resurrección’ le fue encargada a Geoff Johns, uno de los mejores guionistas actuales, quien ha sabido darle nueva vida al personaje y convertirlo en uno de los más atractivos del momento. Pues bien, entre los números 29 y 35 de la colección (de mayo a noviembre de 2008) Johns aborda este ‘Origen Secreto’ donde, en un ejercicio de retrocontinuidad (también muy de moda en estos momentos), vuelve a contarnos cómo Jordan se convirtió en Green Lantern. La historia tiene obviamente más interés para el lector nuevo que para el habitual del personaje, pero lo cierto es que el guionista se luce con la que debería ser la nueva versión canónica del origen de Green Lantern, y que sería el perfecto guión para una película… que mucho me temo no estará a la altura de este comic.


Johns arranca con un primer número magistral, en el que no hay superhéroes por ningún lado, sino la historia de Jordan desde niño: su relación con sus padres y hermanos, su carácter conflictivo y un preciso análisis de su personalidad, además de la presentación de Carol Ferris, su gran amor, con quien las cosas nunca han sido fáciles. Luego vendrá el momento en el que es elegido como Green Lantern por su predecesor, un extraterrestre cuya nave se estrella en la Tierra, y su entrenamiento como héroe. También vemos su primer encuentro con Sinestro, su mentor y el mejor de los Green Lanterns, que como sabe todo lector de la serie, acabará por convertirse en su peor enemigo. Aquí, sin embargo, los malos son Hector Hammond, otro piloto que inicia el proceso que le convertirá en otro malvado de altura, y Atrocitus, un alien a través del cual Johns introduce un nuevo elemento en el origen de Jordan, que es lo que le interesa: toda una serie de hechos desconocidos hasta el momento para preparar ‘La noche más oscura’, la espectacular saga que el guionista acometerá unos números más adelante, en este caso en el presente del personaje.

Johns mueve los hilos de la historia con gran habilidad y encima cuenta con la complicidad de Ivan Reis a los lápices. El apartado gráfico de este ‘Origen Secreto’ es sobresaliente, alcanzando el dibujante brasileño una perfección extraordinaria tanto en las escenas intimistas como en los momentos más espectaculares. La saga abunda en splash-pages (ilustraciones a doble página) inolvidables, como el momento en el que Abin Sur le entrega el anillo de Green Lantern a Jordan, o la llegada de este a Oa, el planeta-sede del cuerpo de policías intergalácticos.

Si la película toma buena nota de esta historia tendrá mucho ganado para ser una excelente adaptación de este personaje. Si no, al menos ‘Origen Secreto’ seguirá siendo una de las mejores maneras de descubrir Green Lantern para quien nunca haya disfrutado sus aventuras.

El detalle cinéfilo: Tengo muchas dudas de que Reynolds encarne a Hal Jordan como este personaje se merece, eso sí, lo han clavado con el elegido para asumir el rol de Sinestro: Mark Strong, el malo de los últimos 'Sherlock Holmes' y 'Robin Hood'. Un pedazo de actor que es su viva imagen física... aunque parece que esté ya encasillado como el malo de todas las películas. La otra duda es si el director del film, Martin Campbell, será el que nos regaló 'La máscara del zorro' y 'Casino Royale', o el de 'Goldeneye' y otras cintas infumables. Cruzaremos los dedos.


domingo, 22 de agosto de 2010

Larra, hoy como ayer, ejerce su magisterio

‘No sé en qué consiste que soy naturalmente curioso; es un deseo de saberlo todo que nació conmigo, que siento bullir en todas mis venas, y que me obliga más de cuatro veces al día a meterme en rincones excusados por escuchar caprichos ajenos, que luego me proporcionan materia de diversión para aquellos ratos que paso en mi cuarto y a veces en mi cama sin dormir; en ellos recapacito lo que he oído, y río como un loco de los locos que he escuchado’.

‘El hábito de vivir en las costumbres, y la repetición diaria de las escenas de nuestra sociedad, nos impide muchas veces pararnos solamente a considerarlas, y casi siempre nos hace mirar como naturales cosas que en mi sentir no debieran parecérnoslo tanto’.

