domingo, 31 de octubre de 2010

Proyecto Scream II: La inevitable secuela

‘Scream 2’ fue una de esas secuelas instantáneas, estrenada en 1997, sólo un año después del bombazo de la primera entrega. Por fortuna director y guionista, Wes Craven y Kevin Williamson otra vez, mantuvieron el listón de su anterior trabajo y lograron una cinta más compleja, aunque carente de la originalidad y la capacidad de sorprender de su predecesora. Este es el único defecto que se le puede reprochar, pero claro, es una secuela.

La acción se sitúa dos años después de los asesinatos de Woodsboro, con la protagonista, Sidney, estudiando en la universidad, cuyo campus será el escenario de esta segunda parte. Para que quede claro que de nuevo Craven y Williamson van a usar como referente el género de las ‘scary movies’ una de las primeras escenas tiene lugar en la clase de Teoría del cine, donde se discute si las secuelas de las películas de terror son en general malísimas o hay excepciones, citándose los casos de ‘Alien’, ‘Terminator’ o ‘House’. Craven amplía la galería de homenajeados, de modo que además de citar títulos como los precedentes incluye planos directamente inspirados en ‘Psicosis’, ‘La profecía’ o ‘El resplandor’, o un pase del ‘Nosferatu’ de Murnau en televisión.

¿Quién es la primera víctima? Pues el doctor Foreman, unos añitos antes de ‘House’, y Jada Pinket, la señora de Will Smith, que plantea una reflexión sobre el papel de los afroamericanos en las películas de terror. Ellos protagonizan el prólogo, que no llega al nivel del de la primera entrega (el listón estaba muy alto), pero vale la pena al apostar por algo completamente distinto: un doble asesinato en un cine abarrotado para el estreno de ‘Stab’ (‘Puñalada’), la película basada en los hechos ocurridos en la primera entrega. La sala está llena de espectadores vestidos como el asesino y sirve como espejo de la sala que está viendo ‘Scream 2’, en ese juego de ficciones dentro de la ficción tan habitual en esta saga. Pero lo mejor es el final, cuando Craven deja clara la diferencia entre una muerte cinematográfica (la de Heather Graham, en el papel de Drew Barrymore en el primer film) y una real. Tal vez el mejor momento del film.

Tal como señala Randy, uno de los personajes que sobrevivieron a la primera entrega, al enunciar las reglas de las secuelas, ‘Scream 2’ contiene más muertes y más rebuscadas, además de multiplicar los posibles sospechosos. Y es que a diferencia de la mayoría de sagas del género, en esta hay un asesino distinto bajo la máscara en cada entrega. No se escapa de la sospecha el nuevo novio de Sidney ni el bueno de 'Dewie', que arrastra una cojera y la parálisis de un brazo debido a las heridas que sufrió en el primer film. Otro de los principales candidatos es Cotton, personaje del que se habló mucho en ‘Scream’ y que ahora hace su aparición una vez liberado de la cárcel tras quedar claro que no había matado a la madre de Sidney. ¿Buscará venganza?

Entre los personajes que repiten también encontramos a la periodista Gale Weathers, ahora convertida en la estrella, que compite con una reportera local y retoma su relación amorosa con 'Dewie'. Mientras, la mayoría de personajes nuevos no pasan de carne de cañón y tienen poca entidad, otro de los pocos defectos de una secuela planificada a la perfección, que vuelve a cerrarse con otra larga noche de terror en la que esta vez se multiplican los escenarios y de nuevo se logra sorprender al espectador en el desenlace.

El reparto: Las nuevas incorporaciones a la saga vuelven a tener un marcado carácter televisivo. El nuevo novio de Sidney es Jerry O’Connell, a quien hemos visto en series como ‘Sliders’ o 'Crossing Jordan'. También tenemos a Timothy Oliphant, de la serie 'Deadwood' y films como 'Hitman', y a Sarah Michelle Gellar, que entonces protagonizaba la serie ‘Buffy cazavampiros’. La periodista local es Laurie Metcalf, bien conocida por ‘Roseanne’, y en el campus también encontramos, más o menos brevemente, a Portia de Rossi, antes de ‘Ally McBeal’ o ‘Nip tuck’; Joshua Jackson, famoso por ‘Dawson crece’ o ‘Fringe’, y a Marisol Nichols, que formó parte del reparto de la sexta temporada de ‘24’.

