domingo, 26 de mayo de 2013

'Fringe IV': Reescribiendo la historia


Los guionistas de Fringe se encontraron con un complicado panorama a la hora de abordar la cuarta temporada. ¿Cómo seguir adelante si ya habían contado la historia que querían contar? La historia de los dos universos paralelos, del Walter bueno y el Walter malo, la Olivia buena y la Olivia mala, etc., etc., había quedado finiquitada tras el desenlace de la tercera temporada, en la que Peter Bishop consigue que los dos bandos firmen la paz. ¿Y ahora qué?

Lo que nos encontramos en esta cuarta temporada es que el pasado ha cambiado. Lo que hizo Peter ha modificado la línea temporal, de manera que tanto en nuestro universo como en el otro, las cosas no ocurrieron como se nos habían contado hasta ahora. El motivo principal es que, tras el sacrificio de Peter, es como si este nunca hubiera existido, como si hubiera muerto en el lago helado sin ser salvado por el Observador. Y si Peter no existió… todo cambia.

Esto sirve a los guionistas como excusa para poner en pie toda una serie de versiones alternativas de lo ya visto, con resurrecciones de varios personajes y nuevas variaciones sobre el rumbo que tomó la serie en el pasado. El mejor ejemplo es el capítulo 12, Un ser humano mejor, cuyo prólogo es exactamente igual al de uno de los capítulos de la primera temporada, aquella a la que más se remite la que nos ocupa.

Peter no tarda en reaparecer pese a que la máquina lo había eliminado de la corriente temporal, pero se encuentra con que nadie le recuerda y sus seres queridos parecen pertenecer a otro universo o corriente temporal (y es que esta temporada ya apenas justifica nada y todo ocurre porque sí). A Walter, que vive en su laboratorio, solo le sacó del psiquiátrico Olivia, y esta, que en el universo original tenía hermana y sobrina, y en el alternativo no tenía hermana pero aún vivía su madre, ahora tiene una hermana con la que no se habla –y que sigue casada- y ambas fueron criadas… por Nina Sharpe. Un universo… en el que nunca se estrenó Los cazafantasmas.

La nueva situación nos muestra a los departamentos Fringe de ambos universos colaborando, aunque siguen recelando el uno del otro, y el Lincoln de nuestro universo, ya presentado en un episodio de la anterior temporada, se incorpora al equipo, inicialmente como ‘sustituto’ de Peter, para complicar aún más la trama romántica. Con ambos universos en paz, será un nuevo y enigmático enemigo el que les llevará a todos de cabeza, y cuya identidad hay que buscar en los cambios experimentados por esta nueva línea temporal.

Por un lado, la serie ha aprendido de sus errores en el pasado, y la mayor parte de episodios tocan la trama central, en la que los observadores también van ocupando un lugar cada vez más importante, especialmente Septiembre, y en la que Olivia va erigiéndose en el factor clave, como Peter lo fue en la anterior temporada.

Por otro, a pesar de los buenos momentos, del carisma de los personajes y de un nivel de calidad que se mantiene, al espectador no le abandona la sensación de que lo que está viendo no es realmente Fringe, que la historia acabó al final de la tercera temporada y esto es una especie de anexo innecesario en el que se dan vueltas y más vueltas a lo ya visto para aportar más bien poco. De hecho, si el fuerte de la serie han sido siempre los personajes, aquí se pierde cierta conexión ante los constantes cambios en los protagonistas, que ya no son los que conocíamos sino versiones alternativas… o vaya usted a saber. Aunque, tranquilos, Walter sigue deleitándose con tartas de limón… rellenas de sesos de mono, y continúa sin recordar el nombre de Astrid. Eso sí, ahora que los dos universos han firmado la paz, las relaciones entre las dos versiones de los protagonistas van a dar bastante juego.

Mención especial para el capítulo 19, Cartas en tránsito, en el que antes de meter la directa con los tres últimos episodios, incluido el díptico final Brave new world -algo decepcionante-, volvemos a tener uno de esos capítulos especiales, fuera de toda continuidad, en el que viajamos a un posible futuro donde los Observadores han dominado la Tierra y hay una pequeña resistencia de la que forman parte Henry Ian Cusick, el Desmond de Perdidos y una joven rubia de gran parecido con Olivia, quienes hallan a Walter conservado en ámbar. Un episodio que tal vez, a tenor de la última escena de la temporada, augura lo que nos espera en la quinta y última entrega de la serie.

