miércoles, 11 de mayo de 2011

El violín de los Corrs vuela en solitario


Nueva actualización musical, esta vez un poco menos rarita que la anterior. El debut en solitario de Sharon Corr, la mayor de las tres hermanas (la que toca el violín, vamos), responde a lo esperado y gustará a los fans del grupo irlandés, ya que se mueve en unas coordenadas muy similares.

Es de agradecer que Sharon haya incluido tres piezas instrumentales entre las 12 que componen este ‘Dream of you’. La primera, ‘Our wedding day’, sirve de breve introducción al disco, en tanto que ‘Mna na heireann’ supone una espectacular versión de este tema gaélico, que arranca de manera tradicional para ganar luego en complejidad con la participación de numerosos instrumentos. Pero es el último instrumental, ‘Cooley's reel’, el mejor de los tres, puro reel celta.




En el resto del disco (donde lo mejor sigue siendo su habilidad con el violín), Sharon Corr demuestra que no tiene nada que envidiarle a la voz de su hermana Andrea (la primera en probar la aventura en solitario), salvo la experiencia, ya que en ocasiones se le nota cierta falta de seguridad, la que dan los años sobre el escenario. No arranca mal ‘Dream of you’ con una versión del ‘Everybodys got to learn sometime’ de Korgis y ‘It’s not a dream’, demasiado almibarado, al igual que ocurre más adelante con ‘Butterflies’.

No es hasta la tercera canción, ‘Buenos aires’, cuando el disco empieza a cobrar fuerza, primero en este tema a dúo con nuestro Álex Ubago, y después en ‘So long ago’, que al igual que el tema que da título al disco son los dos temas más al estilo ‘The Corrs’. El debut de Sharon se cierra con una preciosa balada, ‘Real world’, donde deja ver hasta dónde puede llegar su potencial como cantante, y un logrado tema de reminiscencias countries, ‘Love me better’.

El tema: La mayor de los Corr se atreve con una versión de ‘Smalltown boy’, la canción con la que se dieron a conocer hace ya un cuarto de siglo (definitivamente, me hago mayor) los Bronski Beat, el grupo de Jimmy Somerville antes de la aventura de Communards.


domingo, 8 de mayo de 2011

Sting en el laberinto


Llámenme rarito si quieren, pero ‘Songs from the labyrinth’ es de lejos el disco de Sting que más me ha interesado desde los tiempos de ‘Ten summoner’s tales’. Y es que este trabajo inauguró su colaboración con el prestigioso sello de música clásica Deutsche Grammophon con un proyecto tan original como curioso, y sobre todo apartado de la trayectoria musical que había seguido el cantante hasta el momento: interpretar las melodías compuestas por John Dowland, músico inglés que vivió entre los siglos XVI y XVII.

La especialidad de Dowland eran las canciones melancólicas que componía musicando poemas anónimos. A la tarea de reinterpretarlas en pleno siglo XXI se aplica Sting con la complicidad del laudista bosnio Edin Karamazov, y ambos salen más que airosos. El disco alterna pasajes musicales con las canciones más reconocidas de Dowland e incluso la sobria voz de Sting dando lectura a pasajes de una carta del compositor inglés.

Reconvertido en trovador desde la inicial ‘Can she excuse my wrongs’, Sting se adapta a la perfección a lo que requieren las composiciones de Dowland. Los temas musicales hacen que viajemos al medievo con solo cerrar los ojos, meciéndonos en las cuerdas del laúd hasta sentir que nos hallamos en un palacio o catedral escuchando a los músicos de la corte.




Pero donde el disco alcanza sus momentos de mayor emotividad es en las canciones de Dowland, llenas de melancolía, desde el impresionante ‘Flow my tears (Lachrimae)’ hasta la sobrecogedora ‘In darkness let me dwell’ que cierra este trabajo, pasando por ‘Weep you no more, sad fountains’. En todas ellas se deja ver la capacidad de Dowland para tejer tristes melodías románticas, aunque también encontramos en ‘Songs from the labyrinth’ composiciones más luminosas e incluso humorísticas, como ‘Fine knacs for ladies’ o ‘Clear o cloudy’, donde Sting se permite soltarse un poco más, especialmente en ‘Come again’.

El ex de Police supera el reto con nota y logra que este disco suponga un viaje musical repleto de matices, en el que podemos descubrir unas composiciones de gran belleza. Siempre que uno tenga claro qué es lo que va a escuchar, claro.


viernes, 6 de mayo de 2011

El estreno: Vámonos al circo

El estreno de esta semana nos propone irnos al circo, pero a uno de los buenos, de la mejor época, cuando no había teles ni videojuegos y el cine apenas estaba empezando. 'Agua para elefantes' trata de recuperar el sabor al Hollywood más clásico en una apuesta similar a la de 'Australia' (como muestra los dos carteles de ambas películas, bastante parecidos) y basándose en un best-seller de la canadiense Sara Gruen.

Ambientada en la época dorada del circo norteamericano, gira en torno al romance entre dos jóvenes que trabajan en el circo y el triángulo que forman con el marido de ella. En este último papel tenemos a Christoph Waltz, que empieza a rentabilizar su Oscar al Mejor Actor Secundario por 'Malditos bastardos', aunque corre el peligro de encasillarse como 'malo maloso'. Y como la parejita, una de cal y una de arena. Ella es Reese Witherspoon, que ha hecho poquita cosa desde su Oscar a la Mejor Actriz Secundaria por 'En la cuerda floja' y él es... Robert Pattinson, de la saga 'Crepúsculo', tratando de ganar credibilidad como actor.

