viernes, 4 de enero de 2013

El estreno:¿Es Paul Thomas Anderson el maestro?


Se acabaron las navidades, y empiezan a llegar de golpe todos los peliculones que aspiran a hacerse con una buena cosecha de Oscar, o al menos de nominaciones. Como preludio ya hemos tenido El hobbit y Los Miserables, y ahora nos llegan dos de golpe. Ahí está Zero dark thirty, lo nuevo de Kathryn Bigelow, que con su anterior En tierra hostil derrotó (injustamente) a Avatar y a su ex marido, James Cameron. La Bigelow, tras las cámaras, siempre ha sido un Cameron con faldas, y ahí está su filmografía, desde Le llaman Bodhi hasta Días extraños. Ahora le va lo militar, así que prorroga su anterior trabajo con la recreación de la caza y ejecución de Bin Laden. Me interesa como tema periodístico, pero como trabajo cinematográfico me provoca la mayor desidia, y eso que no tengo dudas de que la Bigelow volverá a salirse, y encima cuenta con Jessica Chastain como protagonista.

Tenemos también a Jessica Biel perdiendo credibilidad en una de terror, El hombre de las sombras, y al propio James Cameron produciendo la nueva aventura en la pantalla grande del Cirque du Soleil, Mundos Lejanos, bajo la dirección de Andrew Adamson, el de Las Crónicas de Narnia.

Pero el estreno de la semana, el que se lleva por delante a la Bigelow, es The Master, lo nuevo de uno de los mejores directores norteamericanos del panorama actual, Paul Thomas Anderson, después de su monumental There will be blood (horrible su traducción: Pozos de ambición). Deslumbró en Venecia, con esa biografía de alguien que se le parece mucho al creador de la Cienciología, y el retrato de un hombre que busca respuestas tras el trauma de la segunda guerra mundial. Profunda, compleja... son adjetivos que le han puesto los críticos, y desde luego el tráiler deja sensación de gran cine. Habrá que ver si Anderson ha vuelto a dar en el clavo.

Y encima le acompañan nada menos que Joaquín Phoenix, en su regreso al cine, Philip Seymour Hoffman y Amy Adams, a la que ojalá este trabajo le dé el Oscar (si no lo impide Anne Hathaway), porque es la mejor intérprete de su generación, con perdón de Kate Winslet, y ya va tocando. Ojo al trío de ases. Como para perdérsela.

miércoles, 2 de enero de 2013

Lo que nos dejó el 2012


Espero que haya ido bien el cambio de año. Por mi parte, empezamos el 2013 con el tradicional repaso a lo mejor del 2012. Vamos sin más dilación, y arrancamos con los estrenos cinematográficos del año:


CINE

CINE ESPAÑOL: Si incluimos la argentina Todos tenemos un plan, este año he visto tres cintas españolas, una más que el pasado año, algo es algo. Pero no ha sido la película protagonizada por Viggo Mortensen, un tanto decepcionante, lo más destacable, sino Eva, original propuesta de ciencia ficción a cargo de Kike Maíllo y protagonizada por Daniel Brühl, que hizo doblete en The Pelayos, una fresca mezcla de comedia, drama e intriga que funcionó bastante bien.

CINE USA: Sin discusión, en otro año de vacas flacas (hablamos de calidad) para Hollywood, Spielberg regresó a lo grande con War horse, recordando al mejor John Ford. A la espera de que el cineasta se supere de nuevo con Lincoln, cerramos el año con La vida de Pi, una fábula sobre la vida en la que Ang Lee muestra un buen pulso. Y si hablamos de comedias, Woody Allen reverdeció laureles con su mágica Medianoche en París, muy superior a la última ganadora del Oscar, The Artist.

CINE PALOMITERO: Ha sido sin duda el año de los superhéroes, con un empate técnico entre dos propuestas igualmente válidas: la oscuridad y realismo del cierre de la trilogía de Batman a cargo de Christopher Nolan, únicamente lastrada por las gigantescas expectativas tras las dos impresionantes primeras entregas, y la espectacularidad de Los Vengadores, puro cine de palomitas con un Joss Whedon sensacional a los mandos, que ha demostrado que la visión de Nolan no es la única posible. Con Spiderman regresando con un más que apreciable reboot y los Men in black manteniendo el humor desenfadado de siempre, el tercer puesto se lo ha llevado de calle John Carter, incomprendida adaptación de la obra de Burroughs, que Disney no ha sabido vender pero que sin duda ha sido, salvando las distancias, el Avatar del 2012, puro espectáculo de aventuras para todas las edades, con sus dosis idóneas de humor y drama. Del resto de blockbusters, Los juegos del hambre se defendió bastante bien, lo mismo que el reboot, sin novedad alguna, de Bourne. Bond también salió airoso de su 50 aniversario, si olvidamos que Skyfall no es una película protagonizada por el agente 007 sino por Batman, y Ridley Scott, este sí, se hundió con todo el equipo con Prometheus, el despropósito del año.