‘No tengo fijada mi opinión todavía acerca de ninguna cosa, y me siento medianamente inclinado a no fijarla jamás: tengo mis razones para creer que éste es el único camino del acierto en materias opinables: en mi entender todas las opiniones son peores’.


Valgan estas tres citas para establecer una primera semblanza del ideario y los fines como escritor de Mariano José de Larra, protagonista de la reseña de hoy. El pasado año se cumplían los 200 años del nacimiento de este insigne escritor y periodista español, lo que me impulsó a desempolvar sus célebres ‘Artículos de costumbres’. Este verano he completado la lectura de este volumen que he ido tomando a pequeños sorbos y cuya lectura recomiendo encarecidamente. Escritos entre 1828 y 1836, sus artículos han aguantado mejor el paso del tiempo que las novelas de Verne, y tienen momentos de lo más divertidos.

Leer a Larra debería ser obligatorio para cualquier español, más aún si pretende dedicarse al periodismo, aunque como él mismo decía ‘hemos echado diez meses en verter media docena de ideas, que acaso en horas habríamos concebido, y todo para decirlas, a fuerza de lagunas y paliativos, de la ridícula y única manera que las pudieran oír los mismos que no quieren entenderlas’. ¿Qué pensaría Larra si levantara la cabeza? Creo que estaría orgulloso del progreso alcanzado por España, impensable en su época. Aunque sin duda esbozaría una media sonrisa al ver que buena parte de los defectos de los españoles que él denunciaba perviven a través de los tiempos y que las dos Españas ahí siguen, erre que erre.

El objetivo fundamental de sus escritos era lograr que nuestro país avanzase con nuevas ideas, y el mismo criterio aplicaba a las artes, sólo eran buenas si contribuían a dicho propósito: ‘He aquí la medida con que mediremos; en nuestros juicios críticos preguntaremos a un libro: ¿Nos enseñas algo? (…) ¿Nos eres útil? Pues eres bueno’. No era fácil el panorama que debía afrontar. De ahí su mítica pregunta ‘¿No se lee en este país porque no se escribe, o no se escribe porque no se lee?’, que acaba respondiendo así: ‘En este país no se lee porque no se escribe, y no se escribe porque no se lee’. Entre una y otra frase, otras de gran ingenio que revelan la situación cultural del momento: ‘calla, tonta, le decía: mi hijo no ha estado en ningún colegio, y a Dios gracias bien gordo se cría’ o ‘¿Qué más dará escribir vino con b que con v? ¿Si pasará por eso de ser vino?’. Tampoco tienen desperdicio las respuestas de un joven a sus consejos para convertirse en actor en ‘Yo quiero ser cómico’.



Y es que la ironía es uno de los recursos en los que Larra era maestro. Así queda de manifiesto, por ejemplo, en ‘El castellano viejo’, ya desde la presentación de este personaje y sobre todo en una escena de comida digna de los Hermanos Marx, o en fragmentos tan desternillantes como este, en el que describe un coche de caballos que acaba de alquilar: ‘que las ruedas habían rodado hasta entonces, no se podía dudar; que rodarían siempre y que no harían rodar por el suelo al que dentro fuese de aquel inseguro mueble, eso era ya otra cuestión; que el caballo había vivido hasta aquel punto, no era dudoso; que viviría dos minutos más, eso era precisamente lo que no se podía menos de dudar cada vez que tropezaba con su cuerpo, no perecedero, sino ya perecido, la curiosa visual del espectador (…). Peor vestido que el birlocho estaba el criado que le servía, y entre la vida del caballo y la suya no se podía atravesar la apuesta de un solo real de vellón; por lo mal comidos, por lo estropeados, por la poca vida, en fin, del caballo y el lacayo, por la completa semejanza y armonía que en ambos entes irracionales se notaba, hubiera creído cualquiera que eran gemelos, y que no sólo habían nacido a un mismo tiempo, sino que a un mismo tiempo iban a morir. Si andaba el birlocho, era un milagro; si estaba parado, un capricho de Goya’.