Tal como se anunciaba en la primera entrega, Tori Spelling acaba interpretando a Sidney en ‘Stab’, donde también vemos a Luke Wilson como su novio y se comenta que a Randy le interpreta David Schwimmer, compañero de Courtney Cox (Gale Weathers) en ‘Friends’. No acaban ahí las referencias a esta serie, puesto que Gale también dice que una foto en la que aparecía desnuda en internet realmente era un montaje de su cara y el cuerpo de Jennifer Aniston. Ah, y no nos olvidemos de Lewis Arquette, el padre de la saga, como el sheriff.


sábado, 30 de octubre de 2010

Proyecto Scream I: El primer grito

Aprovechando que estamos en un largo fin de semana de Halloween y que en unos meses se estrena la cuarta entrega de ‘Scream’, vamos a repasar lo que ha dado de sí esta (hasta dentro de poco) trilogía que supuso todo un hito del cine de terror en los 90.

Todo empezó en 1996 (cómo pasa el tiempo) cuando Wes Craven y Kevin Williamson como director y guionista, respectivamente, unieron esfuerzos para renovar uno de los géneros más queridos por el público, sobre todo adolescente, y más denostados por la crítica. Un género que tuvo su momento dorado entre finales de los 70 y principios de los 80, cuando el propio Craven dirigió films como ‘La última casa a la izquierda’, ‘Las colinas tienen ojos’ o ‘Pesadilla en Elm Street’ y cineastas como John Carpenter o Tobe Hooper firmaron películas como ‘La noche de Halloween’ o ‘La matanza de Texas’, respectivamente. Pero tanto Freddy, tanto Jason o tanto Michael Myers acabaron por aburrir y el género se volvió repetitivo hasta la saciedad.

‘Scream’ supuso el resurgimiento del cine de terror adolescente, aunque sólo sirvió para que se sucediesen los remakes de todos los títulos míticos del género, quedando como una de la pocas cintas que realmente aportaron algo. El acierto de Craven y Williamson fue tener bien presente el pasado del género y dar un paso más. Aunque ya han transcurrido casi 15 años desde su estreno, el film ha envejecido muy bien y sigue mostrándose como una obra redonda, en la que desde el soberbio prólogo hasta el baño de sangre final, en el que todos los personajes mueren o resultan heridos, todo está pensado, hasta el último detalle.

La película combina a la perfección los toques de comedia con los momentos de tensión y terror, en los que Craven deja patente que es un maestro del género. Todo el metraje está lleno de homenajes y referencias a los clásicos del terror, desde la breve aparición de Linda Blair, protagonista de ‘El exorcista’, como una periodista, a la del propio director como un bedel llamado Freddy que viste como el asesino de ‘Pesadilla en Elm Street’, pasando por el enunciado de multitud de títulos populares, las constantes referencias a Jamie Lee Curtis, protagonista de varios de ellos en sus inicios, o la escena en la que se citan las reglas para evitar morir en una película de terror. Incluso al final llega el momento en el que uno de los personajes dice aquello de ‘ahora es cuando el malo resucita para el último susto’. Sin olvidar momentos como cuando la amiga de Sidney, la protagonista, se refiere a un tal Wes Carpenter, uniendo a Wes Craven y a John Carpenter.

Pero por encima de la parte de comedia, director y guionista (sin olvidar la excepcional banda sonora de Marco Beltrami) movieron los hilos a la perfección para crear una trama sin fisuras en la que todo cuadra en una segunda visión, una vez que ya sabemos quién estaba tras los asesinatos, lo que no siempre es habitual. El guión es modélico, convirtiendo en uno de los principales sospechosos al novio de la protagonista, siguiendo el modelo de films de Hitchock como ‘Sospecha’, a lo que contribuyó la labor de Skeet Ulrich en este papel, tan encantador como perturbador.