El detalle: Suma y sigue, ya son 6 las cortinillas iniciales de la serie. A las de los dos universos, el pasado y el futuro, se suman la de color naranja para la nueva corriente temporal, y la del nuevo futuro en el episodio 19.


SPOILERS


La reaparición de David Robert Jones (sí, el auténtico nombre de DavidBowie) me parece una gran idea, recuperando así al gran primer villano de la serie, de nuevo encarnado magistralmente por Jared Harris. Eso sí, la sorpresa final con la reaparición de William Bell (anticipada en el episodio 19), le resta mucho carisma a Jones, que queda como mero lacayo de Bell.

sábado, 25 de mayo de 2013

Baz Luhrmann factura un Gatsby light o Coppola es mucho Coppola


Empezaré aclarando que no voy a entrar en la mayor o menor fidelidad a la obra de Fitzgerald de las adaptaciones de El gran Gatsby realizadas por Jack Clayton en 1974 y por Baz Luhrmann, ahora mismo en los cines, dado que hace mucho que leí la novela y no la tengo demasiado fresca en la memoria. Pero en cuanto a versión cinematográfica, la de Clayton, protagonizada por Robert Redford y Mia Farrow, la más famosa de las que se han realizado hasta el momento, me parece bastante superior a la de Luhrmann.

Y eso que, pese a ser la película más floja del director de Moulin Rouge (2001) o Australia (2008), tampoco es que desmerezca tanto en comparación con la de Clayton, especialmente si nos centramos exclusivamente en la labor de dirección. Donde Clayton se ocultaba, con una narración tal vez demasiado plana y dejando que el silencio se adueñase de la pantalla en muchos momentos del film, Luhrmann se esfuerza por imprimir su sello y convierte parte de su versión en un festival de música, color y luz. Nada que objetar, cada uno tiene su estilo, y Luhrmann alterna aciertos con errores.

Entre los primeros, la escena en casa de la querida de Tom, donde transmite con gran fidelidad la sensación de embriaguez, de emborracharse tal como hacían todo el tiempo los protagonistas de El gran Gatsby, y ya puestos, tanto Fitzgerald como su mujer, Zelda. Claro que acometer una escena así en 1974… era otra historia.

Y entre los errores, el bochornoso reencuentro entre Gatsby y Daisy, más propio de una vulgar comedia para adolescentes, que por desgracia parece el público en el que pensó Luhrman a la hora de acometer este proyecto.

El director australiano simplifica en exceso la obra de Fitzgerald –por mucho que insista en leernos párrafos enteros de la misma, incluido el magistral final-, incluso eliminando tramas y personajes. Así ocurre con la amiga de Daisy, Jordan, que tras cumplir su papel en el arranque ya no aparece hasta la parte final, con lo que desaparece su historia de amor con el narrador, Nick, que sí estaba presente en la versión de Clayton.

Otro tanto ocurre con la querida de Tom y el marido de esta, que en la nueva adaptación solo aparecen al inicio y al final, de modo que este carece de la misma fuerza que en la versión de Clayton, en la que se mantienen en pantalla todo el tiempo. En la nueva versión no pasa de ser un ligue más de Tom, en tanto que en la anterior nos creemos que la amaba y nos impacta de verdad lo que ocurre en el desenlace.



Luhrmann también toma un par de decisiones, a mi modo de ver erróneas. Para empezar, hace que Nick narre la historia desde el futuro, mientras se recupera en un psiquiátrico. Como dije, esto le sirve de excusa para abusar en la lectura de párrafos de la novela, y solo consigue dos cosas negativas: que nos distanciemos más de la historia central, y que el espectador pueda distraerse tratando de imaginar qué acontecimientos han llevado a Nick al psiquiátrico.

El otro error es recurrir al flashback para narrar el pasado de Gatsby y Daisy, mientras que Clayton optaba por diálogos entre los protagonistas, distribuyendo la información de manera más uniforme en el metraje, y logrando escenas de una gran intensidad emocional.