ANIMACIÓN: Mucho me temo que la decepcionante secuela de Cars anunció en el 2011 un 2012 más bien flojo en cuanto a animación. Solo me arrastró al cine la cuarta entrega de Ice Age, que sirvió para dejar claro que harían bien en ir cerrando ya la saga, cuyos últimos capítulos son tan disfrutables como olvidables.


EN CASA

Seguimos con las películas que he visto por primera vez en televisión o vía dvd:

CINE ESPAÑOL: De lejos, Salvador, que aún tenía pendiente, fue lo mejor del año, junto a las lecciones interpretativas (y van) de Federico Luppi en la sobria El viento, Ricardo Darín en Un cuento chino (aunque no sea de lo mejor del argentino) y José Sacristán en Madrid, 1987, mano a mano aquí con una MaríaValverde que demuestra que es más que una cara bonita. Y para decepción, No habrá paz para los malvados: Buena factura y escasa originalidad.

CINE USA: Por una vez, la penúltima cosecha de Oscar hizo honor a su nombre: El discurso del rey, impecable aunque tal vez demasiado teatral, y The fighter, una historia hecha para gustar a los académicos, que lo tiene todo y un reparto que se sale. Para interpretación a recordar, la de Geoffrey Rush en Llámame Peter, ¿quién si no podía salir airoso del reto de encarnar a Peter Sellers? El western Sin piedad nos mostró a un John Cusack en plena forma, en un film sobre la ley y la justicia, y puestos a redescubrir clásicos, El león en invierno, apoteósico duelo entre Katherine Hepburn y Peter O’Toole (como siempre, ella se llevó el Oscar, él no), cuyo guión hubiera firmado Shakespeare. Por último, el documental Inside job, brutal exposición de cómo hemos llegado a la crisis actual… y cómo sus responsables siguen gobernando el mundo.

CINE PALOMITERO: Debe ser que para comer palomitas, nada como el cine, así que año flojo en casa. Tan solo destacan la cuarta entrega de Scream (de la que ya hablaremos), que mantiene las virtudes de la saga con bastante solvencia, y Kick Ass, salvaje parodia del cine de superhéroes. Ya puestos a hablar de comedias, Ted, sin tirar cohetes, aportó cierta frescura, con un punto de acidez.

ANIMACIÓN: La divertida Gru, mi villano favorito, se desmarcó de las habituales comedias dulzonas de animación, aportando originalidad y desparpajo. Pero lo mejor volvieron a ser las series de animación japonesa, como la extraordinaria saga de ciencia ficción Last Exile, y la revisión de todo un clásico, la fantasía medieval Record of Lodoss War.


OTRAS FILIAS

LIBROS: Sin duda, el libro del año fue It, la obra maestra por excelencia de Stephen King, relato definitivo sobre la amistad y el horror, imperdible.

COMICS: Por lo que respecta al noveno arte, lo más destacado fue el desenlace de dos series que he seguido durante unos cuantos años: 20th Century Boys, que sería la obra maestra del japonés Naoki Urasawa de no ser porque la precedió su portentoso Monster (imperdible), y que tiene bastantes puntos en común con It, con la historia de unos niños que juegan a idear un plan para destruir el mundo... que años después empieza a hacerse realidad punto por punto. La otra fue el Bone de Jeff Smith, una especie de cruce entre El señor de los anillos y el ratón Mickey (y es simplificar mucho), que presenta una escalada épica de principio a fin sin perder sus dosis de humor. Otro imperdible, y que sigue extrañándome que aún no haya sido llevado a la gran pantalla. También completé en el 2012 la más breve, pero igualmente impecable, Secret Warriors, soberbia actualización de las aventuras de Nick Furia, que deja absolutamente en nada la versión cinematográfica del personaje, por mucho Samuel L. Jackson. Soberbia trama de espías a cargo de Jonathan Hickman, uno de los grandes autores de Mavel en la actualidad. Y si hablamos de Marvel, Brian Michael Bendis dirigió una más que estimable Edad Heroica, lo que es igual, un año de series vengadoras entre Asedio y Fear Itself, penúltimas macrosagas de la casa. En DC, lo mejor de su Brightest Day fue el regreso de la Justice League de Booster Gold, enfrentada en Generation Lost a un temible enemigo al que nadie recuerda. Lucifer y The Walking Dead continuaron con un segundo año más que recomendable, volví a Neil Gaiman con Los Eternos, su homenaje a los personajes de Jack Kirby, y disfruté el primer año de Planetary, al final del cual las piezas empiezan a encajar y hay muchas, pero que muchas ganas de saber cómo sigue la cosa.