También se sugiere la posibilidad de que el asesino sea el padre de Sidney, del que no se sabe nada hasta el final, y a medida que avanza el metraje parece cada vez más claro que los nuevos asesinatos tienen mucho que ver con el de la madre de Sidney, acaecido un año antes. Y es que toda la acción se desarrolla durante 48 frenéticas horas en las que Craven logra que el espectador perciba la tensión de una idílica población, donde los asesinatos provocan que se suspendan las clases y se declare el toque de queda, hasta la original resolución en cuanto a la identidad del asesino.

El film plantea además durante todo el tiempo la dualidad realidad-ficción, como la escena en la que Sidney le dice a su novio ‘Esto es la vida real, no una película’ y él replica que ‘Todo es una gran película’. Sidney también bromea diciendo que si su vida se lleva al cine tendrá tan mala suerte que la interpretará Tori Spelling, famosa por ‘Sensación de vivir’, y que preferiría vivir en una película de Meg Ryan.

‘Scream’ también da un paso adelante en la figura del psicópata asesino. Además de innovar con un disfraz sacado de los dibujos animados de ‘Scooby Doo’, ya presenta a un malvado que no justifica sus actos: ‘¿Crees que necesitamos un motivo? Es más escalofriante si no lo hay’. Un asesino que también tiene claro que ‘Seamos sinceros, tiene que haber una secuela’ y está convencido de que ‘el cine no crea psicópatas, les hace ser más creativos’.

El reparto: Como ocurriría con ‘Sé lo que hicisteis el último verano’ (también escrita por Williamson, pero bastante menos inspirada), se apostó por rostros juveniles provenientes en su mayoría de series de televisión. La protagonista, Neve Campbell, procedía de ‘5 en familia’ y tuvo su momento de gloria con películas como ‘Juegos salvajes’ o ‘Tango para tres’, antes de perder tirón entre el público, a la espera de que la cuarta entrega de ‘Scream’ la devuelva al estrellato. A su amiga la interpretaba Rose McGowan, que empezaba a darse a conocer y acabaría integrándose en el reparto de la teleserie ‘Embrujadas’, mientras que el papel de la periodista Gale Weathers recaía en Courtney Cox, popular gracias a ‘Friends’. También acabaría en una serie, ‘Jericho’, Skeet Ulrich, quien no pasó de ídolo de adolescentes pese a su look a lo Johnny Depp. Tampoco han pasado de roles secundarios Matthew Lyllard (el Shaggy del ‘Scooby Doo’ cinematográfico) o Jamie Kennedy, los otros amigos de la pareja protagonista. El reparto se completa con David Arquette, hermano de la también actriz Rosanna Arquette, que empezaba a darse a conocer como el ayudante del sheriff. Y por último la que entonces era más conocida, Drew Barrymore, inolvidable pese a salir únicamente en el prólogo.


jueves, 28 de octubre de 2010

Búhos en la tierra de Mordor

Zack Snyder lleva camino de hacerse merecedor del calificativo de ‘visionario’ que la publicidad le viene adjudicando desde hace un tiempo. Hablamos del director que trasladó a la pantalla las viñetas de ‘300’ y ‘Watchmen’, en ambos casos con resultados discutibles, pero logrando que viésemos imágenes como nunca habríamos imaginado en una película.

Pues después de esos dos proyectos va y dirige la adaptación de los tres primeros libros que componen la saga de ¡15! ‘Los guardianes de Ga’Hoole’, de Kathryn Lasky, cuyos protagonistas son… búhos. El film recrea así un mundo mágico en el más puro estilo de ‘El señor de los anillos’, pero donde todos los protagonistas son estas aves rapaces. Y lo hace de manera apabullante, logrando por tercera vez plasmar en la pantalla imágenes antes nunca vistas, y en esta ocasión, de gran belleza.