Pero leer a Larra no sólo es pasar un buen rato, también sirve para conocer la España de su época… y para ver que las cosas han cambiado, pero tal vez no tanto. La vigencia de sus artículos queda de manifiesto en piezas como el célebre ‘Vuelva usted mañana’, con frases como ‘así son todos. No comerán por no llevar la comida a la boca’. También daba cuenta de los ‘agentes inmobiliarios’ de sus tiempos en ‘Las casas nuevas’, con frases como ‘Los caseros, más que al interés público consultan el suyo propio: aprovechemos terreno, ése es su principio (…) Las escaleras son cerbatanas, por donde pasa la persona como la culebra que se roza entre dos piedras para soltar su piel. Un poco más de hombre o un poco menos de escalera, y serán una sola cosa hombre y escalera’ o el siguiente diálogo:

‘- ¿Usted es el dueño de la casa que se está haciendo?

- Sí, señor.

- Hay varios cuartos en la casa.

- Están dados.

-¡Cómo!, si no están hechos…

- Ahí verá usted’.

Adelantado a su tiempo en tantos aspectos, Larra realiza una demoledora reflexión sobre la pena de muerte en ‘Los barateros’, al tiempo que critica la costumbre de batirse en duelo por cuestiones de ‘honor’ o la generalización de la mentira en ‘El mundo todo es máscaras. Todo el año es carnaval’.

Si acaso se le podrá achacar cierta misoginia, de la que encontramos bastantes ejemplos: ‘algunas madres, sí, buscaban a sus hijas, y algunos maridos a sus mujeres; pero ni una sola hija buscaba a su madre, ni una sola mujer a su marido’; ‘¡Bienaventurado aquel a quien la mujer dice no quiero, porque ése a lo menos oye la verdad!’; o ‘los hombres ya no saben sino hablar como las mujeres, en congresos y en corrillos. Y las mujeres son hombres, ellas son las únicas que conquistan’.

Y este artículo, ya largo de por sí, podría seguir así indefinidamente, pues cada artículo de Larra tiene algún punto de interés. Y es que, fiel a sí mismo, logró su propósito: entretener y educar a la vez. Dos siglos después de su nacimiento podemos continuar aprendiendo de su obra. Eso es un clásico, y por eso hay que volver siempre a Larra. No os arrepentiréis.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Buzz y Woody juegan como nunca

No os la perdáis. Es el mejor consejo que os puedo dar. De verdad. Ya sé, uno piensa en ‘Toy story’ y dice ‘bah, otra vez los juguetes de Pixar, si ya lo he visto, si es para niños’. La memoria a veces te juega malas pasadas y piensas que son películas que… ‘si bueno, las he visto ya, ¿y qué?’ Pero luego las ves de nuevo y te vuelves a quitar el sombrero ante la joya de la corona de Pixar. Fueron su primera obra y la siguen mimando como el primer día. Esa es la diferencia con ‘Shrek’. En Dreamworks han querido exprimir al máximo su gallina de los huevos de oro con demasiadas secuelas en pocos años, y eso se ha traducido en una falta de ideas alarmante en las dos últimas entregas. En cambio, Pixar se ha tomado su tiempo para cerrar la trilogía de sus juguetes. Y eso se nota.

Se nota también el cariño que le tienen a esta saga, a unos personajes que ya hemos hecho nuestros. Y eso (nunca pensé que lo diría) hace que ‘Toy Story 3’ le gane la partida hasta a ‘Origen’ (a Nolan sólo puede reprochársele que no se trabaje más los personajes y los dote de ‘corazón’, dado que sólo le interesan como ideas). Por mí le pueden dar el Oscar a la mejor película.

Porque ‘Toy Story 3’ vuelve a ser un peliculón en toda regla. Desde el prólogo inicial (similar al de la segunda parte pero completamente distinto: western y aventura en estado puro) a la ‘misión: imposible’ que ocupa la mayor parte de la recta final del metraje, pasando por algún flashback más propio de una película de terror o el romance entre Jessie y Buzz. Faltan algunos personajes de anteriores entregas, pero la lista de nuevos juguetes es interminable: desde Barbie y Ken a un oso ‘amoroso’ que no desentonaría en un film de mafiosos, pasando por un mono inolvidable y un bebé que parece diseñado por Tim Burton.