SERIES TV: Ha sido el año de la BBC, con la soberbia recreación de Sherlock en sus dos primeras temporadas, y los capítulos independientes de Black Mirror, a vueltas con ese espejo oscuro que es la televisión. Oscuras han sido también las mejores series USA: la terrorífica y casi surrealista American Horror Story, y la realista e implacable The killing. Juego de tronos, con su mundo de fantasía medieval que no tiene nada que envidiar a El señor de los anillos, y por fin propone algo distinto a la obra de Tolkien, completa el podio, sin olvidar la revisión de la primera temporada de Twin Peaks. Y en un año en el que Miénteme se despidió con una tercera temporada breve y un tanto decepcionante, David Tennant se entonó como Dr. Who en su segunda temporada, la tercera de la era moderna, y empalmé las temporadas 7 y 8 de Anatomía de Grey, que aguanta el tipo aunque lejos de su época de mayor gloria. Fringe, en su tercera temporada, por fin despegó con la colisión de los dos universos paralelos. Sigue siendo mi serie favorita ahora mismo, gracias a sus tres protagonistas. El año dio para mucho, y ahí están la revelación inesperada de Alphas, la mejor adaptación apócrifa de la Patrulla X; Érase una vez, con su reinterpretación, a veces inspirada, a veces ñoña, de los cuentos de hadas, y el potente western Hell on wheels. Alcatraz hizo aguas, y House se despidió en su octava temporada sin estridencias, pero dejando buen sabor. Tal vez Grey debería tomar nota.

En España acabaron Los protegidos, con una tercera temporada que desmereció de las anteriores, y Buenagente concluyó abruptamente en medio de la segunda temporada, pese a haber sido la mejor comedia televisiva desde Cuestión de sexo. Pero lo mejor del año, de lejos, fue Crematorio, con un inmenso Pepe Sancho y dejando patente que aquí se pueden hacer series de primera. Menos actual, pero igual de solvente, Guante blanco, si acaso demasiado breve, sorteó a la perfección la excesiva duración de las series españolas.

DISCOS: Kylie Minogue se superó a sí misma con Aphrodyte, su mejor disco, y una gira sencillamente espectacular, Les Folies. Neil Young dejó una nueva muestra de su perenne calidad en Chrome Dreams II y Keane nos dejó en Night Train un breve pero intenso aperitivo de lo que está por llegar.

TEATRO Y CONCIERTOS: No hay como el directo, y aunque hubo poco, fue extraordinario. Ver (y escuchar) los monólogos (nada que ver con El club de la comedia) de Rafael Álvarez El Brujo siempre es un placer, y El testigo, no fue una excepción. Y de inolvidable puede calificarse el concierto que se marcó en Castellón Loreena McKennitt para cerrar su última gira. No es lo mismo, vaya que no, pero en casa puede disfrutar con el inmenso recital que dio Adele en el Royal Albert Hall y con la revisión de Secret World, la última gran gira de Peter Gabriel. Sin olvidar el documental sobre lo que pudo haber sido la última gira de Michael Jackson: This is it.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Peter Jackson naufraga en el cielo de Alice Sebold



Aprovechando el reciente estreno de El hobbit, vamos a despedir el año con un post dedicado al anterior trabajo de Peter Jackson, su fallida adaptación de la novela The lovely bones, de Alice Sebold, traducida en nuestro país como Desde mi cielo, aunque en la gran pantalla mantuvieron el título original.

Dado que no he leído el libro, desconozco si los problemas que muestra el film de Jackson ya parten de la historia de Sebold, o por el contrario se deben exclusivamente a que el director no ha sabido traducir la obra en imágenes. El caso es que, si bien The lovely bones prometía traer de regreso al Jackson más lírico e intimista, el de Criaturas celestiales, tras la épica de El señor de los anillos y su King Kong, el cineasta naufraga por completo y entrega uno de sus trabajos más decepcionantes.