Por fortuna la trama es bastante adulta y sorprende la espectacularidad de la batalla final (¿a que nunca habíais visto una guerra de búhos?), en la que sólo falta un poco de sangre para que tengamos otro ‘300’. Pero al fin y al cabo es un film que busca también al público infantil y eso se deja notar, aunque menos de lo esperado. Y es que en el camino hacia el Gran Árbol (esto ya parece ‘Avatar’) vemos que a veces es difícil elegir entre el bien y el mal y que nuestros héroes de infancia pueden ser ahora muy distintos a como habíamos imaginado. Eso sí, el argumento de esta primera entrega (veremos si hay secuelas) remite bastante a la obra de Tolkien, ya que los buenos tratan de demostrar a los Guardianes de Ga’Hoole que hay una amenaza, mientras en una montaña de gran parecido a Mordor los malos acumulan un ejército para dominar el mundo.

‘Ga’Hoole’ supone el estreno de Zack Snyder en el 3D y lo hace con bastante nota ya que, dejando de lado ‘Avatar’, es la película que mejor aprovecha esta tecnología de cuantas he visto. Imagino que la belleza que contiene cada plano del film también se podrá disfrutar en 2D, pero los búhos se pasan la mayor parte del tiempo volando, y gracias a las tres dimensiones esas secuencias, y todo su mundo en general, adquiere mayor profundidad y realismo. Por cierto que esta vez me dejaron llevarme las gafas 3D a casa, lo que permitirá ahorrar un eurito en cada pase 3D a partir de ahora. Algo está cambiando.

Ah!, y no lleguéis tarde, que antes de la película pasan un corto del Coyote y el Correcaminos, y ahí sí que uno vuelve a sentirse como un niño, 3D o no 3D.

El detalle cinéfilo: Estupefacto me quedé cuando vi los títulos de crédito, y es que en el reparto original encontramos las voces de los oscarizados Helen Mirren (Nyra) y Geoffrey Rush (Ezylryb), además de Hugo Weaving (Noctus/Grimble), Sam Neill (Allomere), Anthony Lapaglia (Twilight), Abbie Cornish (Otulissa) y Miriam Margolyes (Sra. Plithiver). Casi nada.

PD: Si queréis ver las próximas imágenes con las que Zack Snyder nos va a sorprender, buscad el trailer de 'Sucker punch' (no voy a hacerlo yo todo...) y preparaos para alucinar. Y después, a dirigir lo nuevo de Superman.


domingo, 24 de octubre de 2010

Había una vez un club

Inicié este blog con ‘El secreto de sus ojos’ de Juan José Campanella, y hoy toca su anterior film, ‘Luna de Avellaneda’ (2004), que yo vi tras el estreno del primero. Estamos, seguramente, ante sus dos mejores películas (aunque 'El mismo amor, la misma lluvia' y 'El hijo de la novia' no se quedan atrás), si bien la más reciente se ve tal vez favorecida por una trama más comercial, lo que no menoscaba en absoluto su calidad.

‘Luna de Avellaneda’ carece, pues, del gancho de una trama de intriga que se prolonga durante décadas y de una gran historia de amor, pero es posiblemente la cinta más ambiciosa de Campanella, que reincide en sus temas más queridos. La perenne crisis económica argentina vuelve al primer plano, sobre todo en el contraste entre el idílico pasado que se muestra en el prólogo y el presente en el que transcurre el resto del film.

La acción, o mejor, acciones, dada la multiplicidad de tramas, se prolonga durante dos horas y cuarto (incluyendo una escena ‘de regalo’ tras los primeros títulos de crédito), de una manera pausada, avanzando poco a poco. Drama y comedia se entremezclan a la perfección, con el sello Campanella, y es hacia la mitad del metraje, ya presentados los personajes de una trama coral, cuando la película empieza a ganar velocidad y se suceden las secuencias más emocionantes, incluyendo el mejor momento interpretativo de toda la carrera de Ricardo Darín (y eso es decir mucho), y una de las últimas lecciones magistrales que nos regaló José Luis López Vázquez. Todo ello hasta culminar en un final de los que se quedan en la memoria del espectador, en el que la realidad y las ilusiones se baten en duelo y sólo puede haber un ganador.