Y es que donde realmente la versión de Clayton le gana la partida a la actual es en el portentoso guión de Coppola, lleno de pequeñas escenas, diálogos y frases, multitud de detalles que la llevan mucho más lejos que la adaptación superficial y atropellada que ha escrito Luhrmann en compañía de Craig Pearce. De hecho, el mayor error de Clayton fue no sacarle todo el partido al texto de Coppola, al dirigirlo de una manera demasiado convencional.

En cuanto al reparto, lo cierto es que Leonardo di Caprio, sin realizar una de sus mejores interpretaciones, es quien mejor aguanta la comparación con su predecesor en la versión del 74, nada menos que Robert Redford. Cada uno defiende a Gatsby con sus propias armas y ambos salen más que airosos de un reto de tal magnitud. Por cierto, Di Caprio nació precisamente en el 74, por lo que ha rodado su Gatsby a la misma edad que lo hizo Redford, con 38 años.

Otra cosa es Carey Mulligan, a quien hasta ahora solo había visto en un capítulo de Doctor Who en el que estaba maravillosa, pero que aquí decepciona, y mucho, convertida en una simple muñeca llorosa y aparentemente drogada todo el tiempo. Cierto es que la interpretación de Mia Farrow en la versión del 74 es sencillamente portentosa, tal vez su mejor trabajo, pero es que la Mulligan naufraga considerablemente, y el guión tampoco la ayuda en absoluto. Y por cierto, ambas interpretaron a Daisy con una edad similar, 29 años la Farrow y 27 Mulligan.

Por su parte, Joel Edgerton convierte a Tom en un simple bruto, sin los matices de Bruce Dern, que hacía que incluso pudieras llegar a identificarte con su conducta, y Tobey Maguire cumple mientras se le exige parecer un tonto, pero no llega a la intensidad de Sam Waterston en los momentos más dramáticos, en los que era capaz de transmitir lo que sentía su personaje, la esencia de la novela de Fitzgerald, sin decir una sola palabra.

Y el resto del reparto, simplemente, como ya he comentado, ve reducida su presencia en pantalla, aunque, francamente, Isla Fisher no tiene nada que hacer con Karen Black. Y mención especial para el mecánico, aquí otro bruto sin personalidad, muy lejos de la excepcional interpretación que realizaba en la versión del 74 Scott Wilson, a quien los seguidores de la serie The walking dead reconocerán como el granjero Hershel con casi 40 años menos.

Luhrmann sale airoso al recrear las fiestas y el ambiente en el que vivía Gatsby –aunque me temo que los coches de la época no alcanzaban los 100 kms/hora- pero naufraga estrepitosamente al abordar la historia de amor entre Gatsby y Daisy. Clayton, además, tiñe el film con un tono sombrío, de manera que en todo momento el espectador tiene la sensación de que la historia acabará en tragedia.



SPOILERS

Todo está en los detalles. En la versión de Clayton resulta magistral la aparición de la hija de Daisy en la reunión que abre la recta final. El plano del rostro de Gatsby mientras la niña no deja de llamar papá a Tom deja claro que, por primera vez, Gatsby empieza a entender con horror que no hay vuelta atrás, que no podrá recuperar a Daisy.

La explicación del pasado real de Gatsby resulta mucho más satisfactoria en la versión de Clayton, donde se elimina la parte en la que salva a un millonario de naufragar, demasiado fantasiosa, y se potencia la trama mafiosa, que para eso hablamos de Coppola. Además, a diferencia de Luhrmann, Coppola no elimina el epílogo de la novela en el que el padre de Gatsby acude al entierro, un magnífico cierre a la historia.

Y hablando de cierres, en la versión actual Nick no consigue hablar con Daisy tras la muerte de Gatsby, mientras que en la de Clayton sí se encuentran cara a cara, momento en el que Nick puede reprocharle su cinismo y frialdad. Escena de gran intensidad que Luhrmann obvia, evitando también un momento de lucimiento para Mulligan y Maguire… y así todo el tiempo.


viernes, 24 de mayo de 2013

El estreno: Los robots son para la tercera edad


Semana cargada de lo que podríamos denominar 'rarezas', con la ¡sexta! entrega de la saga automovilística Fast & furious como gran reclamo hollywoodiense para la taquilla. También de los USA nos llega precisamente el debut en Hollywood del director de la versión sueca de Los hombres que no amaban a las mujeres, Niels Arden, que en Dead man down confía de nuevo en Noomi Rapace y ahora en Colin Farrell.