La historia narrada por Sebold es la de Susie Salmon, una adolescente de 14 años que es asesinada por un vecino. Tras este arranque, que en absoluto es spoiler, asistimos a cómo su familia trata de reconstruir sus vidas y tanto a la investigación del crimen como a los esfuerzos del asesino por cubrir su rastro. Pero la particularidad de The lovely bones es que también es testigo de todo ello la propia Susie, desde una especie de cielo, más bien purgatorio, donde permanece hasta que haya asumido su muerte y sea capaz de dejar atrás a sus seres queridos para ir al cielo ‘de verdad’.

Este enfoque, al menos en el film, no funciona, ya que se pierde entre momentos y frases más o menos filosóficas y aparentemente trascendentes que no llegan al espectador, a la vez que todo ello le resta importancia a lo que ocurre en el ‘mundo real’, donde no sucede nada que no hayamos visto ya en mil telefilms de sobremesa sobre historias parecidas.

Jackson se luce al plasmar ese mundo onírico, pero solo en el apartado visual, creando planos y escenas de gran belleza, pero que en el fondo no transmiten nada. Y la historia va y viene entre esas imágenes espectaculares, sin que apenas logren crear interés los problemas de los padres de Susie para mantener a flote su matrimonio o la caza del asesino.

En el apartado interpretativo, lo mejor, pese a todo, es Saoirse Ronan, que va confirmando su gran futuro como actriz, encarnando a Susie de manera magistral y transmitiendo, ella sí, sus emociones. Tanto Rachel Weisz como MarkWahlberg cumplen como los padres, al igual que Susan Sarandon como la abuela. Otra cosa es que la personalidad, digamos hippie, de esta última, y sus problemas alcohólicos, apenas apuntados, no aporten nada a la historia, de manera que al final la abuela no es otra cosa que un personaje ‘raro’, que añade otro punto de incredulidad a la trama, al igual que mantener la acción a principios de los 70, como en la novela, lo que aquí solo sirve para distanciar más al espectador de lo que ocurre.

Curiosamente, la peor interpretación corre a cargo de Stanley Tucci, como el asesino, de manera que su nominación al Oscar al mejor actor secundario se antoja poco menos que inexplicable. Su caracterización es ridícula, con un aspecto que parece decirle al espectador que a un psicópata se le empieza a reconocer por su físico, que alguien de apariencia normal nunca podría ser un asesino. Y, como vemos cada día, eso es falso por muy tranquilizador que resulte pensar lo contrario.

Con un metraje demasiado largo, The lovely bones falla por todos lados, excepto en su espléndida banda sonora, pese a que uno pueda identificarse con la historia de una familia destrozada por el asesinato de una joven de 14 años. Pero ya se encarga la película de ir haciendo que eso te importe cada vez menos a medida que avanza la trama, por mucho que se recurra a tratar de enganchar al espectador con los esfuerzos de la hermana de la víctima por desenmascarar al asesino y el plan de este para repetir su ‘obra’ con ella.

Esperemos que Tolkien haya vuelto a inspirar más a Jackson que su lectura del libro de Sebold.

Y con esto, feliz año nuevo para todos!



Ahora sí, SPOILERS

Tal vez otro de los errores de la película es que, a diferencia del libro, no se menciona para nada la violación de la protagonista (la propia Alice Sebold fue víctima de una agresión de este tipo y se ha basado en sus experiencias para escribir su obra) y apenas se sabe nada sobre cómo fue asesinada.

Y en cuanto al destino final del asesino, fiel al libro, no puede ser más insatisfactorio, típico y grotesco.

sábado, 29 de diciembre de 2012

El estreno: 'Los Miserables', el musical salta al cine


Los estrenos de este fin de semana, en plenas fiestas navideñas, se han repartido entre los que llegaron el 25 de diciembre y los del viernes 28. Tenemos una nueva cinta de animación para niños, Rompe Ralph, y la comedia norteamericana Despedida de soltera, con Kirsten Dunst echándose a perder. Y si os apetece una propuesta más 'seria', ahí está el documental sobre Woody Allen de Robert B. Weide.

