domingo, 12 de agosto de 2012

Duffy no es Adele, ni falta que le hace



Antes de que apareciera Adele, Duffy fue la única capaz de plantarle cara a AmyWinehouse y discutirle su reinado, sobre todo a raíz de lograr un hitazo como Mercy. Hay que reconocer que su debut, Rockferry, es una delicia, aunque no llega a las cotas de magia pura de sus dos rivales, y es que, por decirlo de algún modo, en comparación con ellas, Duffy es más una estrella de andar por casa, sin que ello suponga restarle ningún mérito.

Duffy no tiene el chorro de voz de Adele ni aborda unas canciones tan poderosas, pero os encantará si adoráis el soul norteamericano de los 50, al que remite cada uno de sus temas, con un sonido propio muy definido, marcado por su voz de caramelo.

En Rockferry sobresale Mercy, el tema más potente del disco, muy movido para lo que es habitual en la cantante, que muestra aquí un carácter que cuesta más encontrar en otros temas más suaves. Carácter que también encontramos en la soberbia Stepping Stone o en esa preciosa balada que es I’m scared.


Tampoco hay que perder de vista el tema que da título al disco, Rockferry, nostálgico y evocador, o el impecable cierre del mismo, la espectacular Distant dreamer. Sin olvidar canciones como Warwick Avenue o la juguetona Serious, en todos los cuales se luce la galesa.

Rockferry también tuvo su versión deluxe, con nada menos que siete temas más. Aquí encontramos a una Duffy más bailable, como en la soberbia Rain on your parade o Stop, pero también a su versión más dulce, con la breve pero preciosa Oh boy y una de sus mejores canciones, Breaking my own heart.

Puede que Duffy haya quedado a la sombra de Amy Winehouse y Adele, que, realmente, parecen jugar en otra liga. Pero pasando de comparaciones, la galesa es una de las últimas joyas de la música inglesa y su disco debut se disfruta en cada escucha.

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