También hay historias de amor en ‘Luna de Avellaneda’, pero menos románticas y ‘de película’ que en ‘El secreto de sus ojos’ (soberbia por otra parte). Aquí el amor es más real y desencantado: la lucha por mantener un matrimonio de 20 años, por un lado, y por otro la de una pareja que viene de un largo historial de desencantos amorosos y no sabe si darse una nueva oportunidad.

En el club ‘Luna de Avellaneda’ hay mil historias y mil detalles, en una película para disfrutar poco a poco, dejando que se sucedan las imágenes, pero sobre todo brilla la historia de una niña que es feliz bailando (y la mejor versión del cuento de la cerillera).


jueves, 21 de octubre de 2010

Puro Mel Brooks

La historia de ‘Los productores’ es una de esas en las que una misma idea o guión es aprovechada de muy diversas maneras. Mel Brooks debutó en Hollywood escribiendo y dirigiendo una película con este título en 1968, logrando un Oscar al guión y un fracaso en la taquilla. Varias décadas después, en 2001, le añadió música y letra convirtiéndola en uno de los musicales de mayor éxito de Broadway (12 premios Tony), que además contribuyó al renacer del género. Tal fue su éxito que de nuevo fue llevada a la pantalla en 2005, esta vez bajo la dirección de Susan Stroman, que ya había dirigido el montaje teatral, y con el mismo dúo protagonista, aunque sin alcanzar la repercusión que tuvo sobre los escenarios.

En su momento no me interesó demasiado, pero este lunes la echaron en La 2 y decidí ver qué tal. Lo primero que me encontré fue un ‘pequeño’ problema con la versión doblada que echaron, y es que a uno de los dos protagonistas, interpretado por Nathan Lane (del que soy fan desde ‘Una jaula de grillos’), lo dobla Santiago Segura. Aquí hay que mencionar que el creador de ‘Torrente’ asumió este papel en la versión teatral española, creo que posterior a este doblaje. El caso es que, en primer lugar, Segura no está acostumbrado a doblar, y eso se nota, y en segundo y peor, su imagen se impone a la de Nathan Lane, creando un efecto bastante desconcertante.

Supongo que debido a ello la película parecía mejorar cada vez que el reparto se ponía a cantar y se podían disfrutar las interpretaciones originales, especialmente la de Matthew Broderick, perfecto en el papel del apocado oficinista convertido en productor de Broadway (y no, no me imagino a José Mota en este papel). Tampoco tienen desperdicio las apariciones de Uma Thurman, más espectacular que nunca en uno de sus escasos papeles cómicos, y sobre todo Will Ferrell, que se lleva los minutos más delirantes de todo el metraje.

No resulta extraño que este montaje triunfara en Broadway, ya que la mayor parte de los números musicales remiten a la tradición más clásica del género. Una perfecta muestra es el tema principal de la función, ‘I can do it’, a dúo entre los protagonistas, cuya tonada recuerda poderosamente al mítico ‘Make them laugh’ de ‘Cantando bajo la lluvia’, cuya letra también es tomada como punto de partida para el desternillante ‘Keep it gay’.

Sin embargo, ‘Los productores’ queda lastrada por el excesivo frikismo de todos y cada uno de los personajes, en el más puro estilo Mel Brooks. Esto garantiza la carcajada pero impide que realmente se convierta en un musical de leyenda, aunque hay que agradecerle el esfuerzo. Ahora sería cuestión de echarle un vistazo al film original, para comprobar si pierde tanto como me imagino al carecer de los números musicales… o resulta algo completamente distinto.