Vamos, que el estreno de la semana es, sin discusión, la nueva adaptación de Los Miserables, novelón de Víctor Hugo que ya estáis tardando en leer si no lo habéis hecho, porque es uno de los mejores libros de todos los tiempos. ¿Qué distingue a esta nueva versión en la pantalla grande de las desventuras de Jean Valjean (gran personaje donde los haya)? Pues que es la primera adaptación cinematográfica del mítico musical de Broadway... y que en la dirección tenemos a Tom Hooper, a quien yo descubrí con la ácida comedia futbolística The damned United y que se consagró con El discurso del rey, Oscars incluidos.

Los Miserables supone su salto a Hollywood, y lo hace a lo grande, acompañado nada menos que por Hugh Jackman como Valjean, Russell Crowe como su implacable perseguidor, Javert; Anne Hathaway como Fantine y Amanda Seyfried como su hija, Cosette. Sin olvidar a Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen, que repiten después de coincidir en otra adaptación musical, el Sweeney Todd de Tim Burton, como los Denardier, una pareja que desaparece con demasiada frecuencia en las adaptaciones de la voluminosa obra de Hugo.

Pocas dudas sobre la capacidad vocal de Amandda Seyfried y Hugh Jackman. A la primera ya la vimos cantando como los ángeles en Mamma Mia y Jackman está curtido en los musicales de Broadway. Anne Hathaway, a tenor del tráiler, se sale y va disparada hacia el Oscar (donde me temo que su principal rival será Amy Adams, otra que se merece la estatuilla pero ya). Así que la gran incógnita es Russell Crowe.

En definitiva, tras El Hobbit, llega el segundo gran estreno de las navidades, y último del año 2012.

martes, 25 de diciembre de 2012

Pi: la apasionante aventura de un náufrago



Ang Lee acostumbra a mantener un alto nivel en sus películas (vale, olvidemos su Hulk), y La vida de Pi no es una excepción. Pese a todo, parece que le falta algo para acabar de ser un gran film, y supongo que, como suele ocurrir, el libro de Yann Martel será mejor.

Antes de que el protagonista, como sabe quien haya oído hablar mínimamente de esta historia, se convierta en un náufrago, perdido en alta mar a bordo de un bote… con un tigre por única compañía, la película nos narra la infancia y juventud de Pi, contada por este a un periodista que quiere escribir un libro sobre su aventura marina.

Se podría temer que en esta primera parte se arrastrasen los minutos hasta el momento en el que ‘comienza la acción’, pero uno acaba hasta olvidándose de que todo se dirige hacia ese instante. Es en este inicio donde La vida de Pi recuerda más a Big Fish, tal vez la segunda mejor película de Tim Burton (obviamente, la primera es Ed Wood), que también adaptaba una novela en la que otro prodigioso narrador cambiaba el relato de su vida a su antojo, con la excusa de embellecerla para su público.

Esa es una de las claves de La vida de Pi: no hay que olvidar que la historia la cuenta su protagonista, y por ello no hay que creerle a pies juntillas. De ahí que su interlocutor, el periodista, no deje de plantearle que cuanto le cuenta parece demasiado… increíble.

La historia del verdadero nombre de Pi, y de cómo pasó a llamarse así, es puro Big Fish, y de lo mejorcito de la película, desternillante. Al igual que la historia del nombre del tigre o cómo un joven Pi acaba adorando a la vez al dios cristiano, a Alá y a los dioses indios. Y es que su búsqueda de la fe verdadera y del sentido de la vida es la otra clave de la película, con su moraleja de que Dios existe aunque lo de menos sea el nombre que le demos o los ritos que nos sirven para comunicarnos con él.

Y luego llega el naufragio. A partir de ahí, Ang Lee se luce en el aspecto visual, con imágenes impactantes de gran belleza, mientras asistimos al mejor cine de aventuras, con un Crusoe que ni siquiera tiene isla, sino únicamente una balsa y un singular compañero de peripecias. Humor, terror y audacia se combinan a la perfección en esta segunda parte del film, que a menudo deja al espectador sin aliento ante la potencia de lo que está viendo… hasta llegar a la pirueta argumental del desenlace, que obliga a revisar todo lo acaecido durante el singular viaje de Pi.

Más allá de sus enseñanzas filosóficas, tal vez la parte más floja del film (y donde imagino que se queda más lejos del libro), Ang Lee ha firmado un trabajo espectacular y sorprendente, que al menos supone un soplo de aire fresco en una cartelera donde (innecesarios) remakes y secuelas apenas dejan espacio para nada. Una buena opción para estas fechas tan especiales. 

Bon Nadal!