Comedia, drama y aventura se entremezclan sin pausa, encadenando planos y secuencias en los que todo está estudiado al milímetro (en eso Pixar es igual a Nolan) para que los niños y niñas se rían y se diviertan. También lo hacemos los mayores, pero nosotros vemos mucho más, como ese maravilloso momento en el que Andy se da cuenta de que su infancia ha acabado de verdad. Precioso y emotivo el desenlace, el mejor que podía dársele a la trilogía (confieso que me faltó poco para llorar, hay que ver).

Nadie puede decirlo mejor que Andy: ‘Gracias, amigos’.

Ah!, y no os perdáis ni los títulos de crédito ni el corto del principio (con un magnífico mensaje final). Y otra cosa: no la vi en 3D, ni falta que hace.


El detalle: No sé si lo mejor, porque el nivel de la película es elevadísimo en todo momento, pero prestad mucha atención a los cambios de personalidad de Buzz Lightyear. Porque lo que ocurre la segunda vez que le pasa es… sencillamente espectacular. Sólo eso vale la entrada.

El detalle cinéfilo: En Pixar son muy buenos. Tanto que incluso tienen tiempo para homenajear a Hayao Miyazaki y el Studio Ghibli con un peluche de ‘Mi vecino Totoro’. Buscadlo en la casa de Bonnie, una niña encantadora.


sábado, 14 de agosto de 2010

Blockbuster + Arte y ensayo = Christopher Nolan

Reconozco que mi expectación ante el estreno de ‘Origen’ (sigo prefiriendo el título original, ‘Inception’) era muy elevada. Y aunque por ahora me sigo quedando con ‘The Dark Knight’, su director, Christopher Nolan, vuelve a dejar claro que hoy por hoy es uno de los mayores talentos del séptimo arte.

Tras haber visto su último film disiento de aquellos críticos que afirman que no es más que un blockbuster o que sus escenas de acción desvirtúan la parte ‘seria’ de la película. Como en toda su filmografía anterior, y especialmente ‘The Dark Knight’, Nolan vuelve a demostrar en ‘Origen’ que no es necesario elegir entre dirigir un blockbuster taquillero o un drama serio de arte y ensayo que reflexione sobre temas profundos. Tiene claro que se pueden hacer las dos cosas a la vez.

‘Origen’ no es una película de acción con toques dramáticos, ni una reflexión sobre la naturaleza de los sueños con un envoltorio de thriller. Quien busque la película de acción e intriga del verano, la encontrará, y quien quiera indagar sobre cómo nos afectan los sueños, también podrá hacerlo. Y de regalo podrá contemplar planos absolutamente originales, escenas nunca vistas en una pantalla de cine, otra de las obsesiones de Nolan.

Una manera de definir ‘Origen’ es decir que es la típica película de atracos. Como en tantas cintas, asistimos a la cuidadosa planificación y ejecución de un golpe en el que todo acaba complicándose. Pero Nolan logra desarrollar esta premisa como nunca antes se había visto, lo cual no es poco. Porque es un golpe que se ejecuta en el sueño de la víctima ('Tu mente es la escena del crimen')… con todas las posibilidades que eso permite.

Un guión milimétrico y un director de altura, a lo que se suma un reparto excelente, del primer al último actor, además de una banda sonora y un montaje que no dan respiro al espectador, y a los que únicamente se les puede reprochar su parecido con los de ‘The Dark Knight’.

Pero por encima de todo, Nolan continúa con su exploración de la mente humana. En ‘Memento’ analizaba qué le ocurre a alguien que pierde de inmediato sus recuerdos. En ‘Insomnio’ qué le ocurre a alguien que no puede dormir (ni soñar). En ‘Batman begins’ qué lleva a alguien a convertirse en un justiciero vestido de murciélago. En ‘The prestige’ qué lleva a dos hombres a convertirse en rivales implacables, y en ‘The Dark Knight’ la anarquía del Joker.