No falta el estreno español, con Carmen Machi e Ingrid Rubio liderando el reparto de La estrella, mezcla de drama y comedia. También tenemos a Isabelle Huppert en otra comedia, en este caso de Corea del Sur, En otro país, y el duro drama italiano Maternity blues, acerca de tres mujeres internas en un psiquiátrico por haber matado a sus hijos.

Entre tan variopintas propuestas, me quedo con Un amigo para Frank, otra curiosidad que cuenta con un brillante reparto, formado por Frank Langella, James Marsden, Liv Tyler o Susan Sarandon, para una curiosa combinación de ciencia ficción y comedia que se llevó el premio del público en Sitges. Un robot es asignado para cuidar de un anciano, que descubre de nuevo las ganas de vivir... y de volver a ser un ladrón de joyas.

sábado, 18 de mayo de 2013

El estreno: Gatsby según Luhrmann


Pocas dudas esta semana sobre el estreno más esperado, aunque tenemos bastante donde elegir. El cine español presenta hasta tres propuestas de lo más variado: Ali, con Nadia de Santiago como protagonista absoluta encarnando a una joven que ve cómo cambia su vida al enamorarse; El cosmonauta, intrigante ciencia ficción sobre la desaparición del primer cosmonauta ruso que llegó a la Luna, y La última isla, orientada a los más jóvenes, al igual que la holandesa Kauwboy.

De Francia nos llega el documental Indignados sobre este movimiento social, y de los USA lo más flojo del fin de semana: Marea letal, thriller con la pareja en la vida real formada por Halle Berry y Olivier Martinez, y la terrorífica The lords of Salem, a cargo de Rob Zombie.

Así que lo ha tenido fácil la nueva versión de El gran Gatsby de Baz Luhrmann, que se reencuentra con Leonardo DiCaprio después de su adaptación de Romeo y Julieta (1996). A primera vista el espectáculo visual es deslumbrante, y parece que, muy en su línea, Luhrmann ha convertido la novela de Fitzgerald en una especie de musical, donde Tobey Maguire y Carey Mulligan secundan a DiCaprio. Todo apunta a que la cinta está más próxima a Moulin Rouge (2001) que a Australia (2008), después de que esta última no lograse la acogida esperada, pese a su notable calidad. Como siempre, Luhrmann no deja indiferente a nadie, así que habrá que verla... y recuperar la anterior versión (1974), con Robert Redford como Gatsby.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Darín pone rostro al drama de los accidentes de tráfico



Carancho (2010) abre la fructífera colaboración entre el director Pablo Trapero y el actor Ricardo Darín, que continuó en Elefante blanco (2012). Ambos films cuentan también con la actriz Martina Gusman como coprotagonista y se caracterizan por denunciar algunas de las realidades más sangrantes de Argentina.

En el caso que nos ocupa, las alarmantes cifras de accidentes de tráfico y el negocio, no siempre legal, que se mueve en torno a las indemnizaciones. Luján es una joven doctora que empieza a trabajar en el turno de ambulancias. Así conoce al carancho del título, Sosa, que tras perder la licencia de abogado malvive trabajando para un bufete especializado en accidentes, dirigido como si de una banda mafiosa se tratara.

El bufete, como el ave de rapiña que da título al film, va a la caza y captura de quienes han sufrido accidentes de tráfico y, sin que lo sepan los clientes, se queda con la mayor parte de las indemnizaciones. Pero aún van más allá, provocando accidentes para cobrar el seguro.

El film aborda la historia de amor entre los dos protagonistas, que tratan de sostener algo bueno entre todo el caos y el horror en el que viven, pero no lo van a tener nada fácil. Película poco amable con el espectador, a ratos versión ultrarealista de Urgencias, se sustenta en el gran trabajo de sus dos intérpretes principales, aunque tal vez patina un tanto en el desenlace.

Valores cinematográficos aparte, lo mejor de Carancho es que reavivó el debate sobre la problemática que denuncia y consiguió cambios en las leyes al respecto.