¿Truño o peliculón? Lo más probable es que se quede a medio camino. Eso sí, tendremos una nueva oportunidad para ver a Hal Holbrook, otro veterano intérprete que parece que va a dar guerra hasta el último momento, y podremos ver cómo se desenvuelve en el drama de gran espectáculo el director de 'Constantine' y 'Soy leyenda', Francis Lawrence. ¿Os apetece una tarde en el circo?


miércoles, 4 de mayo de 2011

'Porco Rosso': No os la perdáis por nada

Con el titular queda todo dicho. ‘Porco Rosso’ (1992) es uno de los clásicos del Studio Ghibli y de su director, el gran Hayao Miyazaki, por algo volvió a reestrenarse en cines coincidiendo con su 20 aniversario. Fue también la obra que le empezó a dar a conocer en occidente, antes del bombazo de ‘La princesa Mononoke’ y el Oscar y el Oso de Berlín para ‘El viaje de Chihiro’. A diferencia de otro de los títulos míticos de sus inicios, ‘Mi vecino Totoro’, de la que ya comenté que me pareció preciosa, pero una obra menor en todos los aspectos, aquí tenemos a un Miyazaki a pleno rendimiento que firma su primera gran obra, iniciando una portentosa trilogía que completan las dos películas ya citadas, cada una con sus particularidades.

Y pese a que las otras dos me encantan, creo que me quedo con ‘Porco Rosso’, menos compleja que aquellas pero más fresca e inocente. En mi visionado de este film, largamente postergado, he comprobado que las alabanzas no eran exageradas. La pantalla vuelve a llenarse de imágenes perfectas y preciosistas, con Miyazaki elaborando cada plano hasta el último detalle, creando un mundo de ensueño, y eso que esta vez tiene una dificultad añadida, y es que la acción no transcurre en un universo de fantasía, sino en la Italia de los años anteriores a la segunda guerra mundial. De hecho, el único elemento fantástico es que el protagonista fue transformado mágicamente en cerdo, pero al margen de ese detalle, es el típico héroe descreído, bravucón pero bonachón, que en otro tiempo hubiera interpretado Humphrey Bogart y que, muy acertadamente, dobló Jean Reno en la versión occidental.

La película es un canto a la aviación, a la época de aquellos pilotos que se atrevían a navegar los cielos en cacharros inestables, y mezcla piratas de buen corazón con pizpiretas jovencitas que no se arredran ante nada, caballeros galantes y damas que esperan durante años a su enamorado. Todo ello con un sentido del humor más presente que nunca, posiblemente el film más cómico de Miyazaki (imposible no reírse con el arranque, cuando Porco Rosso rescata a un batallón de niñas traviesas que han sido secuestradas por los piratas). Y que encima acaba con una pelea al más puro estilo John Ford, a quien sin duda le hubiera encantado esta cinta.

Lo dicho, mientras esperamos que Miyazaki termine su proyecto actual, la secuela de ‘Porco Rosso’ que al parecer transcurre durante la guerra civil española, cualquier momento es bueno para subir de nuevo al hidroavión rojo de Porco y surcar los cielos en la mejor compañía, rumbo a la aventura, el romance y unas buenas risas.

La frase: ‘Prefiero ser un cerdo que un fascista’. Sí, también hay tiempo para cosas serias.


domingo, 1 de mayo de 2011

Redford convierte el golf en pura magia

Robert Redford ha sabido labrarse una más que interesante y sólida carrera como director tras su debut con ‘Gente corriente’ (1980), que le valió el Oscar a la Mejor Dirección. Una de sus mejores obras es ‘La leyenda de Bagger Vance’ (2000), donde se muestra más clásico que nunca, en un estilo que a ratos recuerda a Clint Eastwood, y logrando además algo muy difícil en el cine: crear auténtica magia.

Salvando las distancias, esta película recuerda mucho a ‘El mejor’ (1984), cambiando el beisbol de aquella por el golf. Si en dicho film Redford era el protagonista, aquí se pone tras las cámaras y, aunque no llega al mismo nivel (ojo, para mí es una de las mejores películas de toda su filmografía como actor), los resultados son más que apreciables. De nuevo tenemos la historia de una joven promesa de un deporte cuya carrera se ve frenada demasiado pronto y a quien años después se le da una nueva oportunidad.

Historia de caída y redención, pues, alrededor de un deporte, sí, acaba siendo tan americana como parece, pero se salva por su sentido del humor, sobre todo en el personaje de Bagger Vance, para el que Will Smith resulta perfecto, un caddy cuyo misterioso origen no se desvela, y que todo apunta a que es el ángel del protagonista. También tienen el punto justo de humor los diálogos entre este y su ex mujer, interpretada por Charlize Theron que brilla como pocas veces en uno de esos papeles que debería repetir una y otra vez: mujer del sur que no se arredra ante nada, bellísima como nunca luciendo vestuario de los felices 20, y sacando todo el partido a su talento para la comedia.

Más comedido está Matt Damon, a quien le cae en suerte el papel protagonista, que en esta ocasión cumple pero sin pasarse. Alrededor de estos tres personajes Redford teje un fresco de la época, en el que caben desde los fantasmas de la primera guerra mundial y la gran depresión USA a un partido de golf de lo más emocionante. Para ello tiene como punto de partida una novela con todos los ingredientes para ser una lectura apasionante, que hace que a la película no le falte de nada, ya que Redford maneja todos los recursos a su alcance con maestría. La única pega es que el argumento apenas se sale de lo previsible, pero aún así queda de manifiesto que el director tomó buena nota de ‘El mejor’ y tiene un gran pulso narrativo.

Y encima se da el gusto de tener a Jack Lemmon para el prólogo y el epílogo del film.