Ahora es el turno de explorar cómo influyen en nuestras vidas los sueños, esa realidad alternativa que vivimos cada noche. Y como todas sus películas, ‘Origen’ gana en cada visionado, cuando vemos con mayor claridad todo lo que hay bajo la estructura de thriller. Poco más se puede decir sin desvelar la trama de un film como ningún otro que hayais visto. (Y que encima tiene el mejor cartel y el mejor tráiler en mucho tiempo).

El detalle: Nunca había sido tan poética la imagen de dos niños jugando de espaldas.


jueves, 12 de agosto de 2010

Un inolvidable viaje a bordo del Nautilus

Este verano he navegado por los siete mares a bordo del mítico Nautilus. Llevaba unos cuantos años queriendo leer ‘20.000 leguas de viaje submarino’ de Julio Verne, y al final le ha llegado el turno. Estamos ante un clásico entre los clásicos, la primera obra del autor galo, cuya lectura he afrontado sin prejuicios, olvidándome de las mil y una versiones que ha conocido y dejándome llevar únicamente por las palabras de Verne.

Pero primero, un pequeño inciso. De niño, Verne era mi autor favorito, aunque no hubiese leído nada suyo. La multitud de adaptaciones de sus obras que han llevado a cabo el cine o el cómic, así como versiones literarias resumidas y adaptadas para jóvenes, me lo dieron a conocer, como a tantos chicos y chicas de mi edad. ¿Quién no conoce ‘La vuelta al mundo en 80 días’, ‘Viaje al centro de la tierra’ o ‘Cinco semanas en globo’? Sin embargo, con el tiempo Verne dejó de ocupar un lugar de privilegio entre mis preferencias literarias. Admitámoslo, uno de sus mayores méritos fue adelantarse a su tiempo con obras que entonces eran de ciencia-ficción, y que precisamente por haberse cumplido, restan interés a acometer ahora la lectura de sus obras.

Tampoco ayuda el estilo de Verne, muy de su época, es decir, un tanto envarado para el público actual, y su tendencia a convertir sus novelas en enciclopedias. Esto perjudica especialmente a ‘20.000 leguas de viaje submarino’, donde encontramos párrafos copiados directamente de enciclopedias y tratados sobre la fauna marina. Una cosa es que el autor se documente bien (lo que se queda muy corto en el caso de Verne) y otra que parezca que leemos una enciclopedia, en lugar de dosificar la información de una manera más natural.

En esta obra tampoco encontramos un gran estudio de personajes ni un reparto variado. Básicamente sólo hay tres personajes: el capitán Nemo, el arponero Ned Land y el científico Aronnax, que ejerce de narrador. Hay un cuarto, Consejo, el criado de Aronnax, que se limita a recitar clasificaciones zoológicas y a ejercer de contrapunto cómico. El personaje de Nemo queda envuelto por el misterio de principio a fin, ya que en este libro no se desvela su pasado ni sus motivaciones, sólo se mencionan algunos detalles o indicios. Aronnax, como investigador de los fondos marinos, resulta perfecto para narrar esta historia, mientras que Ned Land ejerce como contrapunto de marinero audaz y aventurero, perfectamente interpretado por Kirk Douglas en la famosa versión cinematográfica de Walt Disney.

Estamos ante un libro de viajes, donde más que aventuras se suceden las visitas a distintos lugares por el fondo de los océanos de todo el planeta. Un viaje imposible en 1870, cuando Verne lo dio a la imprenta, y que hace imaginar perfectamente lo prodigiosa que resultaría su lectura para sus contemporáneos. Hoy, en una época en la que los viajes submarinos son algo habitual, esta obra pierde fascinación, pese a lo cual resulta muy recomendable para quien quiera sumergirse en un viaje por los mares de todo el globo.

Mi parte favorita es la expedición al polo Sur, narrada por Verne en una época en la que aún no había sido alcanzado dicho punto geográfico, por lo que resulta una de las partes más imaginativas de la obra y menos ceñida a la amplia documentación de un autor que ya en 1870 mostraba su preocupación por la masiva caza de ballenas.

El detalle: El cine vuelve a poner sus ojos en Verne una vez más. Se habla de que David Fincher puede filmar una nueva adaptación de las aventuras del capitán Nemo. Seguro que tendrá poco que ver con la novela original.